Entrevista a Pedro Ruiz Aragoneses

|Categoría

1982 fue un año importante para la buena mesa de nuestro país. Ese año se fundó la D.O. Ribera del Duero y abrió sus puertas en Segovia el mítico restaurante José María, famoso por su cochinillo. Pero también ese año nació Pedro Ruiz Aragoneses, hijo del propio José María. Pedro es desde 2007 el director general de Pago de Carraovejas, la bodega vallisoletana que se ha convertido en la última década en uno de los grandes fenómenos vitivinícolas de España.

Pedro Ruiz en su bodega.

¿El vino y el cochinillo tienen ya la misma importancia en casa de los Ruiz Aragoneses?

El restaurante fue el origen de todo, y Pago de Carraovejas nació con la intención de ser más bien un acompañamiento. Yo en tono de broma siempre digo que el vino es algo que se nos ha ido de las manos (ríe). Es verdad que son dos mundos muy distintos, pero el origen fue el restaurante. Es curioso como al principio el reclamo de la bodega era el cochinillo y ahora mucha gente visita el restaurante para beber Carraovejas, pero son dos partes indivisibles y cada una aporta lo suyo a la otra.

Eras el único de tus hermanos que acompañaba a tu padre a visitar la viña al poco de haberla adquirido. ¿Qué recuerdos tienes de aquellos años?

Los hermanos siempre hemos estado más vinculados al restaurante y la bodega se ha vivido con más distancia. Es cierto que era el único que acompañaba a mi padre, quizás por la inquietud de querer conocer un poco más o por casualidad, no lo sé, pero yo me sentaba y escuchaba hablar a mi padre, cataba como podía y estaba atento a todo lo que él hacía en bodega, pero nunca pensé que me iba a encontrar en la posición que me encuentro hoy en día.

¿Qué es lo que más has aprendido de él?

Mi padre me ofreció la posibilidad de ponerme al frente de la bodega con solo 24 años y eso fue un reto, porque yo ya había estudiado Psicología y estaba ejerciéndola con éxito, pero es algo que me ha ayudado muchísimo, y puedo aplicar muchas cosas de la psicología en mi trabajo. Sobre mi padre, él siempre ha estado más volcado en el restaurante que en la bodega, y desde que yo estoy al frente todavía más, pero he aprendido de él que hay cosas que son inegociables, como la calidad. Lo más importante es irte a dormir tranquilo porque sabes que has hecho todo lo que has podido para las cosas salgan bien.

¿Soñabas con convertir Pago de Carraovejas en la bodega que es actualmente?

Siempre sueñas con que las cosas salgan lo mejor posible, pero siendo realista hubiera sido imposible imaginar que se convertiría en lo que se ha convertido. Empezamos con 10 hectáreas y ahora tenemos más de 200, y estamos entre 4 y 6 meses al año sin vino porque no podemos atender la demanda, y todo eso lo asumimos con una gran responsabilidad. Yo siempre digo que la bodega ya casi ni nos pertenece.

Botella de Pago de Carraovejas 2016.

¿Cómo definirías el “fenómeno Carraovejas”?

Sí hay algo que define al “fenómeno Carraovejas” es que la pasión está por encima del negocio, y eso es lo que nos hace avanzar. Evidentemente las empresas tienen que ser rentables, pero sobre todo queremos ofrecer al mundo un vino que cada día sea mejor. Diría que es un proyecto apasionante en el que las expectativas son muy altas, pero aun así se siguen superando, y nos queda mucho por aprender. Carraovejas antes de que yo estuviera al frente ya era una empresa de éxito y, sin embargo, hemos tocado muchas cosas para conseguir que vaya mejor todavía. Para ello es fundamental anticiparse a los cambios que vienen a futuro.

¿Está entre vuestros planes elaborar nuevos vinos?

En Carraovejas la demanda es el doble o el triple de lo que elaboramos, y de los vinos que ya tenemos en el mercado no queremos hacer más cantidad porque podríamos comprometer su calidad. La única forma de crecer es la diversificación. En ese sentido, llevamos unos años buscando zonas de la Ribera del Duero más frescas, con otro tipo de suelos, con viñas prefiloxéricas y con las que podamos ofrecer al mundo una Ribera del Duero diferente. De momento es un proyecto pequeño y este es el primer año en el que hemos hecho pruebas de vinificación. Quizás dentro de dos o tres años podamos ofrecer un nuevo vino en este sentido, pero solo si estamos completamente convencidos.

Además tenéis en marcha el proyecto de abrir un hotel.

Es algo que nos demandan los clientes que vienen a visitar la bodega. Dentro del Valle de Carraovejas está el Valle de Espantalobos, donde también tenemos plantado viñedo. Es una zona en la que creemos que podemos aumentar la experiencia que los clientes tienen cuando vienen a visitarnos, y ya tenemos un primer boceto redactado por los arquitectos. La idea es crear un pequeño hotel, con no más de 15 o 20 habitaciones, pero eso sí, todas orientadas al viñedo, con su chimenea francesa y con una piscina infinita para que la gente pueda bañarse rodeada de viñas. Se trata de poner en valor la zona para que la gente la descubra.

Botella de Ossian 2016.

Y en 2013 adquiristeis Ossian, ubicada en la zona de Nieva. ¿Qué planes tenéis con esta bodega a corto plazo?

Siempre decimos que no compramos proyectos, sino que damos continuidad a proyectos existentes, y en ese sentido, cuando llegamos a Ossian nos encontramos con una bodega muy singular. Como segovianos que somos, entendemos Ossian como un patrimonio único, y tenemos que ser capaces de elaborar grandes vinos blancos con la materia prima que nos proporciona, que cuenta con las primeras plantaciones de Verdejo de España. Nuestra intención es conocerlo bien, aprender a manejarlo de la manera más adecuada y ponerlo en valor. En ese sentido en febrero comenzaremos el proyecto de la nueva bodega, que nos permitirá trabajar con mucho más mimo.

Para terminar, ¿cuál es tu deseo de cara al futuro en todo lo que tiene que ver con vuestro negocio?

Tenemos la obligación y la responsabilidad de seguir avanzando. Hay muchas zonas interesantes en España y en el mundo, como Galicia, donde me gustaría que algún día pudiésemos estar presentes; o en la Rioja Alavesa, por lo que representa como origen del vino español y donde ahora creo que hay mejores vinos que nunca. También tenemos el reto de posicionar nuestros vinos a nivel internacional y de aprender a manejar mucho mejor la poda, donde creo que está uno de los grandes retos de la viticultura de los próximos años.