Entrevista a María Vargas, enóloga de Marqués de Murrieta

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María Vargas llegó a Marqués de Murrieta cuando todavía era una estudiante, hace exactamente 22 vendimias. A día de hoy, todavía no ha salido de ella. Entre medias ha conseguido convertirse en la directora técnica de esta centenaria bodega riojana y firmar vinos que están entre los más prestigiosos de nuestro país. Lo ha hecho siempre manteniendo el estilo de la casa, un estilo que ni desea ni espera romper, y que ha llevado a esta bodega a estar entre las mejor valoradas de España.

¿Qué le llevó a la joven María Vargas a estudiar Enología a finales de los año 80?

Estaba dividida entre estudiar algo relacionado con los animales o con la naturaleza. Cuando acabé COU tenía claro que quería hacer Veterinaria, pero al hacer la preinscripción en la universidad me di cuenta de que me gustaban más los animales sanos que enfermos, así que cambié de opinión. Soy de Haro y mi padre es enólogo de formación, aunque nunca ha ejercido, y en mi casa nunca ha faltado una botella de vino, por lo que viviendo en un entorno así, ya no tuve muchas más dudas. Así empezó mi andadura en este apasionante sector tan lleno de vida como es el del vino, basado en un ser vivo: la vid.

María Vargas catando uno de sus vinos en Marqués de Murrieta.

¿Cómo has vivido desde entonces la incorporación de la mujer al mundo del vino?

Es cierto que en La Rioja la presencia de la mujer en las bodegas ha sido más tardía que en otras zonas como Galicia, que es una sociedad más matriarcal. Cuando empecé en esto no éramos muchas mujeres, aunque poco a poco se han ido incorporando más, pero lo he vivido siempre como algo natural, sin darle mayor importancia. En contra de lo que algunas personas creen, las mujeres por el hecho de serlo no catamos mejor que los hombres. El vino entiende de gustos y sensibilidades, pero no de sexos. 

Marqués de Murrieta es una bodega con 165 años de historia. ¿Se siente mucho el peso de esa historia como creadora de sus vinos?

Yo tengo muy claro que no vine a Marqués de Murrieta a hacer los vinos personales de María Vargas, sino a hacer los vinos de Marqués de Murrieta. La historia de esta bodega influye en la tipología de sus vinos, y hay criterios que debes mantener, igual que los estándares de calidad, que son siempre muy altos. Creo más en la actualización que en el rupturismo. Tú ahora puedes abrir una botella de Murrieta con 100 años y una de la última añada y notarás esa actualización, pero también encontrarás similitud entre ambos vinos, y eso es Murrieta. La pregunta es, ¿por qué voy a romper con eso?

Has desarrollado toda tu carrera profesional en Marqués de Murrieta. ¿Qué pros y qué contras tiene esto?

Vine a hacer la vendimia del año 1995 como estudiante y aquí me quedé. Alguna vez me han preguntado si no he tenido curiosidad de probar cosas nuevas, pero yo siempre digo que a mí me gusta acabar lo que empiezo, ya que me implico mucho en todo lo que hago. En Murrieta siempre tenemos algún reto pendiente, una nueva bodega, un nuevo vino, un nuevo viñedo, por lo tanto nunca tienes la sensación de haber culminado tu trabajo. Además esta casa tiene unos ingredientes en sintonía con mis valores: es una bodega de carácter familiar, tiene una gran historia, unos vinos de altísima calidad, un viñedo propio y la posibilidad de conocer personalmente a los clientes finales. Son valores que comparto totalmente con ellos.

Botella de Marqués de Murrieta Reserva 2014.

Hablemos de los vinos. Hemos apreciado que la añada 2014 de vuestro Reserva es más fluida, frutal y disfrutona que las anteriores. ¿Es un estilo pretendido?

Totalmente. Casi nada de lo que ocurre en Murrieta es aleatorio. Yo siempre digo que lo que te hace querer probar un vino es su nariz, por eso desde hace varias añadas venimos trabajando en conseguir una nariz más limpia, nítida, clara, frutal, compleja y especiada. Una nariz que te vuelva loco. Luego buscamos que la boca acompañe a esa nariz. Me parece una añada muy atractiva porque tiene una sensación inicial de cierta ligereza pero luego a la vez tiene mucho peso. Además es una añada con una interesantísima evolución en botella.

De Capellanía se dice que es un blanco de estilo afrancesado. ¿Por qué?

Quizás porque en España estamos más acostumbrados a los blancos más fresquitos y suaves, y Capellanía es un blanco con una personalidad arrebatadora, con mucho cuerpo, capaz de acompañar gastronómicamente a multitud de platos. Es un blanco incluso de sobremesa, y eso en España se nos hace más raro. Es un vino capaz de aguantar 15 meses en barricas nuevas de roble francés y luego en boca no notas un predominio de la madera, ya que se elabora pensando en mantener las características de la Viura de nuestro Pago Capellanía, que es especialmente aromática.

Uno de vuestros blancos vintage, el Castillo de Ygay Gran Reserva 1986, obtuvo el año pasado los 100 puntos Parker. ¿Vivimos en la edad de oro de los blancos riojanos?

Por desgracia creo que en España hay más tintos buenos que blancos buenos, y todavía es difícil que el consumidor esté dispuesto a pagar un determinado precio por un buen blanco. Pero sí que noto que hay cierta demanda por este tipo de blancos más especiales. Por ejemplo Capellanía tiene mucha demanda. Acabamos de sacar la añada 2013 y prácticamente ya está agotada. El Ygay de 1986 siempre supimos que era un vino especial, que se ha hecho muy poco a poco, piedra a piedra, y además ha dado la cara con el paso de los años, de ahí su puntuación.

Botella de Capellanía 2013.

¿Cuál es el secreto para que un vino envejezca tan bien?

La materia prima es vital, y también la elaboración. Un vino tiene que nacer para que sea lo que tú hayas decidido que sea. A una uva le tienes que decir: “quiero que seas un Dalmau, o un Castillo de Ygay, y te criaré, te cuidaré y te elaboraré para ello”. Luego ella saldrá o no, pero creo que es importante que los vinos se conciban desde el viñedo para que luego se conviertan en lo que quieras. En Murrieta somos especialistas en criar vinos, y para ello es importante tener una sensibilidad especial, dejando que el vino se desarrolle, apoyándolo pero sin actuar en exceso sobre él. Incluso cuando has tenido una mala añada en el campo, como enólogo tienes que ser capaz de expresar en el vino lo que ha ocurrido ese año en la viña.

Equilibrio y sensibilidad son dos palabras que repites constantemente. ¿Crees que tus vinos se pueden definir con esos dos descriptores?

Sin duda. Creo que los vinos son equilibrio. El equilibrio se convierte posteriormente en elegancia. Un vino puede ser más o menos frutal, pero no le puede faltar armonía. Respecto a la sensibilidad, está relacionada con tu capacidad de escuchar. Escuchar el vino, escuchar su evolución, escuchar al mercado, escuchar la añada… Primero debes escuchar y luego actuar en consecuencia.

Hace exactamente un año el crítico Tim Atkin te nombró mejor enóloga del mundo. ¿Qué supuso para ti este reconocimiento?

Hace muchísima ilusión que alguien ajeno a Murrieta te diga que estás haciendo un buen trabajo, pero para nada cambió mi vida ni me va a cambiar a mí. Me hizo especial ilusión por el equipo y por la gente que trabaja en bodega. Tengo muy claro que estas cosas, al igual que los 100 puntos Parker, no pasarían si no tuviéramos un gran equipo detrás. Pero sí, son cosas que te dan mucha energía y mucha fuerza.

Castillo de Ygay Blanco GR 1986 (100 puntos Parker).

Nos llama la atención tu discurso apasionado, lejos del lenguaje técnico que muchas veces acompaña a los enólogos. ¿Crees que el futuro del vino pasa por comunicar con más pasión y menos tecnicismo?

No hay cosa que me espante más que la ficha técnica de un vino. Los elaboradores tenemos la responsabilidad de comunicar el vino como algo divertido, ameno, curioso y apasionante. El que quiera llegar a aspectos más técnicos ya llegará, pero lo que nos tiene que preocupar es que el consumidor final disfrute. Yo comparo mucho el vino con la gastronomía, y si yo estoy disfrutando de una cena en El Celler de Can Roca y viene el cocinero y se pone a hablarme de cómo está hecho, qué ingredientes lleva y a qué temperatura me lo debo comer, me amarga la cena.

Siempre preguntamos a los grandes enólogos qué es lo que beben en sus casas. Así que cuéntanos qué bebe María Vargas.

María bebe bastante vino blanco y mucho vino español. Creo que en la zona noroeste de España se están haciendo vinos espléndidos, muchas veces por parte de pequeños productores. Luego, por mi forma de ser y sentir el vino, me gusta mucho la filosofía de Borgoña, ya que allí viven el mundo del vino con mucho perfeccionismo pero sin perder en ningún momento su vertiente lúdica.