El Bierzo: nuestra particular Borgoña

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“Puede que un día los libros sobre vinos hablen sobre La Poulosa, El Rapolao o Cova de la Raposa” La frase, premonitoria, es de una cata en 2013 de Luis Gutiérrez sobre los vinos parcelarios de Raúl Pérez. Puede que hoy esté más cerca que nunca de ser un hecho. 

En junio de este año, en medio de una pandemia, una noticia vinícola pasó desapercibida entre tantos sucesos. No ha sido además la típica noticia estival de kilos, de rendimientos, producciones o de la próxima vendimia, no. Se trató nada menos que de la aprobación de un hito importantísimo en la historia vinícola de una región tan pequeña y tan especial como el Bierzo. 

Todo empezó en 2015.  Comenzaba una lenta revolución en el Bierzo, la que les llevaría a usar un modelo de zonificación usado con éxito en zonas de gran prestigio vinícola como Piamonte en Italia o Borgoña en Francia, pero también con ejemplos nacionales como Priorat con sus vinos de villa o Rioja con viñedos singulares. 

Portavoces del Consejo Regulador de la D.O. Bierzo explicaban las razones de este cambio con un claro objetivo: “La zonificación repercutirá directamente en la mejora del precio del vino, de la uva y del viñedo; evitará el abandono de viñedos, incentivará la plantación y recuperación de las parcelas en desuso que fueron viñedos en el pasado, y fortalecerá el sector vitivinícola del Bierzo”. 

Un proceso de clasificación que supone un nuevo rumbo para las bodegas bercianas y que para el consumidor final tendrá un impacto tangible y relevante: en las nuevas etiquetas de los vinos de la D.O. Bierzo aparecerá indicado si se trata de un Vino de Villa (municipio o pedanía), Vino de Paraje, Vino de Viña Clasificada o de un Gran Vino de Viña Clasificada.

Raúl Pérez en el viñedo

Para entender qué supone esta nueva nomenclatura se deben conocer los parámetros que definió el equipo técnico de la D.O., entre cuyos miembros se encuentra nada menos que Ricardo Pérez Palacios. 

Vino de la Región: Es la actual delimitación geográfica de la Denominación de Origen Bierzo.

Vino de Villa: El 100% de la uva que se utilice debe proceder de parcelas que pertenezcan al municipio o pedanía en cuestión. 

Vino de Paraje: El 100% de las uvas que se utilicen deben proceder de un mismo paraje, de nombre reconocido en el Parcelario de Aptitud de la Denominación de Origen Bierzo. 

Vino de Viña Clasificada: El 100% de las uvas que se utilicen deben proceder de una misma parcela o parcelas colindantes de un mismo paraje, de nombre reconocido en el Parcelario de Aptitud de la Denominación de Origen Bierzo y que al menos durante cinco años hayan sido tipificados como vinos de viña y cuya calidad haya sido reconocida por el Comité de Expertos del Consejo Regulador. 

Gran Vino de Viña Clasificada: Caso similar al anterior, pero tipificados con al menos diez años como vinos de viña y cuya calidad haya sido reconocida por el Comité de Expertos del Consejo Regulador. 

El Bierzo se acaba de consolidar como un gran ejemplo de aplicación en España del sistema francés de parcelación de Borgoña. No sería una exageración decir que ahora mismo es lo más cerca que podemos estar de tener una zonificación precisa con vinos regionales, de pueblo, de paraje y de parcela. Algunas ya tan mediáticas como El Rapolao, una parcela de 4 hectáreas en una zona de mucha inclinación, poca retención de agua, sombría y fría, y en la que se paga la uva más cara de todo el Bierzo (1,10€ versus los 0,60€ kilo de uva). Actualmente hay siete vinos que llevan El Rapolao en su etiqueta y son elaborados por siete productores diferentes. La Cova de la Raposa, es otra parcela extrema de 2 hectáreas, suelos de arena compacta y tiene 6 propietarios. ¿Os suena?

Si eres por tanto un consumidor ávido de vinos con diferenciación te interesará especialmente la posibilidad de poder comparar vinos de distintos municipios pero también la forma en la que cada productor interpreta un lugar. El Bierzo vuelve a sorprendernos con sus maravillosas cualidades. 

Agustín trabajando con mula el viñedos Las Lamas

Casar de Burbia, la apuesta por los viñedos en pendiente

Nemesio Fernández Bruña es el máximo culpable. Si no es por su terquedad a la hora de apostar por viñedos viejos de montaña en el municipio de Valtuille de Arriba nos quedamos sin probar vinazos de altura. Bendita cabezonería la del patriarca de la familia. Todos le miraban raro porque lo normal en el Bierzo de finales de los 80 era deshacerse de ese tipo de viñedos que daban menos cantidad de uva, y apostar por los que se establecían en el valle con rendimientos más altos. 

La bodega posee 52 pagos divididos en 27 hectáreas de viñas centenarias plantadas sobre los 700 metros de altitud. Allí, la reina indiscutible es la Mencía. Para llegar a lo que hoy es la bodega, hubo que reinjertar más de nueve mil cepas en los pies de las centenarias que quedaban. 
Casar de Burbia es el máximo ejemplo del suelo del Bierzo vinícola: pizarra de color rojizo con una gran concentración tánica, origen del aroma, sabor y cuerpo de sus vinos. Esto es debido a la gran cantidad de molibdeno originado por la pizarra, abundante en la zona, que junto con el hierro que tiñe los suelos de rojo, hacen de sus vinos una gran explosión mineral. Qué experiencia debe ser descorcharlos en Las Médulas.

Castro Ventosa, la argamasa del Bierzo

La bodega de Valtuille de Abajo es una de las de más larga tradición en el Bierzo. Desde la mitad del siglo XVIII viene elaborando vinos bajo distintos nombres, hasta que los herederos de esa tradición, la familia Pérez, decidieron en 1989 cambiar el nombre de la bodega y convertirse en un eje vertebrador de los vinos del Bierzo. Ha sido una auténtica argamasa en la zona. 

Castro Ventosa, que recoge el nombre del yacimiento romano próximo a la bodega, ha sido una bodega hospitalaria que siempre ha tendido una mano. En ella, extraordinarios enólogos han tenido un espacio para elaborar sus vinos cuando no contaban con instalaciones propias. Ese fue el caso de Álvaro Palacios y Ricardo Pérez cuando llegaron al Bierzo. 

Además, es la bodega de la familia de uno de los niños bonitos de la enología española, Raúl Pérez. La influencia familiar y el contacto con Álvaro Palacios fueron muy importantes a la hora de forjar su ideario del vino. 

La bodega tiene 85 hectáreas de viñedo en propiedad, un 80% viejo, divididas en 400 pequeñas parcelas de diferente naturaleza y diversas orientaciones, siguiendo la tradición berciana. 

Viñedo de Castro Ventosa

César Márquez, de casta le viene al galgo

El enólogo pertenece a una afamada familia vinculada al vino desde siempre: de nuevo nos topamos con Castro Ventosa (ya dijimos que era una argamasa en el Bierzo). Su tío es Raúl Pérez, con el que ha puesto en marcha la bodega La Vizcaína de Vinos en la que exploran e investigan los viñedos bercianos. 

César es de los que más claro tiene que el Bierzo es similar a la Borgoña, y ahora que se ha conseguido la zonificación se puede apostar con más ahínco por la parcelización de los viñedos para conseguir una categorización más real de los vinos y un aumento de la calidad a través del prestigio. 

Su proyecto personal consiste en representar un lugar, un pueblo o una parcela concreta a través de sus vinos. Todo ello con la mínima intervención y usando las técnicas del pasado como el uso del raspón y las maceraciones largas para intentar que sus vinos tengan un perfil atlántico y sean fáciles de beber.

Su catálogo está formado por un vino blanco (La Salvación), uno de región (Parajes), otro de villa (Las Firmas) y tres de parcela (El Rapolao, Pico Ferreira y Sufreiral). 

El Chabolo de César Márquez

Descendientes de J. Palacios, Álvaro Palacios, el pionero que hace tándem con su sobrino

Un tipo que dijo que “los mejores viñedos del mundo están en el Bierzo” se ha ganado el derecho a estar aquí. Pero si no la hubiera dicho también lo estaría, ya que es uno de los pioneros, de los que vieron las posibilidades que encerraba esta tierra junto a su sobrino Ricardo Pérez

El riojano se enamoró del Bierzo, como ya había hecho una década antes con el Priorat, y decidió establecerse en Corullón en 1999. Ambos quedaron fascinados por el paisaje que les recordaba a los viñedos franceses en los que se habían formado. Querían elaborar vinos elegantes y con personalidad, y pensaron que esta tierra se los daría con sus suelos pizarrosos en ladera, su viñedo viejo de pequeñas dimensiones y bajos rendimientos, su clima continental con influencias atlánticas, y como no, la Mencía, la bendita Mencía. 

Empezaron elaborando en la bodega Castro Ventosa, que les cedió un espacio, y dos décadas después tienen una de las mejores bodegas de la región y sus vinos son de culto en todo el mundo. Han llegado hasta aquí siguiendo la tradición milenaria del Bierzo y escuchando a los viejos del lugar.  Y es que la vanguardia muchas veces es un regreso a la tradición. 

Viñedo de La Faraona

Losada Vinos de Finca, el clásico iconoclasta

Losada es una de las bodegas más conocidas del Bierzo. Su estilo de tratar la Mencía, y el resultado final con vinos elegantes, rotundos y bien hechos, han contado con el favor popular desde sus inicios. Pero su origen estuvo marcado por una idea arriesgada en su momento: recuperar viñedos viejos de suelos arcillosos muy infravalorados, en lugar de seguir la moda imperante del “nuevo Bierzo” de buscar viñedos pizarrosos plantados en laderas. 

La bodega está situada en la zona tradicional vinícola berciana, en el pueblo de Pieros, en el triángulo formado por Cacabelos, Villafranca del Bierzo y Toral de los Vados. En Losada se sigue la tradición berciana del minifundio y de la dispersión de viñedos por varios lugares. Tiene parcelas minúsculas en propiedad en los alrededores de Valtuille de Arriba, conocidas como Altos de Losada. 

Sus vinos se elaboran bajo la supervisión del enólogo Amancio Fernández Gómez, con mínima intervención en el campo y en la bodega, y se vinifica por parcelas buscando la máxima expresión de los suelos con el fin de que los vinos sean varietales, elegantes y de gran pureza. Vinos del Bierzo, en definitiva. 

Viñedo de Losada

Raúl Pérez, el viñedo berciano que se esconde tras su barba

El afamado enólogo de Valtuille es una especie de rastreador indio que solo con mirar un terreno y el clima del lugar lo sabe todo sobre el vino que va a procurarle tiempo después. Un pistero berciano al que el viñedo ‘acuareloso’ del Bierzo podría caberle en su poblada barba. 

Todo empezó en la bodega de su familia, Castro Ventosa, una de las que pusieron al Bierzo en boga y que tuvo entre sus hitos haber cedido un espacio a Álvaro Palacios y Ricardo Pérez para que elaboraran sus primeras añadas cuando no tenían bodega. Esa decisión aún la agradece Raúl, que siempre ha dicho que aprendió mucho del riojano. 

Raúl Pérez es a día de hoy uno de los enólogos más importantes del Bierzo y España. Es inquieto, no para de crear. Es una especie de artista del Renacimiento o un científico entregado en cuerpo y alma a su labor, la de mantener la herencia natural de unos viñedos únicos.

Cree en el Bierzo, como en otros lugares donde el viñedo está muy fragmentado y hay viñas viejas. Piensa que hay que intervenir poco y dejar que la tierra y el clima dicten sentencia. Huye de la estandarización y apuesta por vinos que perduren años

Ultreia de Raúl Pérez

Foto de portada: Vendimia en un viñedo de la bodega Casar de Burbia