De cómo me convertí en un Master of Wine

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El vino ha cambiado mi vida. El producto más fascinante que jamás he conocido me enganchó desde el minuto uno. Cada día que ha pasado a partir de ese momento intento entender el vino como un conjunto. No es simplemente el líquido, es todo lo que lo rodea, su magia. La grandeza de esta bebida es su complejidad, variedad y singularidad.

Podría alegar mil motivos para explicar la razón por la que decidí dejarlo todo por el vino, pero lo cierto es que estuvo basado únicamente en la intuición. Siempre he confiado en ella y sabía que en este sector sería feliz. Confieso además que los retos son mi droga.

Hay una frase que repito en mi cabeza constantemente: el vino está hecho por personas para personas. En mi preparación para el Master of Wine he basado mi método de estudio en el equilibrio entre los libros y las personas. He dedicado mucho tiempo y dinero a viajar y conocer a las personas adecuadas. Gente que ha sabido transmitirme su experiencia. De ahí mi velocidad. Mi único secreto es estar rodeado de los mejores.

Hay que beber grandes botellas para entender qué son los grandes vinos y algún día poder llegar a hacerlos. Mi objetivo es hacer un gran vino. Sé que ya hacemos muy buenos vinos, pero también sé que podemos hacer cosas incapaces de imaginar hoy día.

Quiero llegar a viejo y tener una gran colección de añadas de un vino único que resuma el trabajo de una vida. No es una cuestión de ego, es una búsqueda continua. No me mueve lo económico, es simplemente un anhelo personal.

La independencia es uno de los sentimientos que más valoro. Independencia de pensamiento, de gusto, de vinos, de negocio, de bancos… Necesito ser libre, solo atado a las personas que quiero y a los vinos que me dan alas y me hacen soñar. Que un día una Garnacha vendimiada con mis manos, pisada con mis pies y criada con mi tiempo, me dé la satisfacción de haber hecho en la vida lo que he querido.

Fernando Mora, Ingeniero y winemaker.