Entrevista a Juan Carlos López de Lacalle

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Artadi empezó con una cooperativa de cosecheros, que evolucionó en una bodega reconocida y respetada por la crítica y los aficionados y desde diciembre está fuera de la DO Rioja ¿Estamos ante una nueva era?

Artadi es el resultado de 35 años de trabajo, ilusionados por poner en valor nuestra tierra y la tradición, la cultura y el patrimonio de nuestra comarca. Pero las circunstancias actuales de la denominación de origen Rioja, entendemos que se alejan de los intereses de los pequeños productores y por el contrario priman los planteamientos económicos de las grandes empresas. Esta circunstancia ha llevado a Rioja a un escenario en el que se antepone la producción y los grandes proyectos de expansión de superficie cultivable por encima de los proyectos ligados a la tierra. Esto no comulga con mi modelo de negocio.

Hemos roto con el Consejo Regulador de Rioja pero evidentemente seguimos en esta tierra, no nos hemos ido a ningún sitio. Nuestros viñedos y nuestra bodega siguen estando en Laguardia. Creemos que el camino que sigue el Consejo Regulador no es el nuestro pero por supuesto, respetamos que otras bodegas adopten el camino de los grandes volúmenes a costa de grandes rendimientos y producciones pero entendemos también que ese respeto debe ser recíproco.

Has sido uno de los artífices de las renovación de los vinos riojanos y ahora eres el primero en salir de una denominación histórica ¿Te sientes cómodo con la etiqueta de visionario?

Yo creo que es muy halagador, pero me parece excesivo. Lo que sí es cierto es que estoy en el mercado y cada día pulso las tendencias y las realidades en todo el mundo. Existe un aficionado al vino, que siente el vino, que ama el vino y que lo considera como uno de los grandes patrimonios que nos brinda la naturaleza y que se debe conservar y creo que en España deberíamos cuestionarnos más si realmente estamos haciendo algo por proteger este valioso bien. Si la producción masiva es la única vía de salida vamos a acabar destruyéndolo y esto es algo que se palpa. Yo he dado el paso pero tengo muchos colegas que lo ven también y sienten y piensan igual que yo. De hecho, pienso que muchos están deseando irse pero quizás necesitan un poco más de tiempo para abordar el nuevo camino.

¿Qué se ha perdido en este tiempo?

Creo que hemos perdido el encanto, la emoción, la pasión por las cosas bien hechas. Para llegar a los precios de las botellas de vino de Rioja que podemos ver en cualquier estantería hoy día hay que trabajar el viñedo y el vino bajo un modelo industrial. No puede existir ese trato tan cercano entre el hombre y la viña y cuando esto se pierde, con todos mis respetos, creo que perdemos todos.

La dirección que sigue el Consejo Regulador de Rioja, desde mi punto de vista, dirige sus pasos hacia un modelo de negocio que no es el de Artadi ni del pequeño viticultor, ni es el de aquel viticultor que ama la viña y ama el vino y por eso hemos abandonado este camino.

El mercado, mi mercado, no entiende que un producto totalmente industrializado esté bajo el mismo paraguas que mis vinos. No basta con que ponga Rioja, hay que buscar la diferenciación y sólo así conseguiremos la excelencia. Yo llevo 35 años esperando a que esto pase y siento que no tengo más tiempo para esperar.

¿Crees que el tiempo te dará la razón? ¿Por dónde irán los tiros a partir de ahora en Rioja?

Pienso que Rioja ha perdido gran parte de su valor en el camino y no se va a recuperar del todo desde mi modesta opinión. De hecho hay movimientos en Rioja de gente joven e ilusionada por su tierra para poner en valor los nombres de las comarcas y pueblos. En Burdeos, por ejemplo, lo tienen clarísimo, Margaux es Margaux, Pomerol es Pomerol, y en sus comunicaciones no aparece Burdeos en ningún sitio porque si apareciera en la etiqueta sería peyorativo. Creo que hay que salir del nombre Rioja si quieres trabajar la idea de terroir o de vinos arraigados a la tierra. Desgraciadamente, los riojanos hemos perdido el nombre de Rioja, pero no hay que tomarlo como algo drástico ni dramático. Es la foto de Burdeos. Nos ha tocado a nosotros tomar la avanzadilla, pero la vida es muy larga y la historia se escribe con una pluma que se llama tiempo.

Las DO deben estructurarse en base a la realidad de los viticultores y bodegas y si no lo hacen, será un fracaso. No puede ser lo mismo hacer un esfuerzo enorme, cepa a cepa, grano a grano, para sacar adelante un vino y que esté cubierto con el mismo paraguas que un vino de dos euros.

El mundo del vino de calidad está estructurado por niveles y diferenciación, y así se contempla en el Piamonte, Borgoña, Burdeos, Loira, Alemania, por poner ejemplos. No todo el mundo conoce estos datos pero hemos pasado en Rioja de producir 80 millones de botellas a producir 500 millones de botellas. Es evidente que estamos ante un modelo de éxito incuestionable, pero a costa de perder la identidad. El 85% del volumen de Rioja lo venden 15 bodegas y sin embargo estamos 16.000 viticultores.

¿Qué espera Juan Carlos López de Lacalle para el futuro?

Ahora mismo estoy muy ilusionado, contento. Hemos dado un paso importante para seguir avanzando en el mensaje del vino arraigado a la tierra. Hemos demostrado con este paso que no queremos estar acurrucados en un proyecto en el que no somos nadie. Empezamos a tener personalidad propia, con nuestra verdad como único argumento de venta y creo que el futuro es alentador. Si eres honesto, si crees en la tierra y en la naturaleza, esto tiene éxito. Si te quieres cubrir detrás de una capa para hacer volumen y grandes producciones a lo mejor a corto plazo te enriqueces, pero los proyectos personales y familiares se diluyen y desaparecen. Ha llegado el momento de trabajar el vino desde el terroir, es decir, desde el origen.

¿Te queda todavía algo por hacer?

Me queda muchísimo por hacer. Por supuesto mejorar mis viñedos y los vinos, siendo más respetuoso con la naturaleza. Pertenezco a una generación en la que los vinos se hacían desde la tecnología, sin embargo, cada día estoy más cerca de esa línea de mirar mucho pero tocar poco a la hora de hacer nuestros vinos. Quiero respetar a la naturaleza para hacer el vino. No quiero ser la mano del hombre que lo destruye todo, en definitiva, quiero ser más observador y más respetuoso.