Cinco uvas latinoamericanas a las que prestar atención

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Latinoamérica es una de esas grandes zonas del mundo donde descubrir variedades de uvas menos conocidas, que probablemente estén ya extinguidas en el viejo continente europeo. Hoy te contamos algunas curiosidades de algunas de ellas para que las tengas en tu radar si estás pensando en comprar vino de algún país de América del Sur.

Carménère: de origen francés, se salvó de la extinción tras confundirse con la Merlot cuando se transplantó en Chile. Y es que ambas son uvas que tienen un perfil similar: ligeras, jugosas y con taninos suaves. El valle del Rapel y Colchagua, en Chile, ofrecen grandes versiones de esta variedad en forma de vino.

Malbec: puede que esta sea una de las uvas latinoamericanas más conocidas. Hace veinte años nadie bebía vinos de Malbec, ni siquiera en Francia, donde se traduce como «mal pico», hasta que se produjo el boom en Argentina y hoy es una de las uvas más consumidas internacionalmente.

País: fue una de las primeras variedades plantadas en América. En Argentina se conoce como Criolla y en Chile como Misión, ya que llegó a Latinoamérica con las misiones de españoles en el siglo XVI. Por eso ha sido tradicionalmente la uva con la que se elaboraba el vino de misa, pero también se utilizó para hacer vinos fortificados tras el asoleo de las uvas.

Torrontés: la blanca latinoamericana por excelencia. Con el mismo nombre que la blanca gallega pero poco que ver con ella más allá de eso. La Torrontés argentina recuerda más a una Moscatel, por sus aromas florales, frutales y tropicales que pueden hacer pensar que se trata de un vino más dulce, aunque esté elaborado como seco.

Tannat: la variedad emblemática de Uruguay. De elevada acidez y taninos. Los mejores vinos de esta uva se revelan con el tiempo, tras una larga crianza y reposo en botella. Su fuerza y poderío hacen que muchos productores opten por combinarla con otras variedades como la Merlot o la Pinot noir.