Priorat para principiantes

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Adentrarse en el Priorat puede imponer, en primera instancia, a los menos entendidos. Y es que hablamos de una de las regiones vinícolas más prestigiosas del mundo; un terruño de culto, para muchos con connotaciones místicas, casi sagradas. Sus orígenes dan la clave de ello. El cultivo de la viña y su elaboración llegaron a estas tierras tarraconenses de roca y silencio en el siglo XII, de la mano de los monjes cartujos de la Orden de San Bruno. Cumpliendo el mandato del rey Alfonso II de Aragón, se instalaron en el Valí de Xîbrana (actual Siurana) para repoblar la zona tras la Reconquista y garantizar el control de la misma.

Con la sierra del Montsant como sobrecogedor telón de fondo, los monjes levantaron y fundaron la cartuja de Scala Dei. En torno a ella surgieron siete pueblos —Poboleda, Gratallops, Porrera, Torroja del Priorat, la Vilella Alta y el propio Scala Dei—que, durante siete siglos, estuvieron bajo la autoridad directa del prior del monasterio, en lo que sería conocido como el Priorato

Los cartujos fueron quienes plantaron las primeras cepas en sus dominios de laderas pizarrosas imposibles. Tras siglos de esplendor, la desamortización, la llegada de la filoxera y el éxodo rural debido a la industrialización urbana sumieron a la región en el olvido, dejando un paisaje de viñedos viejos casi abandonados.

Priorat para principiantes: ruinas de las cartuja de Scala Dei en la región tarraconense
Ruinas de la cartuja de Scala Dei

Pero el resurgir llegaría a finales de los años 80, cuando un grupo de visionarios supo entender el potencial inmenso de esta comarca abrupta y extrema. Figuras como René Barbier (Clos Mogador), Álvaro Palacios, Josep Lluís Pérez (Mas Martinet), Daphne Glorian (Clos Erasmus) o Carles Pastrana (Clos de l’Obac) están considerados como los artífices del salto definitivo de calidad del Priorat y su irrupción en la liga mundial de las regiones vinícolas más grandes. Su apuesta por la recuperación de viñas viejas y sus variedades locales encabezadas por Garnacha y Cariñena, así como la toma de conciencia sobre el valor diferencial de los suelos de llicorella (pizarra laminada) y la internacionalización de sus vinos, dieron fruto. Las altas puntuaciones empezaron a caer y estas precipitaron la designación de la D.O. Priorat como Denominación de Origen Calificada (D.O.Q.), sello de excelencia del que actualmente sigue gozando junto a Rioja.

El ascenso de la región ya era imparable. Clos Erasmus 2004 abrió la espita de los 100 Parker, convirtiéndose, junto al riojano Contador, en el primer vino español en lograr el guarismo mágico, y por ende, en el primero también de la D.O.Q. Priorat. 

La progresión no se frenó ahí. Inspirados por el modelo de Borgoña, estos elaboradores comenzaron a poner el foco en el origen exacto de sus vinos. Parcelas y pueblos comenzaron a asomarse a las etiquetas. Hoy en día, Priorat no solo figura entre los máximos exponentes de la viticultura heroica de nuestro país, si no que se erige además en punta de lanza en lo que se refiere a la clasificación de sus viñedos. Si aún la desconoces, esta guía rápida está diseñada para que entiendas la región desde cero y sin perderte entre costers y llicorella.

Índice de contenidos

1. ¿Cómo se clasifican los vinos de Priorat según el Consejo Regulador?

Para entender el Priorat actual hay que conocer su clasificación pionera en España denominada Els noms de la terra (Los nombres de la tierra). El modelo borgoñón vuelve a ser la referencia. Creada en 2019, esta normativa busca poner en valor el origen exacto del vino, descendiendo desde la región en general hasta las viñas más exclusivas y singulares. El foco y reclamo de calidad deja de apuntar a los tradicionales tiempos de crianza en barrica para centrarse en la cuna propia de las uvas. 

Els noms de la terra se estructura como una pirámide de calidad, encontrándose en la base los vinos genéricos de la D.O.Q. Priorat, aquellos elaborados con uvas de cualquier punto de la región que reflejan su tipicidad global marcada por los suelos de pizarra o llicorella y el clima mediterráneo.

a. ‘Vi de vila’: el carácter de cada pueblo

Es el primer nivel como tal de la pirámide. Un vi de vila (vino de villa) es aquel elaborado al 100% con uvas provenientes del municipio que figura en su etiqueta. Además de garantizar la trazabilidad, con ello se pretende transmitir la singularidad de ese terruño en concreto, preservando la identidad de cada uno de los 12 pueblos que componen la D.O.Q. Priorat. Así, ante un vino de esta categoría, el consumidor puede conocer y comprobar las diferencias entre ellos. 

b. ‘Vi de paratge’: la expresión de un paraje singular

Damos un paso más hacia la especificidad. Un paratge o paraje es un rincón determinado dentro de un pueblo, una zona con características geográficas, de altitud, microclima y de suelo muy concretas que diferencian a sus vinos del resto del municipio.

Actualmente, el Consejo Regulador del Priorat reconoce en la región 459 parajes distintos. En ellos al menos el 90% de las cepas debe superar los 15 años, con una producción más limitada que la establecida para el vi de vila, pasando de los 6.000 kilogramos y 8.000 kilogramos por hectárea para uvas tintas y blancas, respectivamente, a los 4.000 y los 6.000 kilos por hectárea.

c. ‘Vinya classificada’ y ‘gran vinya classificada’: la cúspide de calidad

La cima de la calidad del Priorat la constituyen los vinos de Vinya Classificada (Viña Clasificada) y Gran Vinya Classificada (Gran Viña Clasificada). Si tomamos el referente de la Borgoña vendrían a ser sus respectivos equivalentes a Premier Cru y Grand Cru

Vinya Classificada es la categoría que distingue a los vinos que nacen de una única parcela de viñedo individual con virtudes excepcionales —entre ellas, que al menos el 80% de las cepas cuente con más de 20 años— y un reconocimiento de calidad sostenido en el tiempo.

Priorat para principiantes: Finca Clos Mogador con la sierra del Montsant de fondo
Finca Clos Mogador con la sierra del Montsant de fondo

En el Registro de Viticultores del Consejo Regulador de la D.O.Q. Priorat figuran reconocidas en esta categoría una decena de viñas de un grupo muy restringido de bodegas históricas prioratinas. Así podemos encontrar la indicación de Vinya Classificada en vinos tan conocidos como Clos Mogador, tinto pionero del Priorat moderno; Clos Martinet, ejemplo meticuloso de viticultura ecológica; Finca Dofí de Álvaro Palacios; Perpetual de la bodega Familia Torres en El Lloar o Clos Fontà, fruto del patrimonio de cepas casi centenarias de la bodega Mas d’en Gil en Bellmunt del Priorat. 

Si el listado de Vinya Classificada es restringido, más aún lo es el de Gran Vinya Classificada. La correspondencia en Priorat a lo que sería un Grand Cru borgoñón representa la cima de calidad de la región. 

Se trata de viñedos históricos, donde naturaleza y tradición se fusionan de forma inquebrantable componiendo un enclave irrepetible y único. Entre los requisitos: el 80% de sus cepas deben superar los 35 años; la producción máxima por hectárea se reduce a 3.000 y 4.000 kilos para uvas tintas y blancas, respectivamente; y , como mínimo, el 90% de la composición de los vinos deben incluir las variedades consideradas clásicas del Priorat, esto es, Cariñena, Garnacha tinta y/o peluda o Garnacha blanca. 

El hecho de que, hasta la fecha, solo tres vinos de la D.O.Q. puedan exhibir en sus etiquetas la distinción de Gran Vinya Classificada da la medida del carácter especialísimo de esta categoría.

El primero en recalar en ella fue  L’Ermita, el icónico tinto de Álvaro Palacios triplemente coronado con 100 puntos Parker en las añadas 2013, 2019 y 2021. A esta mítica finca ubicada en Gratallops, auténtico estandarte dentro de los grandes viñedos de España, se le suman las selectas parcelas de origen de otros tintos soberbios y legendarios: 1902 Tossal d’en Bou de Celler Mas Doix (100% Cariñena procedente de un viñedo plantado, como indica su nombre, en el año 1902 en Poboleda) y Mas de la Rosa de Celler Vall Llach, forjado también de cepas centenarias de la misma variedad plantadas sobre una ladera de pizarra y pendiente casi imposible en Porrera. 

2. El clima de la D.O.Q. Priorat. ¿Cómo se siente en cada copa?

A fin de llegar a discernir por qué los vinos de esta región tarraconense con forma de anfiteatro natural muestran esa personalidad tan marcada, con características inconfundibles y gran calidad, es imprescindible mirar a su cielo y al anillo de montañas que la custodia. Situada en la cordillera Prelitoral, a tan solo 25 kilómetros del Mediterráneo, vive en un relativo aislamiento de las influencias marítimas gracias a la protección de la sierra de Montsant al norte, las crestas del Lloar y la sierra de La Figuera al oeste y la sierra del Molló al este. 

Este entorno geográfico tan particular, únicamente abierto en su límite sur por la tortuosa depresión rodeada de cumbres dibujada en su curso por el río Siurana, define un clima mediterráneo cuyos efectos se dejan sentir directamente en el perfil de sus vinos a través de tres factores clave.

El primero de ellos es la marcada oscilación térmica entre los días calurosos y las noches frescas. Este contraste térmico evita que los vinos resulten demasiado pesados o demasiado planos. La abundante fruta negra y roja, profunda, concentrada y por momentos licorosa, se ve aligerada por una acidez viva que mantiene el trago asombrosamente fresco a pesar de su notable consistencia.

A este equilibrio se suma la acción protectora de la sierra de Montsant, que al actuar como una barrera frente a los vientos gélidos del norte asegura que el ciclo de maduración de la planta sea pausado, completo y libre de sobresaltos. Esto dota a los vinos de una estructura imponente y un volumen generoso, coronados por taninos extraordinariamente maduros y pulidos, sin rastro de aristas o verdor.

Priorat para principiantes: detalle de los suelos de llicorella o pizarra
Llicorella

Finalmente, la escasez de lluvias y la presencia constante de los vientos del noroeste terminan de esculpir la identidad del Priorat al evaporar rápidamente la humedad superficial y obligar a las raíces de las viñas a buscar el sustento en las capas profundas de los suelos pizarrosos de llicorella.

Este sufrimiento extremo de la planta limita su rendimiento (en algunos casos no superando el kilogramos de media por cepa), concentrando la esencia del terruño en una complejidad aromática y de sensaciones en boca brutales. Es aquí donde brillan los matices herbáceos y balsámicos de la garriga mediterránea, como el tomillo o el romero, junto a ese legendario fondo mineral que evoca matices de piedra húmeda, grafito y mina de lápiz.

3. Las subzonas de Priorat y sus características:

Si hay una palabra que define al Priorat es llicorella. Este suelo de pizarra, compuesto por láminas quebradizas de color cobre oscuro, es el auténtico armazón y alma de la región. Pero supone, como hemos visto, un auténtico desafío para las cepas. El estrés hídrico que experimentan en la búsqueda de humedad y nutrientes que no encuentran en la superficie reduce los rendimientos y concentra al máximo azúcares y ácidos en uvas de menor tamaño. Esta lucha de la planta, sumada al efecto radiador de la llicorella que absorbe el calor diario, da como resultado vinos más contundentes, alcohólicos y estructurados, donde una acidez marcada, junto con complejos compuestos aromáticos de la fermentación, recrean de forma indirecta esa mítica, fresca y profunda sensación de mineralidad tan característica de la región. 

Priorat para principiantes: arado con mula de un coster en el viñedo de Terroir al Limit en Torroja
Arado a mula de un costers de la bodega Terroir al Limit, en Torroja

También cabe recordar la importancia, en un territorio tan extremo, de la viticultura en costers (“cuestas” en catalán). Los costers son las laderas o pendientes escarpadas por la propia naturaleza donde tradicionalmente se han plantado los viñedos de la comarca. En estas pendientes acusadísimas la mecanización es prácticamente imposible, por lo que cada labor, desde la poda hasta la vendimia, exige continuar con los usos y costumbres manuales y de tracción animal, herencia de la tradición más ancestral. Este espectacular paisaje vertical no solo sobrecoge con solo mirarlo, sino que dota a las cepas de una personalidad única y resiliente.

A pesar de compartir el nexo de la pizarra y el reto de las pendientes, el territorio es fascinante por su diversidad. Oficialmente, el Consejo Regulador reconoce 12 zonas de producción que, tal y como vimos, corresponden a las distintas villas o pueblos de la D.O.Q. Cada una de ellas presenta sus propias características geográficas y climáticas. Como adelantábamos al hablar del clima general de la comarca, la accidentada orografía da pie a un maravilloso mosaico de microclimas; y es precisamente aquí, al descender a cada una de estas 12 villas, donde la geografía y el clima propio muestran su rostro más específico para esculpir el perfil de sus vinos.

A los pies de la imponente pared rocosa del norte se encuentran La Morera de Montsant y Scala Dei. Al disfrutar de una mayor altitud y de un microclima fresco y protegido por la montaña, su maduración es lenta y pausada, lo que se traduce en los vinos más elegantes, finos y frescos de la denominación.

Priorat para principiantes: imagen del pueblo y las viñas de Gratallops
Gratallops

En el corazón geográfico de la comarca se sitúa Gratallops. Este pueblo cuenta con una geografía más desprotegida y un microclima notablemente más cálido y seco, lo que da lugar a vinos de una potencia imponente, estructurados, maduros y con ese perfil de llicorella tan marcadamente concentrado.

Por su parte, Porrera se resguarda en un valle encajonado de maduración tardía, muy expuesto a los vientos locales. En este ambiente fresco, la geografía dicta que la variedad Cariñena sea la reina absoluta, entregando tintos con una frescura y una acidez natural espectaculares.

Muy cerca se localiza Poboleda, otra de las subzonas más frescas de la denominación debido a la influencia directa del curso del río Siurana. El microclima equilibrado de este pueblo da como resultado vinos que destacan especialmente por su finura, su armonía y unos perfiles marcadamente aromáticos.

Al descender hacia el extremo sur, Bellmunt del Priorat se asienta a una menor altitud y bajo el influjo de temperaturas más cálidas. Esta marcada influencia mediterránea propicia que sus vinos suelan mostrarse más redondos, amables y completamente accesibles desde su juventud.

Como vecino directo de Gratallops, el municipio de El Lloar se beneficia de una magnífica exposición solar en un microclima cálido. Sus laderas concentran muy bien los azúcares en el fruto, produciendo vinos muy expresivos, caracterizados por una gran concentración y una potente carga frutal.

En pleno centro de la denominación hallamos Torroja del Priorat. Las características geográficas de sus laderas equilibran a la perfección las corrientes de aire fresco con las horas de sol, ofreciendo vinos que son el ejemplo idóneo de una pura armonía estructural.

Un relieve especialmente abrupto y pendientes vertiginosas marcan la identidad de La Vilella Alta y La Vilella Baixa. En estos costers al límite, expuestos a un clima cálido pero bien aireado, las cepas entregan vinos que combinan de forma magistral la fuerza frutal del entorno con una acidez muy viva.

Finalmente, Masos de Falset y Solanes del Molar actúan como las zonas de transición limítrofes de la comarca. Al ser áreas geográficas donde la llicorella convive con suelos de arcillas o arenas, su microclima y su tierra suavizan el perfil del viñedo, ofreciendo vinos con matices diferentes y una gran fluidez en el trago.

4. Variedades de uva que reinan en Priorat 

Si la llicorella y la disposición del viñedo en costers son señas de identidad del Priorat, sus uvas autóctonas mayoritarias, Garnacha y Cariñena (también conocida como Samsó o Mazuela) conforman, como apuntan desde el Consejo Regulador, el auténtico ADN de la región. Su sinergia en el típico coupage prioratino es perfecta.  

La Garnacha aporta fruta roja, notas balsámicas, suavidad, volumen, amabilidad, acidez alta y mayor grado alcohólico. La Cariñena suma color, esqueleto, mayor resistencia a la oxidación, estructura y alta tanicidad, que, a la postre, apuntala una buena capacidad de envejecimiento. Juntas constituyen un tándem imbatible. 

Priorat para principiantes: cepas de Garnacha de Finca Escurcons de Mas Martinet
Cepas de Garnacha

Aunque, Priorat sigue siendo indiscutible tierra de tintos, los blancos van ganando poco a poco espacio gracias a su complejidad y a su atractivo carácter mineral.

La Garnacha blanca lidera la producción en esta categoría dando vinos de textura untuosa, con cuerpo y aromas a fruta blanca madura, junto a matices florales, que destacan, además, por una más que interesante capacidad de guarda.

La Macabeo o Viura es otra de las variedades empleadas propiciando vinos frescos, con sutiles notas de frutas de hueso y cítricas, una acidez viva y un perfil más floral. En coupage contribuye a equilibrar la estructura de la Garnacha blanca. 

La tercera uva blanca más empleada es la Pedro Ximénez. Tradicionalmente era, sobre todo, destinada a la elaboración de vinos generosos, dulces y rancios, pero cada vez es más frecuente su participación en blancos secos a los que se busca imprimir su tipicidad única. Y es que, el clima extremo y la llicorella del Priorat cincelan un perfil distinto de la sureña Pedro Ximénez. La melosidad y madurez dulce dan paso a una mayor verticalidad, frescura, tensión y acidez natural, mientras que la baja producción fomenta la concentración de aromas y sabor.

5. Bodegas de Priorat: nuestras recomendaciones para enamorarte de sus vinos

Para empezar con buen pie en esta región, lo ideal es apostar por proyectos que equilibren la tradición con la interpretación moderna del paisaje. Como bien apunta Marta Cortizas, jefa del equipo de sumillería de El Celler de Can Roca, entender una zona vinícola requiere escuchar el entorno y comprender qué busca transmitir el elaborador en cada botella.

Una parada obligatoria para cualquier principiante son los vinos de Cellers Scala Dei. No solo representan el origen histórico mismo de la región, sino que sus elaboraciones actuales son el ejemplo perfecto de cómo tratar la Garnacha en altitud. Celebrar su trayectoria descubriendo sus etiquetas es sumergirse de lleno en el reciente 50 aniversario de Scala Dei, una oportunidad de oro para catar la esencia viva de este territorio.

Los míticos pioneros de los años 80, reconocidos en estas líneas, son otra gran opción para iniciarse. Camins del Priorat y Les Terrasses conforman una estupenda puerta de entrada al universo del gran Álvaro Palacios, si nuestro presupuesto no puede aspirar al sueño de L’Ermita.

Priorat para principiantes: la enóloga Sara Pérez vendimiando en los viñedos de sus bodega familiar Mas Martinet
Sara Pérez en plena vendimia

Imprescindible también es adentrarse en los vinos que, en su bodega familiar Mas Martinet, elabora Sara Pérez, hija de Josep Lluís Pérez Ovejero y nuera de René Barbier, con referencias top como el 100% Garnacha Els Escurçons.

De la Familia Nin-Ortiz, un proyecto más reciente fundado en 2008 sobre los pilares del terruño y la viticultura ecológica y biodinámica, brilla la nitidez y elegancia de Planetes Classic. La misma filosofía comparten desde Poboleda en Celler Mas Doix. La pureza de su Salanques conquista sin resistencia. 

No nos olvidamos de los blancos. Con Nelin de Clos Mogador retomamos la figura del precursor René Barbier, a través de un vino sabroso, mineral, pleno de notas de limón maduro, manzana y especias, cuya acidez vivaz apunta una evolución de ensueño.  

La expresión más pura de la Garnacha blanca, acompañada por la Pedro Ximénez, de La Morera de Montsant se revela en Terra de Cuques Blanc de Terroir al límit, bodega que pretende recuperar y poner en valor el Priorat más ancestral.

Y cerramos con una propuesta excepcional para presupuestos más ajustados que no se quieran resistir a sumergirse en la cara blanca de la región: Clos Martina de Mas d’en Blei, sorprendente muestra de una relación calidad-precio difícilmente de encontrar en la D.O.Q. Quien lo probó, lo sabe.

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Madrileña de Aluche de cuna y militancia, licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y, desde noviembre de 2019, miembro del equipo de Contenidos de Bodeboca. La mayor parte de mi trayectoria laboral ha estado ligada a la información local de mi ciudad en prensa escrita y radio. La casualidad (¿o causalidad?) hizo que cambiara ruedas de prensa, plenos municipales y visitas de obras por historias de bodegas, variedades de uvas y notas de cata con palabras mágicas como sotobosque. Viajar, el mar con los míos, los días soleados, perder la noción del tiempo en un museo y las canciones de siempre de Calamaro, U2 o Bruce Springsteen, son algunas de mis cosas favoritas. Y, por supuesto, si se dan acompañadas de vino, la perfección.