La Copa de los Sentidos 2026
La Copa de los Sentidos 2026, organizada por la distribuidora ASEUNIV, volvió a confirmarse como un verdadero parque de atracciones vinícola del más alto nivel. La última edición, celebrada el pasado 3 de marzo, estrenó escenario: el acertado, luminoso y de atractivo aire industrial espacio Green Patio, en el barrio madrileño de Tetuán; y renovó la concurrencia de más de 60 grandes bodegas nacionales e internacionales.
Para cualquier profesional y aficionado del mundo del vino, supone una cita ineludible marcada en rojo en el calendario. El disfrute está más que garantizado, pero también la posibilidad de conocer proyectos de primera mano y refrescar los ya conocidos para rememorar por qué nos conquistaron entonces.

Con esas expectativas y la copa ávida de buenas sensaciones y vinazos espectaculares, acudimos nuevamente a esta verdadera fiesta líquida. Y como el goce es mayor si es compartido, aquí te dejamos nuestros destacados de La Copa de los Sentidos 2026.
Proyectos y vinos que nos enamoraron
Viña Somoza
Galicia es siempre un inmejorable punto de partida. Así lo consensuamos al escoger a la bodega de Valdeorras, Viña Somoza, para iniciar nuestro recorrido de este año. Su prometedora carta de presentación: una colección de magníficos godellos con lías a la que dan perfecta y acompasada réplica excelentes, frescos y menos conocidos tintos atlánticos para todos los paladares y bolsillos. ¿Qué podía salir mal? Nada, evidentemente.
La veda se abrió con Neno. Como su nombre indica, es el blanco más joven de la casa, su entrada de gama; cultivado en suelos pizarrosos, con 8 meses sobre lías, lo suficiente para mostrar sin tapujos esa maravillosa mineralidad que es el hilo conductor del porfolio completo de Viña Somoza.
Un paso más adelante, el primer gran hit de la jornada: As 2 Laderas, godello de viñedos de medio siglo, 11 meses de roble francés y un buen trabajo con las lías para lograr más densidad en boca sin ver comprometida ni enmascarada la personalidad varietal, ni la salinidad —tanto en boca como en nariz— que evoca ese terruño y clima continental atlántico.
Fruto de viñas de 70 años cultivadas en un paraje del Parque Natural Serra da Enciña da Lastra, con exposición norte-sur, emerge Ededia, de los top de la bodega y poseedor de una frescura y verticalidad que enamoran, dando coherencia a esta excepcional progresión vinícola que representa la gama de blancos de la firma ourensana, habitual en las cartas de grandes templos gastronómicos como DiverXO de David Muñoz, Coque de Mario Sandoval o El Celler de Can Roca.
Idéntico discurso mantienen sus tintos, construidos desde la recuperación de variedades ancestrales de la zona. Hablamos de vinos de parcela, elaborados con buena parte de raspón en aras de lograr mayor estructura y acidez (y, por tanto, mejor evolución en botella) y, sobre todo, de mostrar un perfil más fresco y complejo aromáticamente hablando, con notas balsámicas de eucalipto o menta, especiadas y herbáceas que acompañen a la fruta.

Los tres que pudimos catar nos sorprendieron y convencieron a partes iguales, empezando por el coupage dominado por Mencía y completado con Alicante bouschet y Albarello (también conocida como Brancellao) que es Via XVIII, y terminando por sus dos cumbres tintas: Taté, una caricia de distinguida finura floral (¡ay, esa nota de violeta!), y un auténtico caballo ganador: Alma do Vello Tesouro, 100% Brancellao, original, con mucha personalidad y fundamento; una nariz de fresa, frambuesa y grosella, junto al elegantísimo matiz floral y de frescos tonos herbáceos, fluidísimo, delicado y simplemente delicioso. Galicia calidade son las dos últimas palabras que anotamos para refrendar la visita a la mesa de Viña Somoza.
Exopto
Una de las paradas imprescindibles fue Exopto, el proyecto riojano de Tom Puyaubert, nacido en Burdeos y afincado en La Rioja desde hace ya dos décadas. Una mezcla franco-española que solo podía dar como resultado algo extraordinario. Tuvimos la oportunidad de conocerle por primera vez y fue él quien nos descubrió, copa en mano, la nueva cara de Rioja: más fresca, más ligera, afrutada, de gran suavidad y extraordinaria facilidad de trago.
Tom tenía previsto viajar a Australia cuando el mundo del vino llamó a su puerta. Gracias al destino —o a su intuición— decidió instalarse en Rioja para elaborar sus propios vinos. Como tantos grandes proyectos, todo comenzó en formato casi “de garaje”, hasta convertirse hoy en una bodega ampliamente reconocida.

El primer vino que catamos fue Exopto 2024, un ensamblaje dominado por la Garnacha, criado en cemento, que destaca por su fruta expresiva, su textura golosa y su paso sedoso. Tom lo definió como un “vino peligroso”, porque sabes cuándo empiezas, pero no cuándo terminas. Ligereza absoluta y una invitación clara —añadía— a abrir también la botella magnum. Fue el vino inaugural de la bodega y el punto de partida sobre el que se construyó el estilo actual de Exopto.
En nuestro recorrido riojano continuamos con la Malvasía de El Bernate 2023, procedente de viñas de 106 años, de perfil cítrico y mineral; y con Exopto Expresión de Graciano 2023, de carácter más complejo, especiado y profundo. Nos conquistó también El Espinal de Exopto 2023, elaborado con Maturana cultivada en viñedos de altura situados en San Vicente de la Sonsierra, a 650 metros, en las faldas de la Sierra Cantabria. A pesar de la altitud, el resultado es un vino redondo, floral, con delicadas notas de violeta y una gran armonía en boca. Imposible no repetir.
Para culminar, descubrimos La Mimbrera de Exopto Coupage Tradicional 2022, un ensamblaje de Tempranillo, Garnacha y Viura procedente de Ábalos y criado en ánfora. Su nombre rinde homenaje al viñedo de origen y tiene un valor sentimental especial ya que fue la primera parcela que Tom adquirió en el municipio.
Gracias al talento, la amabilidad y la cercanía de Tom, aquella tarde nos permitió explorar la nueva cara de Rioja de la que tanto se habla. Una corriente que deja atrás las maderas pesadas para recuperar la elegancia y la agilidad que definen los vinos que tanto nos gustan, como los de Exopto.
Frontonio
Hubo otra mesa que, a nuestro parecer, también era parada obligatoria. En pocos días saldría la Venta Privada con algunas de las nuevas añadas 2023 y esta era una oportunidad de oro para catarlas. ¿Qué mejor que hacerlo de la mano de su creador, uno de los pocos Master of Wine que tenemos en España? Fernando Mora y el universo Frontonio nos abrieron la puerta a un mundo de posibilidades.
Aunque sus gamas de entrada (Botijo y Microcósmico) son ya sensacionales, empezamos esta cata un escalón por encima con Elástico. Este field blend blanco, que ya nos había cautivado hace un par de años, se mostró tímido de primeras en esta nueva añada, pero fue transformándose en un vino austero, honesto y con ese sutil toque amargo que le otorga una grandísima personalidad. Fue un preludio que nos anticipaba algo que confirmaríamos más tarde.
Continuamos con La Loma y Los Santos, un coupage de Garnacha blanca y Macabeo. En cuanto acercamos la copa a la nariz, nuestras caras eran un poema. ¡Qué intensidad! Romero, flores blancas y un punto amielado; un blanco de esos que te hablan al alma.
Nuestro recorrido siguió hacia otra gran sorpresa, una estrella inesperada: la Macabeo. Normalmente, es una uva «vergonzosa», de perfil discreto con aromas florales y de manzana verde. Es una variedad que nos gusta, pero no suele ser una favorita… Hasta que pasa por las manos de Fernando. Ahí, nos ha parecido la mejor uva del mundo. Palabra. Si no, hay que probar algo tan increíble como su cima, El Jardín de las Iguales. Pura cera de abeja, cremoso, delicioso. Un blanco que, sin duda, merece un podio.

Y si los blancos son una locura, los tintos no se quedan atrás. Telescópico fue la introducción a unas garnachas que atrapan y que explican perfectamente el furor que vive actualmente esta variedad. ¿Cómo no unirse a la «fiebre garnachista» con vinos así? Garnacha tinta, peluda y Mazuela dan vida a un tinto ligero pero con una seriedad impresionante. Lo mejor de ambos mundos. Supersónico, por su parte, es la pura exaltación de la uva aragonesa. Jugando en casa, el resultado es inmejorable: una «piruleta» elegante y fina.
Cerrando esta gama encontramos Psicodélico. El nombre ya nos da una pista de su audacia. ¿A quién se le ocurre hacer un tinto con un 70% de uva blanca? A Fernando, desde luego, y el resultado es sensacional. Uno de nuestros favoritos, sin ninguna duda.
Pero para comprender la esencia de la Garnacha aragonesa, hay que catar La Cerqueta y La Tejera. Dos parcelas vecinas pero con suelos distintos: la primera de pizarra y la segunda de cuarcita. Se elaboran igual, pero sus matices son opuestos. La Cerqueta nos regala acidez, flores y un equilibrio elegante; La Tejera es pura mineralidad y especias.
El broche de oro lo puso un tinto que es una verdadera pasada, al igual que su homónimo blanco: El Jardín de las Iguales. No tiene los 100 puntos por muy poco. Luis Gutiérrez ha otorgado a esta añada 2023 unos increíbles 99 Parker. ¿Los merece? Rotundamente. Como dice el crítico, este tinto es «el proverbial puño de hierro en guante de terciopelo».
Ah, ¿y qué es lo que constatamos al principio y confirmamos al final? Pues que estos son vinos para disfrutar hoy mismo, ideales para impacientes que buscan placer inmediato. Pero, sobre todo, cumplen la promesa de que el tiempo solo los hará mejores. Su acidez impresionante, pero nunca avasalladora, los convertirá en verdaderas obras de arte embotelladas dentro de unos años.
Más allá de Artadi: El Sequé y Artazu
Tras el recital de Frontonio, pudimos volver a comprobar que la Copa de los Sentidos es una magnífica oportunidad para tomar contacto con los proyectos menos conocidos de grandes mitos vinícolas. Es el caso de Artadi y de sus bodegas en Alicante, El Sequé, y en Navarra, Artazu.

Patricia López de Lacalle, hija del grandísimo Juan Carlos López de Lacalle, fue nuestra guía de lujo en una ruta de saber hacer, respeto por el terruño y sus variedades y sensibilidad con mayúsculas. Primer destino: la Monastrell esplendorosa de El Sequé, que conquista sin paliativos. Nace en el interior, en El Pinoso (Vinalopó) a 100 kilómetros de la costa, brindando mucha fruta madura, notas de sotobosque, jugosidad a raudales pero manteniendo una frescura milagrosa y con gran recorrido. Pleno placer mediterráneo.
La “estación” final volvió a devolvernos a la sempiterna Garnacha para rendirnos a ella en cuerpo, alma y copa. La más versátil y camaleónica de las uvas, en su acepción navarra, es el pilar de Artazu, regalándonos vinos como Pasos de San Martín, un tinto de excelente frescura y finísima factura floral esculpida en suelos calcáreos o el más complejo Santa Cruz de Artazu, monovarietal sostenido en una acidez fantástica que le augura una longevidad más que brillante.
Deslumbradas ya quedamos por el talentazo de la nueva generación López de Lacalle. “Tenemos que frenar a mi padre porque si por él fuera elaboraría en más zonas. No le seguimos el ritmo”, nos confesó, entre risas, Patricia. Si ella lo dice, será cierto. Nosotras solo pudimos constatar que el relevo, cuando llegue, está garantizado y en las mejores manos.
