El Everest del vino

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Por Álvaro Ribalta MW*

El paralelismo entre conseguir el título de Master of Wine y escalar montañas es claro. De hecho, existen innumerables citas de montañeros históricos fácilmente aplicables a la empresa de conseguir este preciado título. Desde las que expresan que lo más gratificante no es el llegar a la cima sino el trayecto en sí, hasta las que ensalzan el grado de superación requerido para conseguirlo o las grandes dosis de humildad necesarias en un eventual fracaso.

El caso es que conseguir el título de Master of Wine (MW) no es tarea fácil. Quizá por eso me embarqué en tal aventura. Cuando te lo describen como uno de los logros más difíciles de conseguir en este sector, uno no puede evitar preguntarse: ¿seré lo suficientemente bueno (digo, loco) para lograrlo?

Contrariamente a lo que mucha gente piensa sobre esta certificación, un Master of Wine no lo sabe todo sobre el mundo del vino. Aunque es cierto que hay que demostrar unos conocimientos muy amplios del sector, es humanamente imposible saberlo “todo” de un universo tan amplio como el que nos ocupa.

Además de comprender un temario amplísimo y unas pruebas de cata con un porcentaje de aprobados de solamente un 10%, el trayecto para conseguir las preciadas letras tras tu nombre presenta muchas más dificultades que raramente se conocen.

Álvaro Ribalta MW

Al cubrir todas las disciplinas desde la plantación de una viña hasta la venta de vino a granel, pasando por el conocimiento de la química del vino, es imposible no flojear en algún tema en concreto. El saber reconocer nuestras propias debilidades y trabajar para mejorarlas es un ejercicio de modestia recomendable a todo profesional que se crea un maestro en su sector.

Partiendo de tal premisa, lo más normal es suspender (una o varias veces) alguna de las convocatorias a exámenes que solamente se dan lugar una vez al año. El encontrar la motivación para seguir después de recibir un duro revés es parte fundamental en un eventual éxito. Al igual que en una expedición alpina, se dan circunstancias que pueden lastrar u obstaculizar la subida (el mal tiempo, una lesión, un accidente, etc.). Solamente aquellos aspirantes con mayor tenacidad sabrán sobreponerse al estrago para volver a intentarlo una y otra vez.

La aceptación de este reto se suele dar en una etapa de madurez tanto profesional como personal, sucediendo a menudo a la vez que otros hitos paralelos como una promoción en el trabajo o la ampliación de la familia, añadiendo horas a una ya de por sí apretada agenda. En consecuencia, el no acabar el trayecto no debe verse nunca como una derrota. Hay infinidad de utilidades del Master of Wine que uno puede aprovechar, la más importante de las cuales es sin duda la calidad humana de cada una de las personas que integran el programa de estudios.

La confianza que se deposita en tu compañero de cordada es difícilmente extrapolable a otras situaciones mundanas. Existe un convencimiento de que la otra persona vela en todo momento por tu seguridad, y la persecución del éxito común prevalece sobre cualquier superación personal. Pues bien, en un programa de estudios tan intenso a nivel individual, sería casi imposible llegar a la meta sin la colaboración de más estudiantes, compartiendo conocimientos y dando puntos de apoyo a aquellos con los que nos tropezamos por el camino.

Sin duda, las relaciones con otros profesionales es el activo más importante de esta calificación. Durante los años de estudio, que son un mínimo de tres, se debe viajar a regiones vitivinícolas, hablar con viticultores, enólogos, compradores, embotelladores de vinos a granel, tenderos, agentes y un sinfín de expertos en sus áreas de influencia. Cuanto antes se da uno cuenta que siempre habrá alguien que sabe más que tú de cualquier tema a tratar, menos dura será la caída. O como dijo el alpinista austríaco Hermann Buhl: “Las montañas saben cómo lidiar con la arrogancia”.

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*Álvaro Ribalta es el último español que ha obtenido el prestigioso título de Master of Wine. Tras 15 años viviendo en Londres, volvió a España en 2021 y, desde entonces, sigue trabajando para la importadora Indigo Wine. Además, está a punto de lanzar un nuevo proyecto personal llamado Massal Selection.