Entrevista a Raúl Acha, director técnico de Vintae

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Seguramente a estas alturas ya habrás probado más de un vino de Vintae, y si no es así, seguro que has oído hablar de ellos o te han llamado la atención al verlos en la estantería de una tienda o en la barra de algún bar. Este compañía de vinos riojana es la creadora de vinos tan sonados como los Hacienda López de Haro (Rioja) o la gama de El Pícaro, El Recio y El Viejo (Toro), por poner algunos ejemplos.

¿Y quién es el responsable de que estos vinos además de llamativos por fuera estén muy ricos por dentro? Pues su responsable técnico, que no es otro que Raúl Acha, un joven riojano enamorado del vino desde su infancia y de una uva en especial: la Garnacha. Con motivo del lanzamiento de la Venta Privada de su proyecto Garnachas de España y del lanzamiento de un nuevo vino de esta colección, el Garnacha Perdida del Pirineo, hemos querido entrevistarlo.

Naciste en 1976 en Cárdenas, un pueblo de la Rioja Alta de apenas 170 habitantes, y tu familia ya se dedicaba al vino desde hacía tiempo. ¿Es así?

Efectivamente, somos una familia del entorno rural compuesta por 5 hijos y yo soy el pequeño de todos. La principal actividad de mi padre siempre ha sido la de viticultor, aunque también tenía una pequeña bodega donde elaboraba vinos cosecheros. Luego cada hermano se ha dedicado a una cosa, salvo mi hermana mayor y yo, que hemos sido los únicos que nos hemos dedicado al vino a nivel profesional. Eso sí, todos hemos hecho nuestros pinitos como viticultores, al menos durante la vendimia, época en la que siempre nos juntamos en el viñedo.

¿Qué persona fue más decisiva en tus inicios?

Yo creo que fueron un cúmulo de personas. Por supuesto mi padre y mi tío, pero seguramente también hubo algún profesor de la universidad que me influyó, como Fernando Martínez de Toda.

¿Dónde diste tus primeros pasos como enólogo?

Casi toda mi carrera ha estado vinculada a mi bodega familiar y a la Compañía de Vinos Vintae, con los que llevo más de 15 años. Además de con ellos sólo he trabajado para otras bodegas a nivel de prácticas, cuando estaba estudiando.

¿Cómo entraste en Vintae?

Pues es una historia curiosa. Lo hice a través de un amigo mío que trabajaba con José Miguel Arambarri, el padre de Ricardo (actual Director General de Vintae) y ahí comenzó nuestra unión. Él tenía viñedo pero no se había lanzado al tema de hacer una bodega. Yo le decía que tenía que montar una bodega. Unos meses después me dijo que se iba a lanzar y me convertí en socio fundador de Vintae, aunque con un porcentaje minoritario. Comenzamos con dos proyectos de golpe a la vez, uno en Rioja y otro en Valles de Sadacia. Era 2001 y comenzamos haciendo una elaboración casi experimental con los vinos de Libalis. 2002 ya fue nuestra primera añada a nivel comercial.

¿Cuántos enólogos formáis parte actualmente del equipo de Vintae?

Están Octavio Madurga (en Bodegas Classica), Carmelo Cámara (en Bodega Maetierra) e Iñaki Olaberri (en Aroa Bodegas). Esas son nuestras tres bodegas propias, luego en otras zonas trabajamos arrendando instalaciones. Pero además en Galicia trabajamos con una enóloga llamada Iria Otero, que es la que nos lleva el asesoramiento de Atlantis, y por último tenemos otra persona a caballo entre Ribera del Duero y Toro que es Mario Pinto. ¡Ah! Y para los Democratic Wines hay otro enólogo que se llama Feliú, que está en Cataluña.

No parecéis una empresa al uso, sino más bien un grupo de amigos que por encima de todo se lo pasa bien haciendo vino.

Una de las cosas que más me gusta es levantarme y saber que mi trabajo me apasiona. Acaba el fin de semana y no me duele pensar que al día siguiente es lunes. En Vintae es cierto que parecemos un grupo de amigos, y eso hace que todo se haga más ameno.

Y encima tenéis un don natural para el marketing… Pocos saben vender vino tan bien como vosotros…

Se le dedica mucho tiempo y es cierto que hay resultados. Estamos muy orgullosos de que ideas y conceptos a los que se les dan muchas vueltas, salgan por lo general tan redondos y gusten.

¿Cuántas veces has escuchado eso de que por muy bonita que sea la etiqueta, si el vino no está bueno no hay nada que hacer?

Eso está claro. Si compras un vino solo por la etiqueta y lo que hay dentro no vale, de poco sirve. La clave es que cuando alguien compre la etiqueta por impacto, luego repita, y eso es lo que nos pasa con nuestros vinos.

¿Crees que el consumo de vino en España aumentaría si hubiese más grupos como Vintae?

Yo creo que sí. De cualquier manera en España hay mucho por hacer para que aumente el consumo a todos los niveles. Seguramente lo que hacemos suma porque intentamos que haya un atractivo añadido y tratamos de acercar el vino al mayor público posible. Esa es nuestra filosofía.

Como responsable técnico de Vintae eres el responsable de seleccionar el viñedo del que se obtienen vuestros vinos … ¿En qué te fijas a la hora de seleccionarlos?

Creo que es algo bastante innato. Influye mucho haber crecido alrededor de un viñedo y haber probado uva desde pequeño. Digamos que es una mezcla de don natural y de experiencia. Tenemos un país muy rico y es muy difícil seleccionar viñedos. Lo que más me gusta es la diversidad de uvas, de suelos… Me parece que España es un país de ensueño para un elaborador.

Por encima de todo eres un hombre de Garnacha. Esta uva es la Cenicienta del vino español.

Efectivamente ha pasado de estar denostada a ser la princesa de nuestro cuento. Hace años se pusieron de moda vinos que daban más coloración que la Garnacha y encima la Garnacha daba problemas de corrimiento. Se seleccionaron clones en Francia pensando sólo en evitar esos problemas de corrimiento y no se usaron los clones cualitativamente mejores. Recuerdo que cuando estaba estudiando Ingeniería, en los años noventa, no se hablaba nada de la Garnacha, entonces estaban de moda las llamadas “uvas mejorantes” (Cabernet, Syrah, etc). Luego de repente se puso de moda, aunque creo que todavía queda mucho que hacer. En Estados Unidos conocen la Garnacha por ser una uva de vino barato, cuando no es ni mucho menos la uva más barata de trabajar. Además todavía hay vinos de Garnacha demasiado pesados, a los que les falta frescura.

¿Y cuál fue el hito que provocó que las cosas cambiaran?

La Garnacha hasta los años 70 era la uva más plantada en Rioja, y nuestros vinos ya tenían prestigio. Luego estaba también Châteauneuf-du-Pape, en el Ródano. Pero fuera de ahí, faltaban más zonas donde la Garnacha se impusiera como uva de calidad. El hecho de que hombres como Álvaro Palacios comenzaran a apostar por la Garnacha en el Priorat creo que fue un paso importante para que se empezara a hablar más de ella. Además influyó que llegaran críticos que empezaran a alabar la Garnacha. Hace 30 años nadie hablaba de las variedades locales, y ahora son una tendencia general.

¿Por qué un aficionado no demasiado familiarizado con la Garnacha debería enamorarse de ella?

La Garnacha tiene la grandiosidad de que incluso en zonas muy cálidas da un líquido con cierta finura y elegancia, eso sí, siempre que esté bien vinificada. Si hubiera sido una variedad francesa, seguro que tendría un reconocimiento internacional parecido al que actualmente tiene la Pinot noir. El aficionado que le dé una oportunidad a esta uva va encontrar una riqueza de matices muy diferentes. No es igual una Garnacha de Rioja Alta, Navarra o la zona más septentrional de Aragón que una Garnacha de las zonas más bajas de Aragón o del Priorat. Es una variedad poco tánica, ideal para iniciarse.

Eres también el creador del Proyecto Garnachas de España, basado en la recuperación de Garnachas viejas. Háblanos de él.

En la creación de este proyecto tuvo mucho que ver mi pueblo, Cárdenas, que es un caso atípico dentro de la D.O.Ca. Rioja, porque es de los pocos que todavía conserva un porcentaje de Garnacha muy importante. De hecho es el que tiene un mayor porcentaje de viñas de Garnacha mayores de 80 años. Dentro de mi casa además ese porcentaje es más alto. Lo que pasa es que como era una uva tan denostada, hemos tenido siempre cierto complejo de inferioridad con ella. Yo tenía esa espina clavada, una especie de amor propio herido, porque a mí como consumidor me gustaba mucho. Pero la historia cambió a partir de 2007, cuando empezaron a demandarnos monovarietales con Garnacha. Al principio pensamos que íbamos a hacer un vino o dos, pero empezamos a viajar y a enamorarnos de viticultores de Garnacha, así que de repente nos vimos haciendo más.

Ahora lanzáis un nuevo vino: el Garnacha Perdida del Pirineo.

En el 2015 tuvimos la suerte de conocer a una persona que tenía un viñedo en un pueblo del extremo norte de la provincia de Zaragoza llamado Uncastillo. Ahora es una zona de muy poco viñedo, pero antiguamente tuvo mucho más. La familia de este viticultor tenía una finca en una situación de altura, ya en el Prepirineo. Fue un descubrimiento, una sorpresa, un viñedo cultivado desde el comienzo ecológicamente, muy integrado con el entorno, y estamos encantados con el potencial que tiene. Da un vino con una integración espectacular, es goloso como las Garnachas de las zonas aragonesas más cálidas pero a su vez al estar a mayor altitud da también mayor frescura. En esta primera añada hemos hecho algo menos de 10.000 botellas.

Un elaborador tan inquieto como tú, suponemos que siempre está en la búsqueda del siguiente proyecto. ¿Qué tienes en la cabeza ahora mismo?

Estamos empezando a ver Garnachas en otras zonas de España como en Toro, en Ribera del Duero, en Arlanza o en zonas castellanas fuera de D.O. También queremos hacer un vino en las Islas Baleares y en Ribeira Sacra, aquí con Godello y Mencía. Y te confieso una locura, acabamos de llegar de Estados Unidos y hemos estado profundizando en el conocimiento de viñedos viejos de secano de California plantados con variedades españolas. Son viñedos del siglo XIX, y nos está empezando a picar el gusanillo de hacer algo con ellos…

Recomiéndanos una buena Garnacha para el día a día y otra para un momento especial.

La Garnacha Salvaje del Moncayo para todos los días y El Garnacho Viejo de la Familia Acha para regalar.