Los secretos del éxito de Rioja

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En Rioja se encuentran algunas de las bodegas más emblemáticas de nuestro país y nacen grandes vinos que han hecho historia en todo el mundo. Pero, ¿cuáles son las claves del éxito de esta región, que junto a Jerez, es la zona de producción vinícola española más reconocida internacionalmente? 

Localización y terruño

Como ocurre con las mejores casas del mundo, las bodegas de Rioja se encuentran en una zona privilegiada que parece diseñada por la naturaleza para el cultivo de la vid. Situada en el noroeste de España, con el río Ebro como eje central y protegidas del mar por la Cordillera Cantábrica, las cepas gozan de un clima continental único que recibe tanto la influencia atlántica como la mediterránea.

La altitud de los viñedos, fundamental para la creación de vinos de guarda, oscila entre los 300 y los 800 metros sobre el nivel del mar; un amplio rango que da lugar a una gran diversidad de estilos en función de la localización de cada viñedo. Por último, la mezcla de arena, caliza y arcilla en sus suelos ayuda a estas cepas a mantener un perfecto nivel de hidratación y nutrición.

Dentro de la D.O.Ca Rioja se diferencian tres grandes subzonas: la Rioja Alta, la Rioja Alavesa y la Rioja Oriental. Las diferencias climáticas de estas tres áreas repercuten directamente en los estilos de sus vinos. Mientras que la influencia atlántica es más significativa en las dos primeras zonas dando vida a vinos más frescos, con menos graduación y con una enorme capacidad de guarda, en la Rioja Oriental la influencia mediterránea es más notable y el resultado son referencias con algo más de graduación alcohólica y más carácter frutal. 

La influencia gala 

El crecimiento de Rioja durante la segunda mitad del siglo XIX y su éxito posterior se lo debe en gran parte a Francia. Nuestros vecinos de Burdeos, devastados por el efecto de la filoxera, empezaron a enviar a su país los vinos producidos en España para abastecer a un mercado sediento. 

Esta conexión tan prolífica tuvo su epicentro en Haro, en el corazón de la Rioja Alta, ya que la localidad contaba con una estación de tren que facilitaba el transporte. Los franceses llegaron a estas tierras para comprar su vino, pero a cambio enseñaron a los viticultores y productores de la zona los métodos de elaboración y los secretos que habían coronado a Francia como el principal productor mundial de vino. De hecho la crianza en roble, una de las señas de identidad de un rioja clásico, fue introducida por los bordeleses que buscaban replicar en estas tierras el mismo estilo que demandaban sus clientes locales.

Décadas después, cuando las bodegas riojanas ya eran maestras en el uso del roble, surgió el sistema que clasificaba sus vinos en Crianza, Reserva y Gran Reserva en función de su tiempo de permanencia en barrica, una clasificación que hoy sigue siendo una de las características principales de la D.O.Ca.

La cuna de la Tempranillo

Si hay una variedad que es fundamental en España esa es la Tempranillo, y eso se lo debemos en gran parte a Rioja. Esta uva tan nuestra triunfa en todo el mundo y sus irresistibles aromas primarios, su tremenda afinidad con la barrica y su increíble capacidad de guarda la han convertido en protagonista de vinos de leyenda.

No obstante, los tintos de Rioja suelen estar compuestos por un ensamblaje de Tempranillo con otras uvas tintas clásicas de la zona: la Garnacha, la Mazuelo y la Graciano, que son también fundamentales para entender el carácter de estas referencias.

No podemos olvidar variedades autóctonas minoritarias como la Maturana, que en los últimos años están resurgiendo dando vida a vinos muy expresivos y singulares.

Grandes blancos de guarda

Este paraíso conformado en gran medida por el río Ebro es un lugar de culto también para los amantes de los blancos. La elegante uva Viura es la estrella de este estilo en Rioja gracias a sus seductores aromas primarios y, especialmente, a su gran afinidad con el roble que permite a los vinos desarrollar infinitos matices aromáticos y una textura hechizante. 

Además, la óptima acidez que alcanza en este terruño permite que los vinos puedan evolucionar durante décadas en botella, siendo protagonista de algunos de los blancos más complejos de nuestro país.

Al igual que en los tintos, en Rioja se encuentran otras uvas blancas autóctonas que están sorprendiendo a los paladares más exquisitos. La Tempranillo blanco (una mutación de la tinta) y la Maturana blanca son dos ejemplos del potencial de las variedades minoritarias de la región.

Tradición y evolución

Rioja es una de las zonas de producción de vino más tradicionales y este respeto por sus antepasados es una de las razones de su éxito. 

No obstante, los productores de estas históricas bodegas no se han quedado anclados en el pasado. Prueba de ello es el nuevo sistema de clasificación basado en el terruño aprobado por su Consejo Regulador en 2019. Siguiendo la filosofía de Borgoña, sus vinos ahora se clasifican en un sistema piramidal: en el primer peldaño están los Vinos de Zona, seguidos de los Vinos de Municipio y por último, en la cúspide, sus Viñedos Singulares. Bajo esta última categoría se engloban referencias de parcelas únicas con unas características especiales para la creación de joyas líquidas. Esta nueva clasificación completa y complementa sus clásicas categorías basadas en el tiempo de crianza.

Aquí os dejamos una breve selección de algunas de las perlas imprescindibles para entender el pasado, el presente y el futuro de Rioja. Ahora coge tu copa, descorcha y disfruta.

Castillo Ygay Gran Reserva Especial 2011

Viña Bosconia Reserva 2012

XR de Marqués de Riscal 2017

Sierra Cantabria Mágico 2016

Torre Muga 2019

Capellanía 2018