6 vinos gallegos a los que seguirles la pista

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Pocas cosas tienen más encanto que el norte de España. Con enclaves naturales increíbles, folklore y leyendas, gastronomía inconfundible, Galicia es el destino perfecto para desconectar y porqué no, querer quedarse a vivir. De momento, te proponemos una serie de vinos gallegos que recogen lo mejor de cada zona y confirman lo que ya sabíamos: Galicia enamora a cualquiera. Dónde decidas pasar tus próximas vacaciones, ya es cosa tuya.

No es raro pensar en Albariño y que uno de los primeros vinos que se nos vengan a la cabeza sea Mar de Frades. Todo un clásico de Rías Baixas y uno de los vinos blancos más conocidos de España, por algo será, ¿no? Un albariño muy albariño, con recuerdos salinos que seduce por su elegante frescura. Además, su etiqueta incorpora un logo termosensible donde aparece y desaparece un barquito en función de si se encuentra a la temperatura óptima o no. ¡Puntazo!

Otra bodega de sobra conocida entre los amantes de los vinos del norte es Terras Gauda. El vino referente de la bodega y con el que empezó todo es una excelente opción para adentrarse en los blancos gallegos y acertar. Esta mezcla de Albariño, Loureiro y Caiño blanco entrega una de las versiones más gastronómicas de los blancos de Rías Baixas. 

Aunque nos apasionen los albariños, te prometemos que hay vida más allá. Los vinos blancos elaborados con Godello, una variedad autóctona del norte peninsular y la principal de la D.O. Valdeorras, son muy frescos, con una espectacular profundidad aromática y muy buena capacidad de envejecimiento. Louro 2018, de Rafael Palacios es un ejemplo perfecto de vino elaborado con esta variedad. Procedente del Valle do Bibei cuenta con una crianza de 4 meses sobre lías finas en foudres y el resultado es un vino fresco, aunque voluptuoso y graso, con mucha personalidad y carácter. No te dejará indiferente.

Y qué decir de los vinos de Ribeiro. ¿Sabías que es la D.O. más antigua de toda la comunidad autónoma? Te animamos a que descubras todo lo que pueden ofrecernos sus vinos con Finca Viñoa 2018, un blanco muy disfrutón y con una excelente relación calidad-precio elaborado con Treixadura y pequeños aportes de otras variedades autóctonas.

Tampoco puedes dejar de probar los vinos de Ribeira Sacra, otra de las denominaciones de origen más antiguas de Galicia. Como curiosidad, los vinos de esta zona han estado siempre muy vinculados al Camino de Santiago, por lo que muchos de los cultivos se encuentran en terrazas de antiguos monasterios. Esta vez, te animamos a probar un tinto. Un buen ejemplo de su Mencía en estado puro lo encontrarás en Ponte da Boga Mencía 2018, un tinto reflejo de un clima atlántico y procedente de unos viñedos de excepción.


Por último, pero no menos importante, no podemos olvidar la más pequeña y joven de las denominaciones gallegas: Monterrei. Aunque su historia vinícola se remonta a la época de los romanos y en la Edad Media ya era conocida como una región de prestigio, el desarrollo de la zona se vio interrumpido a finales del siglo XX por la escasa rentabilidad, algo que casi supone la desaparición de su viñedo. No sería hasta 1994 cuando se le otorga el reconocimiento de Denominación de Origen, favoreciendo así el resurgir de la comarca. Tan solo 25 bodegas están inscritas y certificadas en la D.O.

Si todavía no has probado ninguno de sus vinos, no esperes más porque vienen pisando fuerte. Nosotros te recomendamos Pazo de Monterrey Godello 2018, elaborado por la enóloga Susana Pérez, recoge la esencia de lo mediterráneo y lo atlántico en el Valle de Verín y expresa el terroir de una zona muy peculiar dentro del panorama vinícola gallego.