Entrevista a Telmo Rodríguez

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Siempre a la vanguardia y con la mirada puesta en el terruño, Telmo Rodríguez defiende una idea artesana de elaborar vino basada en la viticultura tradicional y en identificar las características propias del lugar de origen. En 1994 fundó junto a Pablo Eguzkiza la Compañía de vinos Telmo Rodríguez. Casi quince años después, volvió a Remelluri, la propiedad en Rioja que le vio nacer, para tomar las riendas del proyecto familiar. Tras 30 años de trayectoria, afirma que el progreso era un error. El tiempo les ha dado la razón. Cuando nadie apostaba por variedades como la Garnacha, ellos lo hicieron en Navarra. Recuperaron viñas en Gredos y redescubrieron Málaga con los mountain wines. Han sido pioneros y la perspicacia está en que lo han sido poniendo en valor una manera de hacer las cosas que alude a la tradición y a una forma de vida del pasado. Sobre su trayectoria y su manera de entender el mundo del vino alejada de modas hemos hablado con él.

Telmo, ¿cuánto tiempo llevas haciendo vino?

Tengo la sensación de que empecé en el año 1989. Estaba en Burdeos estudiando, había hecho ya varias vendimias fuera, pero en Remelluri fue mi primera añada. Fue muy excitante, venía después de haber trabajado con gente muy buena, era una oportunidad para tomar consciencia de lo que era una elaboración. 

¿Cómo fueron los inicios? Aquel primer vino llamado Alma junto a Pablo Eguzkiza…

Desde el principio nos propusimos luchar por nuestras variedades y por nuestro territorio. Desde entonces hemos seguido en esta línea, la de reivindicar nuestras variedades y hablar de nuestra forma de viticultura. Para nosotros  lo más importante está en el pasado. Con la Compañía empezamos en el año 1994. Decidimos hacer un vino de Garnacha en Navarra, que por aquel entonces estaba totalmente despreciada. Yo había aprendido a valorarla durante mis años trabajando en el Ródano y pensaba que aquí había que recuperarla. Navarra se había convertido como en el Nuevo Mundo, se había plantado Cabernet sauvignon y otras variedades foráneas. El vino tuvo mucho éxito. Como anécdota acerca este vino, me hace gracia que a Parker se le ocurriera escribir que era el Château Rayas español, un vino de Châteauneuf du Pape, en el Ródano, donde precisamente yo había entendido que debíamos recuperar esta variedad en nuestro país.  

¿Cuál es tu filosofía como elaborador?

Intentar entender los sitios donde trabajo. Tanto Pablo como yo somos enólogos buenos pero lo más importante es entender el terreno. No basar el trabajo en las modas, intentar respetar el viñedo. Es una filosofía basada en el lugar.

¿De qué manera el lugar donde se originan los vinos de Remelluri los hace únicos?

Estoy convencido de que Remelluri es la propiedad más interesante de la Rioja, es un sitio muy importante vinculado a un argumento muy importante que es la historia. Las grandes propiedades no se inventan, son históricas. Remelluri es una propiedad vitícola muy antigua, del siglo XVI. Toda la propiedad está llena de vestigios e indicadores que muestran que siempre tuvo una vocación de vino. Remelluri fue un proyecto muy revolucionario y fundamental. A mis padres les interesaba mucho el mundo del vino. Remelluri empezó en los años setenta como el primer proyecto vitícola de la Rioja con una filosofía de viticultura. Se trabaja el viñedo de forma orgánica, era un proyecto basado en la viña. En aquella época los proyectos eran de marcas. Mis padres no hicieron una marca sino una propiedad que con el tiempo ha sido una marca. Tenemos que saber qué hay detrás de una marca. Remelluri tiene detrás viticultura, hay un sitio, hay una historia, una familia… En nuestro país la gente pide una marca pero no sabe lo que hay detrás, a menudo no analizamos lo que hay dentro de una botella de vino.

¿En qué se diferencian los riojas de Remelluri de otros?

Rioja no significa nada. Hay cientos o miles de riojas. Remelluri como propiedad vitícola excepcional o rara es única. Por eso también el gran esfuerzo de no mezclar las uvas. Las de Remelluri son únicas. Desde que volví en 2010 porque mi padre tenía 87 años y mis hermanos me pidieron que tomase las riendas, he bajado a la mitad la producción de Remelluri, ya no entran uvas de viticultores de fuera.  Este es un viñedo muy natural, casi virgen, y necesita esto. Desde entonces las uvas de los proveedores que llevan 40 años trayéndonos la uva a Remelluri hacen los vinos de Lindes, que hemos llamado Lindes de Labastida y Lindes de San Vicente, porque la finca está dividida en dos, una parte en San Vicente de la Sonsierra y otra en Labastida, estamos en Rioja Alta y Rioja Alavesa. Así que estos vinos son un homenaje a ellos. Fuimos un poco pioneros en este sentido de reivindicar los pueblos.

Labastida y San Vicente de la Sonsierra son dos grandes pilares del vino riojano, ¿qué tienen estos lugares?

Son dos pueblos clave en la historia de la viticultura de la Rioja. Labastida es como una isla en Rioja Alavesa rodeada por dos pueblos de la Rioja Alta. Es un pueblo ilustrado, muy importante de nuestra viticultura. De hecho el primer vino moderno de España, al estilo de los de Burdeos, se elaboró en este pueblo en 1760. También fue un gran actor en el importante proyecto del Médoc alavés. San Vicente es un pueblo con profunda vocación vitícola. Allí prácticamente todo el pueblo vive de la viticultura. Se vendimia una semana antes que en Labastida y aunque esté pegando al río Ebro, tiene parte de montaña. Son vendimias con taninos más maduros. Los taninos de Labastida son más finos.

¿Cómo es vuestro viñedo?

Es un viñedo de invierno donde incluso a veces se vendimia con nieve, a una altura de entre 650 y 800 metros. Es extremo, a veces hemos terminado de vendimiar a mitad de noviembre. Es fresco, de montaña. Siempre digo que cada vez más el monte está en el gusto Remelluri.

Elaboras vino en distintos puntos de España, ¿buscas algo en todos estos lugares? ¿tienen algo en común? 

No. El proyecto de la Compañía es sobre todo del noroeste. Me ha interesado mucho esta zona porque considero que es una franja vitícola muy interesante con grandes diferencias de paisajes, es de lo más complejo que podemos encontrar en el mundo. Hay paisajes, gente, comida, variedades, tipologías diferentes. Queríamos entender nuestro país. Hoy en día tenemos 80 hectáreas en total pero en pequeñas unidades en cada sitio, 16 en Rioja, 20 en Ribera del Duero, 23 en Valdeorras, 11 en Gredos, 9 en Málaga… Siempre con pequeñas unidades con las que reivindicamos un tamaño humano. Es importante volver a darle vida a un modelo de viticultura humano.