Burdeos: el momento es ahora

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En invierno, cuando el fuego chispea y los guisos calientan el alma, muchos ponemos nuestra mirada en Burdeos. Su nombre evoca siglos de elegancia y una manera de entender el vino que ha marcado el rumbo del mundo. Desde sus míticos châteaux, ha inspirado a generaciones enteras de viticultores y amantes del vino. De hecho, pocas regiones han influido tanto en el imaginario colectivo. Burdeos no es solo un origen, es una promesa de placer que hoy queremos redescubrir a través de nueve referencias perfectas para estas fechas señaladas.

Château Lafite Rothschild, emblemática propiedad de Burdeos
Château Lafite Rothschild, emblemática propiedad de Burdeos

Durante siglos, el destino de Burdeos se escribió entre la tierra y el mar. Desde que los ingleses descubrieron el claret en la Edad Media, sus vinos navegaron hacia las mesas más privilegiadas de Europa. Las grandes casas del Médoc, los tintos profundos de la margen derecha, los blancos minerales de Graves o los dulces dorados de Sauternes construyeron una reputación que parecía inquebrantable. Tanto que en 1855, la célebre clasificación imperial consagró ese prestigio y dibujó un mapa de poder que aún hoy perdura en la Classification officielle des vins de Bordeaux elaborada por Napoleón III.

Pero los mitos también envejecen, y hoy, Burdeos atraviesa una de sus mayores crisis en décadas impulsada por la caída del consumo interno en Francia, la competencia global, el cambio climático y del gusto de los propios consumidores, más abiertos y menos jerárquicos. Estos factores han dejado heridas visibles: miles de hectáreas de viñedo y viticultores luchan por sostener su legado en un mercado que ya no responde a las viejas reglas.

Y, sin embargo, en esa vulnerabilidad late una oportunidad. ¿Es Burdeos capaz de reinventarse? La respuesta la encontramos tras la fachada de los grandes châteaux, que aunque siguen fieles a su estilo y tradición también buscan nuevos ángulos. Son nuevas generaciones, jóvenes que trabajan en ecológico y que exploran denominaciones satélite originando vinos más frescos, sinceros y transparentes. 

Así, mientras los precios se ajustan y el mercado se abre, los consumidores encuentran una nueva ruta hacia Burdeos. En Bodeboca lo vemos claramente: nunca habíamos tenido tantas y tan buenas referencias como en la recién estrenada añada 2022, una de las mejores de los últimos años, por cierto. El momento de aprovecharlo, es ahora.

Por eso, hoy queremos reenamorarnos de esta célebre región a través de nueve etiquetas únicas: desde grandes nombres de la enología mundial a joyas menos conocidas y más asequibles que abren la puerta a un universo apasionante. 

Imagen de la fachada de Château Palmer en Burdeos
Fachada del Château Palmer

Château Palmer: nombre inglés, alma bordelesa

No se puede hablar de Burdeos sin mencionar la denominación de origen Margaux, situada al sur del Médoc. Aquí se encuentra desde hace más de 200 años Château Palmer, que debe su nombre a un oficial inglés que en 1814 compró la propiedad a una familia local. La historia es importante, pero lo que resulta aún más interesante es cómo esta casa ha sabido renovarse, pasando desde 2014 a las prácticas de cultivo biodinámico, una decisión madurada tras años de experimentación, y que pone en evidencia el cambio que atraviesa la región. Su viñedo se ha beneficiado sin duda de ello, al igual que su vino principal, que en la excepcional añada 2022 ha obtenido el aplauso general de la crítica internacional.

Además, la bodega elabora un segundo vino que es realmente excelente. Alter Ego procede de las uvas de los mismos viñedos del prestigioso Château Palmer, pero con un coupage ligeramente diferente y con un estilo más fresco y dinámico. Es perfecto para un consumo inmediato, aunque también está dotado de una muy buena capacidad para evolucionar con el tiempo. En suma, supone una elección más asequible y es ideal para darse un capricho sin tener que esperar años para disfrutar de estas obras maestras en su apogeo.

Lafite Rothschild: en el corazón noble del Médoc

También en la orilla izquierda se encuentra Pauillac, cuna de algunos de los vinos más prestigiosos de Burdeos. Sus suelos de grava profunda y drenaje perfecto crean el escenario ideal para que la Cabernet sauvignon alcance su máxima expresión. Aquí se alzan châteaux legendarios como Latour, Mouton Rothschild o Pichon Baron, monumentos al tiempo y al savoir-faire.

Entre ellos destaca Château Lafite Rothschild, Premier Cru Classé desde 1855 y símbolo eterno de perfección. Fundado en el siglo XVII por la familia Ségur y elevado a mito por el barón James de Rothschild, Lafite encarna la cima del refinamiento bordelés. Su añada 2010, galardonada con el soñado triple 100 por The Wine Advocate, Decanter y Wine Enthusiast, es una obra maestra de equilibrio entre potencia y sutileza.

Un Lafite no es solo un vino, es un objeto de deseo para coleccionistas, un símbolo de lujo y herencia. Poseerlo es sostener un fragmento de eternidad; compartirlo, un acto de amor por la belleza imperecedera. En un mundo que corre sin frenos, una joya como esta nos recuerda el valor de la espera: el mejor regalo que puede transmitirse a las generaciones futuras, donde cada sorbo es memoria, legado y sueño hecho vino.

Imagen de la Sala de barricas de Lafite-Rothschild
Sala de barricas de Lafite-Rothschild

Chasse-Spleen: el favorito de los poetas románticos

Seguimos en la orilla izquierda. En el Haut-Médoc se encuentra una denominación muy pequeña, pero con mucha historia y vinos muy elegantes y gastronómicos: Moulis-en-Médoc. El château más emblemático de esta zona tiene un nombre bastante llamativo: Chasse-Spleen, que en español podría traducirse como “disipar melancolía”.

Cuenta la leyenda que su nombre nació de un comentario de Lord Byron tras degustar uno de los famosos tintos de la bodega. A pesar de esta importante referencia al romanticismo, Chasse-Spleen alberga una gran colección permanente de arte contemporáneo, convirtiéndolo en un destino ideal para una ruta enoturística en la región. Pero hablando de “arte líquido”, la sólida reputación que este château se ha labrado se refleja perfectamente en su añada 2022 que también en este caso ha regalado a los aficionados un vino intenso, vibrante y memorable.

No hay que andarse con rodeos, cuando se acercan las fiestas navideñas, el factor precio tiene su importancia, y precisamente por las características de esta excelente cosecha, podemos exhibir en la mesa un gran vino a un precio relativamente contenido y con una interesante anécdota que contar. ¿Ayudará a disipar la melancolía? Probar para creer.

Montrose y Saint-Estèphe: Vive la résistance !

Un poco más al norte, encontramos Saint-Estèphe, que entre las apelaciones del Médoc ha sido siempre la más resiliente. Un lugar donde el Atlántico y el estuario del Gironda imprimen su carácter. Los suelos de grava y arcilla aportan vinos estructurados, con taninos firmes, frescura prolongada y una capacidad de guarda encomiable. Saint-Estèphe exige paciencia y respeto, pero recompensa con elegancia sobria y potencia contenida.

Aquí encontramos nombres como Cos d’Estournel, Phélan Ségur o Château Montrose. Este último es un Deuxième Grand Cru Classé de 1855, una de las expresiones más puras de la región. Su viñedo disfruta de un microclima privilegiado en medio de este difícil terroir, en el que las brisas del Gironda moderan las temperaturas y protegen las viñas de heladas, un detalle crucial para la extraordinaria añada de 2022.

Ese año extremo, de calor y sequía, puso a prueba incluso a los grandes. Pero Montrose respondió con un vino monumental. De hecho, fue calificado con 100 Parker por William Kelley, quien afirmó que “asignarle un rango parecía una mera formalidad”. Un clásico que combina potencia y precisión, y resume a la perfección el espíritu de Saint-Estèphe: la grandeza nace siempre de la resistencia.

Vistas del viñedo de Château Montrose al Gironda
Vistas del viñedo de Château Montrose al Gironda

Troplong Mondot: un faro en Saint-Émilion

Cruzamos ahora a la margen derecha. En la colina más alta de Saint-Émilion, se alza Château Troplong Mondot, cuya historia se entrelaza con la del propio pueblo, enclave medieval declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, famoso por sus bodegas excavadas en la roca caliza y laberintos subterráneos. 

Aquí, la Merlot reina desde hace siglos, moldeando vinos sedosos, intensos y codiciados. Su Premier Grand Cru Classé, emblema de la propiedad, rivaliza con leyendas como Cheval Blanc o Angélus, símbolos de esta histórica apelación. 

Aunque la tradición sigue jugando un papel fundamental, en los últimos años el château ha adoptado una viticultura más precisa y respetuosa con el entorno, buscando pureza y frescura sin perder su identidad. La añada 2022 es un reflejo de este cambio. Un vino generoso y luminoso, de fruta madura y energía vibrante que habla de su altitud y de sus suelos calcáreos.

Saint-Émilion es, y seguirá siendo siempre, una de las joyas más vivas de Burdeos, un pilar indiscutible donde descubrir auténticos tesoros enológicos. Y con su puntuación perfecta de 100 puntos Parker, Troplong Mondot es uno de ellos.

Tessendey: historia líquida de Fronsac

Pero no todo en la orilla derecha es Saint-Émilion. Fronsac es una de las zonas más antiguas y con más carácter de ese lado de Burdeos, a veces eclipsada por su vecina, previamente mencionada. Ya en el siglo XVIII, cuando la nobleza bordelesa comenzaba a comprender el valor del terroir, los vinos de Fronsac gozaban de enorme prestigio y se servían en la corte de Versalles antes incluso que los de Saint-Émilion o Pomerol.

De aquel brillante momento datan los primeros registros de la familia d’Arfeuille, viñadores en estas colinas calcáreas. Generaciones que han acompañado la historia de Fronsac desde la constancia, el respeto y el vínculo con su tierra. No fue hasta 1972 cuando nació la bodega familiar, Château Tessendey.

Hablar de Fronsac, de su orilla y su historia es, por tanto, hablar de Tessendey y de los d’Arfeuille. Y qué mejor manera de hacerlo que a través de un vino que representa con fidelidad la esencia de la zona.

Tessendey 2019 es un tinto excepcional que vive un momento óptimo de consumo. Nuestra compañera Blanca García, Prestige Account Specialist, lo describe como una rara avis, algo “casi imposible de encontrar en Burdeos por su extraordinaria relación calidad-precio.” 

Viñedos de Château Tessendey en Fronsac con la bodega al fondo
Viñedos de Château Tessendey en Fronsac

Burdeos también es blanco

Vamos a dar ahora un giro estilístico. Y es que cuando pensamos en Burdeos, nos vienen a la mente tintos poderosos, grandes châteaux y añadas memorables. Pero en tierra de tintos, también hay lugar para blancos. Desde la Edad Media, los bordeleses han tenido para ellos un lugar especial en su historia. Concretamente, los de Graves, y más tarde Pessac-Léognan, ya eran apreciados entonces por su frescura, mineralidad y longevidad. 

Durante siglos, los blancos fueron estrellas en banquetes reales, cruzaron mares y ayudaron a consolidar la reputación de Burdeos tanto como lo hicieron sus tintos. En 1987, Pessac-Léognan se convirtió en denominación independiente, reconociendo un terroir único de gravas y arcilla sobre piedra caliza, ideal para la Sauvignon blanc y la Sémillon.

Château La Garde Blanc 2022 es un reflejo perfecto de esta centenaria tradición y de su terroir. Un blanco que da voz a una historia, que no es solo la de su maison sino la de toda una región y generaciones de viticultores. El grand vin perfecto para adentrarse en las delicadezas de esta apelación, perfecto para fechas en las que buscamos sorprender y agasajar a los nuestros. 

El milagro dorado del sur

Un poco más al sur, en el valle de Sauternes, la naturaleza orquesta un milagro que ocurre solo en contadas regiones del mundo. Las nieblas matinales del río Ciron se disipan con el sol de la tarde, permitiendo que la podredumbre noble transforme las uvas en joyas doradas, concentradas e intensas. De este delicado equilibrio entre humedad y luz nacen los vinos de Sauternes, verdaderas obras de arte que combinan dulzura, frescura y una complejidad inigualable. 

Entre estos tesoros, Château d’Yquem reina como símbolo eterno de perfección y longevidad. Pero Sauternes es mucho más que un sólo nombre. Château Guiraud 2022, Premier Grand Cru Classé y pionero en viticultura ecológica, encarna la esencia moderna de esta tradición centenaria. Su elegancia cremosa, sus notas de frutas maduras, miel y especias, y su impecable equilibrio lo convierten en un vino capaz de emocionar desde el primer sorbo.

Con un dulce como este, estamos brindando con una muestra de lujo atemporal. Su dorado intenso y aromas envolventes lo convierten en el compañero perfecto para las celebraciones navideñas, ideal junto a foie gras, quesos azules o postres delicados. Más que un vino, es una emoción que perdura mucho después de la última copa.

Sauvignon blanc de Château La Garde, en Pessac-Léognan, Burdeos
Sauvignon blanc de Château La Garde, en Pessac-Léognan

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Nacida en el seno de una familia vinícola, crecí entre las vides de mi tío en la famosa región de Douro. A pesar de ser portuguesa, me he criado en Vigo. "¿Y qué prefieres?, ¿España o Portugal?". Mi respuesta, los dos, soy ibérica como el jamón. El 'true crime', el arte contemporáneo, la historia, comer y beber bien son mi pasión. Estudié Publicidad y Relaciones Públicas, y realicé un máster de Marketing Online con el que me he enfocado en la redacción de contenido web. Siempre me encontrarás escribiendo algo, tengo mil notas por todos lados.

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Italiano del sur, enamorado de Madrid y por supuesto de los vinos españoles. Entusiasta redactor de contenidos en el equipo de Bodeboca. Licenciado en Bellas Artes en Roma y apasionado lector, me encantan los cómics, los picoteos, los vinilos de música jazz y exótica. Después de obtener la calificación Nivel 3 del WSET he decidido dedicarme al mundo del vino siempre en busca de nuevos horizontes.

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Graduada en Ciencias de la Información por la universidad Complutense de Madrid y la Sorbona de París. De padre español y madre francesa, Laura abraza el arte, la literatura y la gastronomía de los dos países que dividen su corazón. En la actualidad, presenta especial interés por el mundo del vino y todo lo que le rodea, uniéndose así al gran equipo de Bodeboca.