La experiencia del descorche

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El sonido que escuchamos al descorchar una botella es importante. Va mucho más allá del  compromiso por parte de un tapón de corcho de tapar ese vino a lo largo del tiempo. No estamos hablando de complejos tecnicismos, micro oxigenación ni propiedades biomecánicas. Es una vinculación emocional con el vino y su cultura. Una total y rotunda declaración de intenciones.

Todos los tapones sirven para tapar, su naturaleza biológica se ha formado para ello, pero solamente los tapones de corcho se han creado para responder a esa experiencia de consumidor que estamos hablando. Vino y corcho, dos productos naturales, unidos para salvaguardar un trocito de cultura.

Muchos bebedores de vino desconocen que para llegar a elaborar un tapón de corcho han tenido que pasar unos 35 años desde que se plantó el árbol (Alcornoque o Quercus Suber). Una vez en este punto se extrae la corteza cada 9 años. Para tapones de corcho natural de una pieza en calidades altas, han tenido que pasar al menos 3 cosechas, es decir 62 años.

Para aquellos que elegimos el modo curiosidad en el juego de vivir, sabremos apreciar la suavidad con la que sale un tapón de la botella, la porosidad del mismo. Observaremos también si es un tapón natural, colmatado o aglomerado, su longitud y la marca de la bodega grabada en su cuerpo. Incluso llegar a saber que en el color de los tapones no está implícita la calidad, sino que hace referencia al peróxido utilizado para su lavado.

Cuestión de modas, en Burdeos les gustan los tapones más blanquecinos, en Ribera del Duero más oscuros y en La Rioja opinan que en el punto intermedio está la virtud…lo importante es conocer que este detalle no afecta a la calidad.

Sin embargo, como en muchos órdenes de la vida, la longitud en este caso, jugará un papel importante, ya que además de aportar elegancia a una botella, provienen de las mejores planchas del árbol y posiblemente con mejores cualidades. No solemos darnos cuenta, pero el tapón de corcho nos dice muchísimo de un vino, la próxima vez que abráis una botella os invito a recordarlo.

Roberto Lorente Ucar, socio de Ebrocork.