Viñadores adoptados por España

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Deberíamos empezar estas líneas recordando que Bodeboca surgió precisamente del emprendimiento de dos franceses que se enamoraron del vino español una tarde de noviembre de hace ya ocho años. Hay algo sin duda magnético y especial en la forma en la que España puede hacer que alguien decida afincarse, dejarlo todo atrás y empezar una nueva vida. Y especialmente cuando se trata de sus vinos, un delicioso camino sin retorno que nos lleva siempre a querer saber más.

Cambiar radicalmente tu geografía cotidiana tiene sus pros y sus contras. En el caso de los enólogos y elaboradores que ponemos de ejemplo en este artículo (muchos hay y no todos están) son las ventajas las que ponen todo el peso en la balanza. Sin el lastre del peso de la tradición, o con la apertura de mente del que ha viajado, se plantean nuevos escenarios y formas novedosas de hacer las cosas. Se han permitido soñar, se han atrevido, algunos con más suerte y otros tras mucha lucha. En todos ellos hay una respuesta común: España es una fuente inagotable de posibilidades cuando de vinos se trata.

Es curioso, por ejemplo, que el creador de uno de los vinos españoles más cotizados en todo el mundo sea un danés. O que un escocés elija un nombre tan castizo para uno de sus vinos como el de “manda huevos”. Que bordeleses abandonen carreras fulgurantes en châteaux míticos para empezar de cero en pueblos perdidos de la mano de Dios. Que se enamoren no solo del viñedo, también de sus gentes, y que formen familia.

Entrañable es que muchos quieran a sus pueblecitos posiblemente más que los propios lugareños. Que no dejen de ser interpelados por los paisanos, abrazados, besados, como hijos predilectos que han sabido mostrar al mundo lo mejor de un recóndito lugar.

Este artículo es, por tanto, un pequeño homenaje para que sigan apostando por lo nuestro, para que no dejen de descubrirnos los pequeños y maravillosos parajes que tanto desconocemos. Para que se queden y nunca se marchen, y nos sigan presentando nuevos y sorprendentes vinos.

Dominik Huber “A veces la ventaja de ser de fuera es que miras las cosas con otra perspectiva”

Nacido en Munich, cuando Dominik llegó al Priorat en el 2000 tuvo la sensación de que estaba ante uno de los grandes terroirs del mundo. Allí conoció a los Pérez Ovejero y su actual socio Jaume Sabaté. Fue la calidad humana que encontró lo que le hizo quedarse y fundar Terroir al límit.

Estudió marketing y economía y no es un enólogo de formación académica. Su concepción del vino está muy ligada a su experiencia como bebedor y como cocinero. De hecho, su abuelo y su padre eran carniceros, un oficio que le marcó y le acercó al mundo de la gastronomía. Se terminó de enamorar tras su paso por Italia, país que admira por su estética, su arquitectura y su gran gastronomía.

Fue por esta influencia italiana que pronto vio necesario volver a los vinos finos y elegantes, esos que maridan bien con nuestra gran gastronomía mediterránea. Y Dominik elabora justamente vinos transparentes, digeribles. Con gran personalidad, de esto no hay duda, pero ligeros y elegantes.

Dominik ha visto mucho mundo vinícola y además lo ve con un ojo muy romántico. Lo cierto es que anticipó de alguna forma las tendencias actuales. Nos contó que no ha sido fácil pero que también tiene la impresión de que no está solo en esto. “Hay más personas que afortunadamente piensan como nosotros”.

Gregory Pérez “A mí los vinos que saben a levadura o a madera no me interesan”

Nació en Burdeos pero se considera berciano de corazón. Tiene un apellido de origen español porque su bisabuelo por parte de padre era de Arenas de San Pedro, aunque en su casa nunca se llegó a hablar español. Llegó a España en 2001 para trabajar en Luna Beberide y seis años después fundaba Mengoba.

Preguntado por sus inicios en España, Gregory tiene un recuerdo nítido. Paseaba por el monte con su todoterreno cuando de repente visualizó un viñedo en medio de la nada. Tenía 29 años y la gente lo miraba con desconfianza cuando empezó a preguntar por él. Tras hablar con varias personas consiguió comprar una viña pequeñita que se iba a arrancar y sustituir por pinos.

De su experiencia en Francia destaca que aprendió mucho de limpieza en bodega, toda una metodología de trabajo que se aprende en pocos sitios y Francia es uno de ellos. Sobre sus vinos, pretende que sean para beber desde ya, como los vinos de “sed” o de placer franceses, vinos que entren sin que te des cuenta y que se puedan disfrutar solos, como vino de copa. Espanillo, un pueblo de 12 habitantes lleno de castaños, huertos y viña, lo tiene como hijo predilecto.

Melanie Hickman “Una viña que sufre entrega un mejor vino y esto representa bien nuestro viñedo”

La norteamericana Melanie Hickman y el viticultor y enólogo riojano David Sampedro se conocieron por culpa de un bar madrileño.

El vino era un hobbie para ella pero quería aprender más. Cuando se vino a España decidió ayudar a David en todo lo que necesitara y así comenzó a aprender la parte de elaboración de un vino. Melanie se enamoró un día de un viñedo que encontró caminando por pura casualidad, tiempo después tuvo la posibilidad de comprarlo y no dudó en usar todo su plan de pensiones privado para hacerse con él.

Tenía claro que quería hacer vinos blancos y como la mitad de la viña estaba plantada con variedades blancas se propuso hacer un blanco fermentado con pieles.

Aunque creció en un pueblo en Ohio y siempre amó la naturaleza, mudarse a un sitio como Elvillar supuso un gran cambio. “La gente en España es más directa, nosotros los americanos somos amigables con todo el mundo, incluso con desconocidos.” Como si fuera un libro abierto, no le importa desnudarse en cierta forma con sus vinos. Una honestidad que se refleja en su proyecto Phinca Hapa.

Norrel Robertson “Cuando vine a España me enamoré del viñedo de Calatayud. No hay en el mundo nada igual

Norrel Robertson es un tipo entrañable que llegó a España en agosto de 2003 tras un periplo por casi todos los países productores de vino del mundo. Pero solamente sintió el impulso de asentarse en un lugar y dejar su nomadismo vinícola cuando llegó a Calatayud y contempló el viñedo de Garnacha vieja que le robó el corazón.  

El Escocés Volante, alias que eligió para definirse a sí mismo y ahora da nombre a su bodega, es Master of Wine desde 2000. Comenzó su andadura en el mundillo del vino como comercial. El contacto con el vino le hizo dar un giro de 180 grados y empezó a estudiar para ser elaborador. Para ello, dio la vuelta al mundo de vendimia en vendimia para ir absorbiendo todas las enseñanzas que pudiera para en un futuro hacer sus propios vinos.

Desde hace quince años viene realizando unos vinos estupendos con garnachas viejas de altura que están entre los mejores de la zona. Está muy agradecido al buen recibimiento que han tenido, tanto él como su familia, por parte de sus vecinos aragoneses, que le ven como a uno más. Norrel es un tipo divertido y afable que sabe que el trabajo lo es todo para hacer buenos vinos, y recuerda que trabajando en Francia su mujer le llamó desde Edimburgo para anunciarle que había obtenido el Master of Wine y nada más colgar siguió desfangando un depósito de Sauvignon blanc.

Olivier Rivière “Creo que se pueden hacer todavía muchísimos vinos”

Llegó a España en 2004 de la mano de Telmo Rodríguez.  Reconocido en pequeños círculos de entendidos y cada vez más valorado por la autenticidad que desprenden todos sus proyectos, Olivier Rivière pertenece a ese reducido  grupo de enólogos franceses que, entusiasmados con las posibilidades del viñedo español, han decidido plantar raíces en suelo patrio y cosechar, no sin arduo trabajo, buenos frutos.

Con gran valor además, porque Olivier aporta una filosofía de elaboración que busca prestigiar lo que es bueno de forma natural,  respetando las variedades y la personalidad del terreno. Y es que, lejos de posicionarse como un elaborador de escuela francesa o asimilado en la cultura española del vino, Olivier considera que a día de hoy las técnicas pueden aplicarse en cualquier bodega del mundo, pero el viñedo es el que manda y el terruño es lo que es.

De sus inicios sigue manteniendo una influencia borgoñona, de respeto por las variedades y por los pueblos y con una búsqueda constante por la frescura y elegancia natural en el vino. Sus vinos se salen de los lugares comunes y se distinguen precisamente por su capacidad para expresar elegancia, frescura y definición.

Peter Sisseck “Mucha gente conoce Pingus por oído pero nunca lo han catado”

Llegó un rubio de Dinamarca. Así comentaban los reservados viticultores castellanos la llegada a Ribera del Duero en los 90 de este enólogo nacido en Copenhague en 1962. De su infancia recuerda que aunque sus abuelos no tenían nada que ver con el vino, eran grandes consumidores y tenían una casa en la Costa Brava, por lo que durante buena parte de su infancia pasó los veranos en nuestro país.

Aunque había visitado muchas viñas en todo el mundo, Peter se enamoró de nuestro viñedo viejo y de la gran variedad de uvas autóctonas que tiene un enólogo a su disposición en España. Su limitado y deseado Pingus, un accidente geológico, como a él mismo le gusta llamarlo, se ha convertido en el vino español más cotizado en todo el mundo. Es curioso y personal que su vino se llame como su apodo de juventud y también el hecho de que elabore un tinto de culto pero su estilo vaya más por el blanco. De hecho es un enamorado de los amontillados y de Jerez, lugar en el que recientemente ha puesto la vista comprando una histórica bodega.

Ligado emocionalmente a Ribera del Duero y lamentando siempre el arranque de viña vieja, no dudó en embarcarse en un bonito proyecto de recuperación y dinamización de viñedos abandonados en la zona. El origen de su PSI.

Tom Puyaubert “Busco un Rioja distinto con bodegas de tamaño más humano”

Tom llegó a España, y más concretamente a La Rioja, desde su Burdeos natal en el año 2000. Llegó como comercial de ventas de la afamada tonelería francesa Saury, a la que sigue vinculado. Rápidamente se sintió atraído por esta tierra y sus vinos, decidiendo quedarse para comenzar un proyecto para elaborar los vinos que a él le gustaban, y que paradójicamente no era más que un regreso al estilo de los primigenios vinos riojanos.

En 2003 funda Bodegas Exopto y comienza la aventura en el término municipal de Laguardia. Como en la mayoría de los casos de personajes del vino “adoptados por España”, Tom se impuso como objetivo recuperar la esencia de los vinos riojanos vistos desde la modernidad. Y es que en muchas ocasiones, estos “extranjeros” defienden con más entusiasmo la idiosincrasia de una zona que los propios españoles.

Su apuesta por España ha hecho que todos ganemos unos vinos frescos, con color, muy afrutados, y con un ligero toque de madera que solamente sirve para afinar, y nunca para enmascarar. No olvidemos que Tom es un experto en barricas de roble y sabe combinarlas con maestría para conseguir en cada ocasión el perfil que necesita. Los que han probado los vinos de Exopto saben que todo lo que pretendía Tom se ha cumplido con creces.