Hablamos con Ángel Anocibar, enólogo de Abadía Retuerta

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Lleva desde el año 1996 liderando el equipo técnico de Abadía Retuerta, pero mantiene el entusiasmo de quien debuta en su carrera profesional. La entrega de Ángel Anocibar se palpa en cada palabra que pronuncia, y así pudimos constatarlo en esta entrevista. Fue uno de los primeros enólogos españoles en doctorarse. Lo hizo por todo lo alto: en Burdeos, donde estudió la carrera. Confiesa con modestia que su mayor aportación a Abadía Retuerta es haber conformado un equipo que mira en la misma dirección y sea capaz de tomar su testigo, pero lleva más de veinte años haciendo mucho más que eso.

¿Cómo está influyendo el cambio climático en el viñedo de Abadía Retuerta? 

En la zona de Ribera del Duero no es lo mismo que en otras zonas más bajas con viñedos a poca altitud. Estamos a unos 700-900 metros sobre el nivel del mar y quizás aquí no es tan grave como en otras zonas. Los estudios climáticos de los últimos 50 años de Abadía Retuerta indican un aumento de la temperatura de un 1.6 grados por día. Esto, en los 180 días que dura el ciclo de la vid es muchísimo, es como si tuviéramos dos meses de junio seguidos. El cambio climático nos obliga a saber muy bien cómo es la añada en la que estamos y a actuar en consecuencia.

¿Cómo se prevé que sean esos efectos en un futuro y su influencia en el viñedo?

El cambio climático va a seguir, es imparable, al menos eso muestran los datos que vamos registrando. Va a haber muchos altos y bajos, como estamos viendo ahora. No es normal que nieve en el mes de abril, por ejemplo. Es atípico. Igual que tener mucho frío y mucho calor en días consecutivos. En la zona de Ribera va a haber que regar puntualmente en años extremadamente secos como el 2017. Los años secos provocarán rendimientos más bajos. De todas formas, los requerimientos hídricos para producir 4 ó 5.000 kilos no serán los mismos que para producir 14 ó 15.000. Habrá que afinar muy bien. Si no hay reservas de agua o no llueve, habrá menos uva, la producción disminuirá. Con el cambio climático, dichos como “en abril aguas mil” se han acabado, el clima se ha vuelto muy cambiante.

¿De qué manera se está trabajando en Abadía Retuerta para minimizar esos efectos?

Trabajamos mucho en el conocimiento de la viña, de la reserva hídrica que hay en sus raíces y su comportamiento ante el aumento de temperatura. Ahora estamos trabajando en un estudio sobre esto precisamente. Antes teníamos esta información del agua de que disponía la viña introduciendo una sonda a un metro de profundidad; la tecnología actual no nos permitía mirar más abajo. La idea es tener conocimiento de hasta 10 metros bajo tierra. Luego, a nivel de variedades estamos investigando cuáles son las de ciclo más largo. La Graciano, que además es un complemento perfecto de la Tempranillo, es un ejemplo de ello, además de la Garnacha. Es cierto que las autóctonas están mejor adaptadas pero al final yo no sé lo que es de aquí o no. Un buen día descubrimos entre los pinares unas cepas de Tempranillo muy antiguas que sí son de aquí, ya que llevan más de dos siglos. Ese sí es nuestro, así que empezamos a multiplicarlo en 2007 y ya hemos hecho pruebas con él. Formarán parte del viñedo de Abadía Retuerta. Es un Tempranillo fresco a nivel aromático que no dispara el grado alcohólico. El resto de Tempranillo plantado, como en toda España, procede principalmente de Rioja o Navarra.

¿Cómo se puede evitar la pérdida de viñedos a causa del cambio climático?

Si se mantiene la tendencia de aumento de temperaturas y menos lluvias, la única manera de evitarlo será con agua. Una viña para que brote necesita reservas hídricas. Esta zona de tierra blanca con un 60% de arcilla y limo es estupenda para cuando llueve, pero cuando no es fatal, prácticamente no vegeta y las más jóvenes pueden incluso morir. En el futuro habrá que gestionar muy bien el agua porque será un bien muy preciado. Hay otras amenazas, como las heladas de primavera, para lo cual las bodegas tendrán que tener tecnología instalada en su viñedo para combatir heladas cuando se produzcan, por ejemplo.

¿Cómo se consigue un buen vino de una añada climatológicamente complicada como la 2017, con heladas, sequía y el adelantamiento de la fecha de vendimia?

Fue un año que partimos con un 10% de reservas de agua. Abril fue más bien cálido y la viña empezó a brotar, pero luego a inicio y finales de mayo heló. A Pascal Delbeck, nuestro asesor desde el inicio del proyecto, siempre le han preocupado muchos estos temas del agua y las heladas. Así que en 1996 instalamos unas torres antiheladas en el viñedo. Son como unos molinos que remueven el aire frío concentrado en la parte baja y el caliente situado en zonas más altas, consiguiendo proteger las viñas de las heladas primaverales. Así que teníamos toda la finca protegida y no nos afectó mucho. En mayo además regamos, algo que nunca hemos hecho.  Lo hicimos para rellenar en parte la exigua capa freática y favorecer la buena brotación de la viña. Luego el verano fue cálido y sin lluvias. Algo tenían que tener de favorable estas altas temperaturas y es que minimizan el riesgo de enfermedades, así que la planta se mantuvo sana. El resultado fue una añada no muy abundante pero de bastante calidad.

¿Cómo valoras hasta el momento el transcurso de esta añada 2018, teniendo en cuenta el punto de escasez de reservas hídricas desde el que se partió a finales de 2017?

Pues, para mí, pinta mal. Las añadas suelen ser bastante cíclicas. 1998 y 2008 fueron también frías, como lo está siendo esta. Este año parece que la brotación arrancará más tarde y si mayo viene frío estaremos en retraso del ciclo de la viña y habrá más enfermedades. Aquí padecemos mucho el oídio, aunque si llueve también aparecer mildiu. Así que el mes de mayo será clave para saber cómo será la añada. Lo que sí se ha solucionado es el tema del agua. Nuestras reservas no están aún al 100% pero parece que llegaremos.

En alguna ocasión has comentado que la gran aportación de Pascal Delbeck, enólogo asesor desde los inicios de Abadía Retuerta, fue la de crear vinos más allá de las modas. ¿Cuál está siendo tu mayor aportación desde que empezaste en 1996?

Construir un equipo que continúe los estudios que estamos realizando y que tanto el equipo de campo, bodega e I+D sean uno solo. Todos miramos en la misma dirección. Empezamos hace mucho con esto, ya en 2003 empezamos con la plantación de otras variedades para su estudio, variedades de ciclo largo,  mejor adaptadas a nuestro lugar y el aumento de temperaturas que veníamos registrando. Hace mucho que empezamos con los estudios de estrés hídrico y a educar a la viña para favorecer su adaptación. Esto lo hemos hecho reduciendo al máximo los abonos y con prácticas de cultivo concretas. Todo ese trabajo quedará ahí para que el equipo tome el testigo.

¿Cuál ha sido el vino que más trabajo te costó sacar adelante?

La añada 2002 fue muy fría y no se consideró buena en la zona. La uva maduró tarde y luego en octubre llovió sin que la uva estuviera aún completamente madura. Lo vivimos con cierto estrés. Al final el vino resultó ser algo tosco, pero con el tiempo nuestro Negralada 2002, de Tempranillo, ha evolucionado muy bien.

¿Y ese del que te sientes más orgulloso?

La añada 1996 del Selección Especial. Fue la primera añada que elaboré en Abadía Retuerta. En este primer año realizamos la zonificación de parcelas, 54 en total, y la elaboración individualizada de cada una de ellas. Para ello venía regularmente con Pascal desde Burdeos, hasta que en vendimias ya me quedé. Eran viñedos aún muy jóvenes, plantados en 1991 y fue un vino también sorprendente. La prueba de que se hicieron bien las cosas.

¿Qué vinos bebe Ángel Anocibar, aparte de los de Abadía Retuerta?

Bebo el vino del lugar a donde viajo. Ahora estoy en Fuerteventura descansando unos días y bebo El Grifo, Los Bermejos… Suelo beber o catar unos 400 vinos nuevos al año. Pruebo mucho de todo, me gusta estar al tanto de las nuevas tendencias y de todo lo nuevo que se está haciendo. En las próximas semanas iré a Burdeos para catar también los vinos en primeur. Cato siempre todo lo que puedo por curiosidad profesional y por disfrute personal.