Cava: un superventas mundial

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El cava es el espumoso con más arraigo en España. Su excelente relación calidad-precio hace que sea el segundo espumoso más vendido en todo el mundo, por detrás del champagne. No obstante, antes de hablar de este tipo de vino, hay que entender de dónde procede su nombre.

En las cuevas donde tradicionalmente se han elaborado este tipo de vinos está el origen del cava. Hoy, cava es el nombre de una denominación de origen que no se suscribe a una región geográfica únicamente. Esta designación trata de garantizar unos estándares de calidad para este tipo de vino que actualmente se elabora en 160 municipios de 7 regiones españolas distintas. En Cataluña, y especialmente en el entorno de Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona), es donde se concentra cerca del 85% de la producción total.

Precisamente fue en Sant Sadurní d’Anoia donde un grupo de productores se dejaron llevar por la curiosidad e intentaron poner en práctica el método francés de elaboración de espumosos. En el año 1872, José Raventós hizo cava por primera vez en España siguiendo el Método Tradicional de Champagne. Desde entonces, esta es la técnica habitual empleada para la elaboración de este vino.

Hoy, el cava nace en un terruños heterogéneos, en viñedos cuya altitud oscila entre los 200 y 300 metros, hasta zonas que superan los 800 metros. Este tipo de espumoso se elabora a partir de distintas variedades, pero hay tres uvas blancas principales: MacabeoXarel.lo y Parellada, a las que se añaden otras como Chardonnay, Malvasía, Pinot Noir, Garnacha Tinta, Monastrell y Trepat.

El grado de dulzor es otro de los aspectos que define el tipo de cava, desde el menos dulce -Brut Nature- sin azúcar añadido, pasando por el Extra Brut (hasta 6 gramos de azúcar por litro), Brut (hasta 15 gr/l), Extra Seco (12-20 gr/l), Seco (17-35 gr/l), Semi Seco (33-50 gr/l) y Dulce (más de 50 gramos de azúcar por litro).

El cava es uno de las mejores parejas en un maridaje con aperitivos. El verano es la época del año en que las comidas suelen ser más ligeras. Este es el momento perfecto para descubrir este vino. Eso sí, siempre servido a una temperatura óptima (entre 8 y 10ºC) que permita que disfrutar de su frescura y acidez en todo su esplendor.