Hablamos con Jesús Barquín, de Equipo Navazos

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Jesús Barquín es uno de los hombres que inició la revolución del vino en el Marco de Jerez. Junto a su socio Eduardo Ojeda prendió la mecha de una nueva senda inusitada con Equipo Navazos. Como explica Luis Gutiérrez en su libro “Los nuevos viñadores”, Edgar Allan Poe hace alusión en su obra “El barril de amontillado” a lo que significa navazos. Es un huerto en tierra casi ganada al mar, muy próximo a las playas, que fue bastante común en Sanlúcar de Barrameda. Hoy Equipo Navazos es el responsable de que cada vez más se elaboren vinos sin fortificar en Jerez y también de recuperar joyas enológicas rescatadas del olvido que habitaban en soleras de bodegas antiguas. Hemos hablado con Jesús Barquín sobre cómo ha cambiado Jerez desde que iniciaron su andadura, en un hueco en medio de sus viajes, clases en la universidad y su actividad como rastreador de tesoros vinícolas.

Cuéntanos la historia de cómo empezó todo con aquel amontillado en el año 2005. ¿Dónde se encontraba aquella bota y cómo la encontrasteis?

Equipo Navazos nació a finales de 2005, con ocasión de la visita a una pequeña bodega sanluqueña que funcionaba entonces fundamentalmente como almacenista. Después de catar muchas botas de manzanilla, el capataz Luis Gallego nos dio a probar un amontillado excelente que llevaba casi veinte años “parado”. Preguntamos al dueño de la bodega si nos vendería una de las 65 botas, preguntamos a un grupo de amigos si estarían interesados en compartirla y al final seleccionamos dos porque no estaban muy llenas. Algunos sugirieron ¿por qué no un fino o un PX?, así que ya se preveía que después podrían venir otros vinos y decidimos numerarlos. Así nació La Bota de Amontillado Nº 1 “Navazos”.

Las ventas en tiendas no llegaron hasta el 2007. ¿Fue algo que perseguisteis o era una demanda del público?

No teníamos nada planificado, es algo que sucedió. En el grupo había profesionales del vino y algunos de ellos nos propusieron hacer un número adicional de botellas para ponerlas en el mercado. Teníamos dudas, pero tanto a las bodegas como al Consejo Regulador les pareció buena idea. Con su apoyo y contando con que esos profesionales se encargarían de la parte comercial, decidimos tirar hacia adelante. Poco a poco Equipo Navazos ha ido sacando más vinos hasta llegar a las ediciones 78 y 79, que se embotellarán en las próximas semanas.

Estás considerado uno de los hombres que iniciaron la “revolución” de los vinos de Jerez, que ha propiciado en cierto modo un revival. ¿En qué ha cambiado Jerez desde entonces?

Creo que lo más relevante es el movimiento de los vinos blancos de crianza biológica sin fortificar, que iniciamos nosotros en 2008 con Navazos-Niepoort, seguido de Florpower a partir de la añada 2010. Espero que no suene demasiado inmodesto, pero estamos orgullosos de ser pioneros en una iniciativa que hoy está dando unos frutos muy ilusionantes y de gran calidad gracias a gente joven como Fernando Angulo, Victoria Frutos, Ramiro Ibáñez, Willy Pérez y otros que siguen el camino marcado por mi socio Eduardo Ojeda. Por otro lado, creo que hemos contribuido a un cambio en la percepción que se tiene de los vinos tradicionales andaluces entre los grandes conocedores del vino, sobre todo fuera de España, al mostrar que los grandes vinos de Sanlúcar, Montilla y Jerez son sublimes, a la altura de los grandísimos vinos del mundo. Esto era algo indiscutible en otras épocas, pero hasta hace una docena de años el prestigio de antaño se había desvanecido en gran parte.

FlorPower fue un vino pionero que ha marcado tendencia. ¿Cree que elaborar vinos de este tipo, sin encabezar y redondeados por la crianza biológica es un camino importante a seguir? ¿Deberían ser amparados por el Consejo Regulador?

Sin duda a lo primero. Creo que con estos vinos se abre una oportunidad inimaginable en otras zonas: vinos que pertenecen rabiosamente a la tradición de la zona, de terruño, que permiten que pequeños productores se incorporen al negocio vinatero sin necesidad de enormes inversiones en inmovilizado y que al mismo tiempo suponen una revitalización de la imagen exterior y, lo que es más importante, producen un efecto ilusionante en el entorno local. Por lo demás, que estén dentro o fuera de la Denominación de Origen es una cuestión por ahora secundaria. Lo importante es que se hagan las cosas bien: respetar la viña, controlar los rendimientos, seguir prácticas enológicas tradicionales que contribuyen a resaltar la autenticidad de la zona, rehuir filtrados y clarificados homogeneizadores… En decir, la fórmula que funciona con el vino de calidad en todas las partes del mundo. Si se hace así, la incorporación al Consejo Regulador llegará por sí sola.

Vinos de pago, producciones más bajas, precios más altos y menor número de botellas… ¿Crees que el futuro de Jerez va por ahí o piensas que quienes apuestan por esto seguirán siendo minoría?

Creo que convivirán ambas líneas, la de los vinos sin fortificar y la de los vinos fortificados. La calidad de los grandes finos, manzanillas, amontillados… es tan extraordinaria que sería imperdonable dejarlos atrás. Se trata de abrir una puerta a un nuevo espacio plenamente compatible que ofrece una oportunidad para la zona en general y para cada productor en particular. Como sucede con casi todo, unos la aprovecharán mejor que otros, pero espero que el balance global sea muy favorable.

¿Qué crees que hay que hacer para atajar la caída del consumo de vino en España?

No se trata tanto de que se beba más vino como de que se beba más vino de calidad y asociado a la dieta. No puedo expresarme a favor de un aumento del consumo de vino sin matices, porque el vino contiene alcohol. De lo que sí soy partidario acérrimo es de promocionar un consumo moderado, integrado en la alimentación cotidiana, de la que forma parte en nuestro ámbito cultural desde hace milenios. Defender la cultura del vino es, además, una manera de defender la civilización de raíz grecolatina a la que pertenecemos. No creo que sea casualidad que los grandes mercados del vino sean las grandes democracias europeas, de los extremos norte y sur de América, de Oceanía…

¿Qué vinos bebe Jesús Barquín?

Como vinos de diario: manzanilla pasada, finos viejos, champagnes con dosage bajo o brut zéro, nuestro Colet-Navazos, tintos frescos españoles de garnacha, franceses de gamay y pinot noir, vinos gallegos blancos y tintos… En plan más especial, tengo una buena colección de viejos riojas y barolos y barbarescos, algunos borgoñas, burdeos y otros vinos de guarda, además de viejos jereces por supuesto.

¿Cómo se compatibiliza la intensa actividad en el mundo del vino con las clases de Derecho Penal en la Universidad de Granada?

Durante décadas he dedicado buena parte de mi tiempo libre a la cultura del vino y a la gastronomía, como catador y escritor. Es una afición que me sigue haciendo pasar muy buenos ratos y que a la vez me hace disfrutar más y mejor de mi trabajo como profesor y jurista. Tengo la sensación de que esta afición tan potente me facilita encarar con frescura renovada las clases y mi actividad investigadora. El mundo del vino es fascinante, pero mi mayor reto es contribuir a formar buenos juristas, porque creo que la sociedad los necesita y porque el mundo del derecho me apasiona ahora tanto o más que cuando comencé la licenciatura hace treinta y seis años.

* Crédito de imagen: Estanis Núñez.