Favoritos del XIII Salón de los Grandes Blancos

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Un punto de encuentro con los vinos blancos más destacados del panorama nacional. El pasado 1 de junio, Madrid acogió el XIII Salón de los Grandes Blancos, consolidándose como una de las citas de referencia del sector.

Pazo de Señorans, Marqués de Murrieta, Ossian, Pazo de Barrantes, Montecillo, Familia Torres, Jean Leon, O Luar do Sil, Remírez de Ganuza… Más de medio centenar de bodegas concurrieron a este evento, lo que puede darle una pista a quien lee lo complicado que resulta para el asistente decidir dónde pararse a catar.

Con el verano a estrenar, quisimos pasearnos por sus mesas para reencontrarnos con bodegas y referencias ya queridas, pero, sobre todo, conocer las de proyectos a los que aún no habíamos tenido la fortuna de poner cara y copa. En esta ocasión decidimos poner el foco en propuestas menos habituales ya sea por región, variedad protagonista o naturaleza de la propia bodega.

Estos son los vinos de la última edición del Salón de los Grandes Blancos que harás bien en meter en la maleta para combatir la canícula con todas las garantías de calidad y disfrute a raudales.

Pazo de Rubianes

Nos acercamos a esta mesa movidas por la curiosidad. Hace un tiempo, cuando incorporamos estas referencias a nuestro catálogo, ya nos llamaron la atención las fantásticas puntuaciones de sus albariños. Con tan solo cuatro etiquetas en el mercado y producciones muy ajustadas, los vinos de Pazo de Rubianes tenían todos los ingredientes para fascinar, y quisimos constatarlo de primera mano en este salón.

Probamos tres de ellas, empezando por su entrada de gama Pazo de Rubianes. Aunque se mostró lógicamente joven (era la 2025), presume ya de una complejidad sugerente que augura un futuro prometedor. Es intenso, con las típicas notas cítricas y herbáceas de un albariño de raza. Pasamos después a 1411. Su nombre rinde homenaje al año de fundación del pazo, un tributo que extienden a su producción, limitada a rigurosas 1.411 botellas. Tras una crianza de unos 5 meses sobre lías en acero inoxidable, el vino despliega una finura extraordinaria que, unida a su equilibradísima acidez, lo convierte en un blanco de guarda ideal para descorchar en ocasiones especiales; sin duda, uno de los grandes favoritos de la jornada. 

Finalizamos la mesa con García de Caamaño, el albariño que embotella la esencia misma de la bodega y del Salnés. Una joya de guarda que regala notas de fruta madura confitada, matices de bollería y una textura sedosa que lo encumbra como uno de los grandes blancos de España. Sencillamente, impresionante.

Ca N’Estruc

El vino catalán contó con grandes embajadores en esta muestra y la bodega familiar barcelonesa Ca N’Estruc fue uno de ellos. La casa se hizo presente como una seductora introducción al xarel·lo tranquilo en el L’Equilibrista Blanc, monovarietal elaborado a partir de viñas de más de medio siglo cultivadas en Esparreguera.

Su nombre es tan afinado como el armonioso conjunto que constituye, pleno de frescura cítrica, buen volumen por su breve crianza en fudres usados y un final ligeramente salino. Aunque ya solo nos resultó delicioso nos lo imaginamos con una dorada o una lubina a la brasa o un risotto cremoso en un maridaje de diez.

Celler Piñol

Sin abandonar Cataluña, pusimos rumbo a Terra Alta. La D.O. tarraconense no podía dejar de estar representada en el Salón de Grandes Blancos ya que estas tierras son el reino por excelencia de la Garnacha blanca.

Así, nos encontramos con ella en la mesa ocupada por Celler Piñol, proyecto también familiar fundado en 1945 en el municipio de Batea. La viticultura ecológica y la defensa de las variedades tradicionales vertebran su discurso vinícola, del que ya nos sedujeron desde su entrada de gama. Nuestra Señora del Portal Blanco fue nuestro primer contacto de la tarde con la variedad emblemática de Terra Alta, completado por pequeños aportes de otras uvas como Macabeo o Sauvignon blanc, para brindar un blanco afrutado, floral sin complicaciones y muy resultón.  

Los vinos de Celler Piñol en el XIII Salón de los Grandes Blancos

Pero no nos quedamos ahí, subimos de nivel con L’Avi Arrufi Blanco, referencia de la misma casa, en la que ya la Garnacha blanca brilla en todo su esplendor. Extraordinariamente gastronómico, este monovarietal nos conquistó por su riqueza de matices y complejidad, sus aromas de fruta blanca como albaricoque y melocotón pero también florales y herbáceos, que no camuflan su mineralidad y potencia.

Mención también especial merece su Brisada 2024, un vino brisado, como su propio nombre indica, que no deja indiferente por su singularidad. Intenso, con recuerdos de naranja, canela, manzanilla y mucha «chicha», pero a la vez fresco y dotado de una acidez bien vibrante. Para paladares atrevidos.

LaFou Celler

Los dos vinos presentados por Celler LaFou en el XIII Salón de Grandes Blancos

No dejamos la D.O. Terra Alta ni su Garnacha blanca pero sí cambiamos de bodega. LaFou Celler es otra de las casas referentes de esta región, y para la que esta variedad no tiene secretos.

En su «parada» del XIII Salón de los Grandes Blancos, pudimos catar el excepcional gama alta LaFou de Rams, todo un exponente de complejidad, elegancia, volumen y frescura, nacido de una parcela singular de viñas viejas que estuvo mucho tiempo sin ser vinificada por su ubicación en una zona baja. Solo podemos decir que damos las gracias y ovacionamos a quien enmendó tal error.

Junto a él, también probamos LaFou els Amelers. Aquí la Garnacha blanca muestra su perfil más cítrico y floral, con una evocadora nota de almendra tierna, no en vano el nombre de esta referencia rinde honor a los almendros plantados junto a la viña en su parcela de origen. Sutil, preciso y con todo en su sitio. ¿Se puede pedir más?

Uvas Felices

Y de tierras tarraconenses a una de las regiones más en auge de los últimos años. Ni Gredos ni la Albillo real podían faltar en nuestro recorrido. Con ella, Comando G para Uvas Felices firma la versión blanca de su famoso El Hombre Bala.

Emergido de viñas viejas plantadas en los suelos graníticos de la localidad madrileña de Cadalso de los Vidrios, discreto en nariz, pero con boca sabrosa, redonda, densa, con un elegante amargor final que prolonga el disfrute, El Hombre Bala Albillo es una opción fantástica para acompañar gran variedad de platos, especialmente especiados y orientales. Para no cortarse, ponerlo a prueba y, si eres de esos seres maravillosos dotados con el don de la paciencia, guardarlo un par de añitos y dejarse sorprender aún más.

Vinos Feliz 

Nuestra siguiente parada obligatoria fue en la propuesta de Vinos Feliz, siguiendo con la línea de la alegría. Presentan tan solo cuatro etiquetas y todas ellas blancas, algo que no llamaría la atención si no fuera por un pequeño detalle: son los únicos vinos que elabora Félix Marina en Ribera del Duero, apostando todo al blanco en la indiscutible tierra de los tintos.

La estrella absoluta del proyecto es la Albillo mayor, una uva que, a nuestro parecer, históricamente nunca estuvo en el olimpo de las variedades españolas por ser tímida, discreta y difícil de trabajar debido a su delicadeza. Sin embargo, Félix y su equipo han logrado lo impensable, firmando los vinos que más nos sorprendieron y fascinaron de la tarde. Aquí, la Albillo se transforma en una bomba aromática, compleja y sensorial que, por momentos, juega a parecerse a un albariño por su frescura.

Las cuatro referencias de Vinos Feliz en el XIII Salón de Grandes Blancos

Comenzamos con Feliz, un blanco ágil, directo y con una vibrante carga frutal que sirve como la carta de presentación perfecta para entender la finura con la que miman la variedad. Continuamos con Cepas Entre Viñas, donde la complejidad da un salto cualitativo. Procede de viñedos viejos seleccionados y esa madurez se traslada a la copa en forma de una estructura mucho más seria, con marcadas notas minerales y una boca untuosa que llena por completo. 

El siguiente paso fue Félix Marina, el vino homónimo del proyecto elaborado a partir de una selección de parcelas de altura en Finca Buenavista. Aquí la Albillo se muestra profunda y elegante, con sutiles toques de una sabia crianza que aporta volumen sin restar un ápice de esa nitidez tan identitaria de la casa. 

Para cerrar la mesa por todo lo alto, catamos Feliz con pieles (Skins), una interesantísima y arriesgada propuesta de orange wine con maceración pelicular. Es un blanco con alma de tinto, ese perfil «friki» y bien entendido que enamora a los sumilleres, y que a nosotras también nos sorprendió. Estructurado, tánico, complejo y con una paleta aromática que va desde la fruta escarchada hasta los frutos secos. Una auténtica joya que demuestra que en la Ribera el blanco también sabe arriesgar y ganar. Aún no contamos con ellos en nuestro catálogo, pero esperamos que eso pueda remediarse pronto.

Valmiñor: con Minius y Kopke 

Cambiando de tercio, nos acercamos a la mesa de Valmiñor, un rincón fascinante donde compartían protagonismo los vibrantes blancos gallegos y la sublime complejidad de los oportos de Kopke.

Arrancamos con Minius Godello, una referencia de Monterrei que nos sacó por un momento de la tónica general para recordarnos la finura de esta uva a través de un perfil sumamente floral, fresco y con una acidez crujiente que limpia el paladar de manera impecable. A su lado, el clásico Valmiñor Albariño se erigió como el estandarte de la tipicidad de las Rías Baixas. Un blanco directo, afilado y con esa marcada nota salina y cítrica ideal para quienes buscan la esencia pura del Salnés. 

La sorpresa mayúscula llegó al adentrarnos en las elaboraciones especiales y de autor de la bodega. Empezamos por Dávila, un ensamblaje magistral donde la Albariño se complementa con Loureiro y Treixadura para ofrecer una explosión aromática sofisticada con recuerdos a laurel, frutas de hueso y un paso largo y glicérico. Le siguió L-100, una rareza monovarietal de Loureiro que encandiló a los asistentes haciendo brillar esta casta con luz propia gracias a un perfil marcadamente herbáceo, balsámico y de una elegancia muy difícil de encontrar. La contrapartida perfecta fue M-100, un monovarietal de Treixadura con más cuerpo, madurez y una untuosidad en boca que demuestra el tremendo potencial de guarda que alcanza la variedad cuando se mima en el viñedo.

La mesa de Vlamiñor con Minius y Kopke en el XIII Salón de Grandes Blancos

Para finalizar la jornada y poner el broche de oro, decidimos darnos un capricho histórico con los blancos generosos de Kopke, la casa de Oporto más antigua del mundo, cuyos elixires invitan a un auténtico viaje en el tiempo. Abrimos boca con Kopke 10 Years Old White Porto, un vino criado pacientemente en las pipas de la bodega que, tras su color ámbar brillante, despliega un abanico infinito de aromas a miel, corteza de naranja confitada, nueces y especias dulces, con una textura sedosa impecable. 

Pero la apoteosis final llegó con el Kopke White Colheita 2013, un oporto blanco de una sola añada excepcional que destaca por su frescura frutal madura perfectamente ensamblada con los primeros atisbos de frutos secos y madera noble, presumiendo de un equilibrio entre dulzor y acidez sencillamente magistral. Dos perfiles distintos, excelsos e increíblemente interesantes que supusieron el cierre perfecto para un salón inolvidable.

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Nacida en el seno de una familia vinícola, crecí entre las vides de mi tío en la famosa región de Douro. A pesar de ser portuguesa, me he criado en Vigo. "¿Y qué prefieres?, ¿España o Portugal?". Mi respuesta, los dos, soy ibérica como el jamón. El 'true crime', el arte contemporáneo, la historia, comer y beber bien son mi pasión. Estudié Publicidad y Relaciones Públicas, y realicé un máster de Marketing Online con el que me he enfocado en la redacción de contenido web. Siempre me encontrarás escribiendo algo, tengo mil notas por todos lados.

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Madrileña de Aluche de cuna y militancia, licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense y, desde noviembre de 2019, miembro del equipo de Contenidos de Bodeboca. La mayor parte de mi trayectoria laboral ha estado ligada a la información local de mi ciudad en prensa escrita y radio. La casualidad (¿o causalidad?) hizo que cambiara ruedas de prensa, plenos municipales y visitas de obras por historias de bodegas, variedades de uvas y notas de cata con palabras mágicas como sotobosque. Viajar, el mar con los míos, los días soleados, perder la noción del tiempo en un museo y las canciones de siempre de Calamaro, U2 o Bruce Springsteen, son algunas de mis cosas favoritas. Y, por supuesto, si se dan acompañadas de vino, la perfección.