Cultura de vino

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Uno de los grandes clichés de nuestro mundo es que “tenemos que recuperar la cultura del vino”. Esta es la supuesta solución, propuesta por muchos, a uno de los consumos de vino per cápita más bajos de Europa. Tengo mis dudas. No creo que en España hayamos tenido alguna vez una verdadera cultura del vino. Sí, se tomaba más vino, pero fundamentalmente porque era el alcohol que se tenía más a mano. Y antes como parte de una dieta tradicional, más por su aporte calórico que por su cultura.

Creo que debemos superar el cliché y empezar a construir – por primera vez – una verdadera cultura del vino. Empezando con el reconocimiento de que el vino es precisamente esto, una manifestación cultural, producto de una tradición y de unas condiciones de cultivo. Una identidad expresada en la copa, que nos puede dar placer intelectual y estético, incluso emocional, además del organoléptico y gastronómico.

Una verdadera cultura del vino también va ligada a un consumo inteligente y moderado, como parte de un estilo de vida sano y de la dieta mediterránea, tan en peligro de extinción. En mi caso, como profesional, tomo vino constantemente, pero de manera moderada. No tomo destilados, difícilmente capaces de trasladar a la copa una identidad cultural más allá de notas terciarias derivadas de su envejecimiento. Pero aunque solo tomemos los fermentados más nobles, debemos hacerlo de forma consciente y buscando la apreciación global del producto. Me resulta triste la moda de los “skylines” de botellas en Instagram, mostrando cementerios de largas filas de botellas vacías y textos que se jactan de la cantidad de vino que son capaces de ingerir sus autores. Eso no es cultura del vino, es vanidad y postureo. La cultura del vino debe dignificar la atención al líquido, la belleza del momento, el disfrute, la justa medida y el espacio y el tiempo necesarios para comprenderlo.

Una verdadera cultura del vino debe además manifestarse en la diversidad del consumo, manteniendo el paladar afilado y la mente abierta. Diversidad de estilos, de orígenes y de niveles de precio. Me cuesta comprender a aquellos que solo beben tinto, a los que solo beben Champagne o a los que ahora, tan de moda en restaurantes gastronómicos, solo beben Jerez. Intuyo ahí una tímida ignorancia de otros estilos, o cierta inseguridad que a veces alimentan los snobs del propio sector. Cultura del vino es mente abierta a descubrir blancos, tintos, rosados, naranjas, espumosos y fortificados. De todos los orígenes, zonas clásicas y emergentes, de aquí y del otro lado del globo.

Cultura del vino es también entender que nuestro gusto evoluciona y cambia durante la vida. Y que podemos elegir lo que bebemos no solo por la comida, sino también por el momento, la situación y la compañía. Tan bueno puede ser un rústico vino cosechero con unas sencillas tapas entre amigos como un Grand Cru guardado en nuestra bodega para esa ocasión especial o disfrutado en un gran restaurante.

Llevo más de veinte años bebiendo, catando, elaborando y estudiando el vino. Y a pesar de ello, mi conocimiento abarca sólo una fracción de este maravilloso e inagotable mundo. Seguiré aprendiendo y disfrutando, con humildad y curiosidad, ampliando mi cultura del vino.

Andreas Kubach MW

Master of Wine, productor de vino y empresario hispano-alemán con más de 20 años de experiencia en la dirección de bodegas.