Un camino de vino

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Una ruta vinícola por el Camino francés

Con más de diez siglos de historia, el Camino de Santiago es una escapada que triunfa entre peregrinos de todas partes del mundo. Independientemente de que quieras encomendarte al Apóstol Santiago, vivir una experiencia en solitario o estés deseoso de hacer una escapada al aire libre lo más segura posible, el Camino es una de las opciones más top para este 2021. Ahora toca elegir si quieres hacer tu recorrido a pie, en bicicleta o con nosotros a través de los vinos que se elaboran a su paso. ¿Estás preparado? Busca un buen calzado — o ponte cómodo y elige tu mejor copa.

Por primera vez en la historia las celebraciones del Año Jacobeo se extenderán durante dos años. El también conocido como Año Santo, se celebra cuando la festividad del Apóstol Santiago (25 de julio) cae en domingo y fue instaurado en el año 1126 por el papa Calixto II. La Iglesia católica prometió el perdón de todos los pecados a aquellos que peregrinasen hasta la tumba del Apóstol durante ese año, así que si quieres ganarte el Jubileo, aprovecha porque de lo contrario tendrás que esperar hasta 2027 para tener otra oportunidad. Y si algo hemos aprendido es la importancia de vivir el presente.

Obviando la gran tradición católica que tiene detrás, el Camino de Santiago es una opción cada vez más popular entre viajeros y aventureros de aquí y de allá. Pues además del aliciente espiritual es un viaje de bajo coste, para todos los públicos y donde disfrutar de paisajes maravillosos, buena gastronomía y por supuesto, buen vino. Pues vino y Camino son dos términos que han ido siempre muy ligados.

A lo largo del continente europeo existen incontables Caminos para llegar a Santiago. Nosotros nos decantamos por el Camino Francés para realizar este recorrido vinícola: una ruta que comienza en Saint-Jean-Pied-de-Port, una de las etapas más exigentes y cuya recompensa inmediata viene en forma de  impresionantes vistas pirenaicas que se van dejando atrás y la experiencia de cruzar a pie la frontera entre Francia y España. Y cómo no, un itinerario que pasa por zonas en las que se elaboran algunos de los mejores vinos de España.

En nuestro paso por este Camino de vino nos encontraremos con los extraordinarios rosados navarros; los vinos de Rioja, reconocidos en todo el mundo y los primeros con denominación de origen calificada en nuestro país; la magnífica región del Bierzo y la posibilidad de desviarse por el Camino de Invierno y disfrutar de algunas de las vistas de viñedos más impresionantes de España con las terrazas del Cañón del río Sil, en la Ribeira Sacra

Y si finalmente te animas a vivir esta experiencia de la forma más tradicional, cuando emocionado y con casi 800 kilómetros a tus espaldas llegues a la Plaza do Obradoiro, recuerda: “Santiago no es el final, sino el principio” (Paulo Coelho). Entonces confirmarás aquello que ya sabías, que simplemente se trataba de caminar y de seguir adelante. Buen camino.

Navarra

Son siete las etapas que comprenden Navarra: un recorrido que nos lleva por paisajes pirenaicos de gran belleza hasta campos de cereal y viñedos, una ruta repleta de pueblos, monumentos y puentes medievales.

Dentro de este territorio coexisten la D.O. Navarra y la D.O.Ca Rioja, ya que parte de Navarra está dentro de la subzona de Rioja Oriental, antes conocida como Rioja Baja, con más de 7.000 hectáreas inscritas. De hecho, muchos grandes vinos riojanos son en realidad navarros. El caminante no podrá obviar los rosados navarros, pues esta Provenza española cuenta con algunos de los más representativos de nuestro país. Bodegas como Chivite y Otazu elaboran rosados sublimes.

Es probable que el peregrino se encuentre con más de un vino regulado bajo la I.G.P Tres Riberas, una indicación geográfica con derecho a la tradicional mención Vino de la Tierra, que se utiliza para designar los vinos de mesa navarros, excepto los amparados por la D.O.Ca Rioja.

Una parada obligatoria en este tramo es la famosa fuente del vino de Irache, junto al espectacular monasterio medieval homónimo íntimamente ligado a la tradición jacobea. Una fuente que cuenta con un caño de agua y otro de vino gratis para el peregrino y custodiados por una cámara de seguridad para evitar a quien pretenda abastecerse el Camino.

La Rioja

El Camino Francés cruza La Rioja de oeste a este. Tradicionalmente, este tramo consta de cuatro etapas y existe la posibilidad de realizar un desvío para ampliar a cinco las paradas en esta región. El vino acompaña en el camino a los peregrinos en un viaje en el que la viña inunda el paisaje.

El clima del sur riojano propicia temperaturas más suaves que en Rioja Alavesa o que la zona más septentrional de Rioja Alta. La variedad predominante en estos campos es la Tempranillo, y encontramos también cepas de Garnacha, Graciano y Viura, entre otras. Las bodegas que se sitúan a orillas de estas etapas o a pocos kilómetros de la ruta, como son Finca de los Arandinos, Montecillo o Bodegas Alvia, han conseguido hacerse un nombre propio en el panorama vinícola.

Navarrete es una parada ineludible en este tramo. Las localidades de Nájera, Santo Domingo de la Calzada (donde cantó la gallina después de asada) y los monasterios de Suso y Yuso, en San Millán de la Cogolla, son paradas en las que el peregrino encontrará, además de visitas culturales únicas, un entorno en el que el vino es, junto al Camino, el verdadero protagonista.

Burgos

Castilla, tierra de campos infinitos y lugareños hospitalarios. El Camino Francés transcurre por la provincia de Burgos a lo largo de cerca de 120 kilómetros y cruza la provincia de oriente a occidente. Seis etapas comprenden este tramo de la ruta francesa, siendo Belorado la primera localidad burgalesa del camino y Castrojeriz, la última antes de cruzar el Pisuerga, camino a Palencia.

Las viñas quedan atrás cuando saltamos de La Rioja a Castilla y León. Si bien Burgos es tierra de vino, la mayoría de las cepas quedan más al sur de la provincia, en Ribera del Duero, aunque en el centro también tienen presencia en la D.O. Arlanza. De esta manera, los vinos viajan muy pocos kilómetros desde las bodegas hasta las mesas de los hospedajes de los peregrinos, donde no pueden faltar los tintos robles que acompañen clásicos como el lechazo al horno o a la olla podrida, que tocan el cielo acompañados de la Tinta del País.

Ibeas de Juarros, conocida por el cercano yacimiento de Atapuerca, así como Burgos, con su imponente catedral gótica, Patrimonio de la Humanidad, son algunas de las paradas que el viajero no puede perderse bajo ningún concepto.

Palencia

El Pisuerga, además de pasar por Valladolid, cruza la provincia de Palencia de norte a sur. El cruzar el río por Puente Fitero permite al viajero saber que ya se encuentra en Tierra de Campos, región palentina en la que tampoco falta el buen vino. Fromistá es la primera parada en el camino del peregrino por estas tierras y San Nicolás del Real Camino será la última, justo antes de pasar a León. 70 kilómetros en los que el protagonista es el cereal que inunda las llanuras castellanas.

Al igual que ocurre en Burgos, la Denominación de Origen Arlanza también tiene protagonismo entre las vides de Palencia. Además, el viajero podrá disfrutar de los vinos de Cigales; aunque la mayoría de bodegas de esta zona están en Valladolid, los amantes del vino pueden hacer un desvío en su ruta y disfrutar de los magníficos rosados que se elaboran en dicha denominación.

Carrión de los Condes, localidad de origen medieval que ya aparece en el hurtado Códice Calixtino,  y un sinfín de templos de estilo románico salpican las tres etapas del Camino Francés por tierras palentinas.

León 

El paso por tierras leonesas reserva al peregrino el gozo que suponen los vinos de dos denominaciones: la más desconocida León y la pujante Bierzo. La primera se extiende desde el sur de la provincia hasta el límite con Zamora y Palencia y tiene a la Prieto picudo como variedad emblemática. Esta protagoniza una de las singularidades de la zona, los rosados madreados, llamados así por su técnica de elaboración que incluye la adición de racimos enteros durante la fermentación para dotarlos de más color, cuerpo y el punto de aguja característico.

Cálidos, frutales y con la impronta mineral de sus característicos suelos de pizarra y de un clima suave y benévolo, por su proximidad a Galicia, los bierzos de Mencía y de Godello son muy apreciados en el universo vinícola. Figuras como Álvaro Palacios o Raúl Pérez contribuyeron a poner en el mapa a una región llamada a ser la Borgoña española por la atomización de sus parcelas. La presencia del Camino se palpa en bodegas como Godelia, cuyo símbolo es la concha de los peregrinos o en nombres de vinos como los Ultreia de Pérez, inspirados en el saludo que estos intercambiaban al encontrarse. 

Lugo

El tramo gallego del Camino Francés comienza en O Cebreiro y la llegada a la mítica localidad, tras una dura subida, marca la cuenta atrás para llegar a Santiago. En los municipios de Paradela y Portomarín, nos topamos con la subzona de Chantada de la Ribeira Sacra, denominación que en el mismo nombre deja sentir su influencia divina por el gran número de monasterios que cuajan estas tierras y la relación de los monjes con el cultivo de la vid. Pero es justo recordar que son los viñedos ubicados más al suroeste, en las terrazas del Cañón del río Sil y en las riberas del Miño, los que han dado fama a la región. Podrás recorrerlos si optas por el Camino de Invierno, alternativa empleada en la Edad Media para sortear, partiendo desde Ponferrada, las cumbres nevadas de O Cebreiro.

La viticultura heróica se impone en un terreno escarpado con desniveles de hasta el 85%, que impiden el uso de maquinaria. La recompensa son vinos mayoritariamente tintos de Mencía y de otras autóctonas como Brancellao, Merenzao o Sousón, elegantes, frescos, suaves, de aroma intenso y un marcado toque mineral.

La Coruña

Con la Compostela a tiro de piedra, la última etapa arranca en la provincia de La Coruña. Al sur, se localiza Ribeira do Ulla, la única de las cinco subzonas de la D.O. Rías Baixas que no es pontevedresa. En cualquier caso, la presencia de la denominación con mayor producción de Galicia es palpable. Con más de 4.000 hectáreas de viñedo y 180 bodegas es la región reina gallega y la Albariño su estandarte. 

Existen varias teorías sobre el origen de su cultivo, pero lo cierto es que este se remonta a más de mil años atrás. Los monjes cistercienses, llegados precisamente por el Camino de Santiago, transmitieron su sabiduría para extraer todo el potencial a la Albariño y el clima suavizado por la influencia atlántica hizo el resto. 

Pero no todo es albariño en Rías Baixas. Los tintos frescos, frutales y con un punto de mineralidad van ganando espacio gracias a la recuperación de castas autóctonas como la Caiño o la Espadeiro y al empuje de bodegas y elaboradores como Albamar y Xurxo Alba, Fulcro o Fento Wines. Brindar con ellos, en Santiago de Compostela, tras cruzar el Pórtico de la Gloria, es el mejor final para una aventura épica. 

*Por Cristina Carpintero, Raquel Cuenca y Lucía Gómez de la Calzada.