Entrevista a José Luis Cuerda

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A quienes conozcan a José Luis Cuerda (Albacete, 1947) solo por dirigir películas como La Lengua de las mariposas, Amanece que no es poco o Los girasoles ciegos, les sorprenderá que al rastrear su nombre en Google, la primera búsqueda predictiva sugiera la palabra “vino”. Y es que este manchego, descubridor de talentos de la talla de Alejandro Amenábar, es también el hombre que desde 2002 está detrás de Sanclodio, una de nuestras bodegas de referencia de la D.O. Ribeiro.

Con motivo de la presentación de su vino en BODEBOCA después de años de ausencia, nos recibe en su casa de Madrid disculpándose: “A partir de los 70 ya no se vive, se sobrevive”. Sin embargo, nuestra hora de conversación con él está plagada de anécdotas, dándonos muestras de buena memoria y mejor humor.

José Luis, ¿cuál ha sido su relación con el vino a lo largo de su vida?

Ninguna hasta que produje la película Los otros, de Alejandro Amenábar. Un día me llamó Pachi Vázquez, que fue conselleiro de la Xunta de Galicia y alcalde de O Carballiño, y me dijo que había oído hablar en el bar de que se vendía una finca en el Ribeiro que estaba muy bien. Fuimos a verla y me encantó el entorno. La finca se llama Cerrada da Porta, está en Cubilledo, dentro del concello de Leiro, y es un caserón del siglo XVI fabuloso. Yo no hubiese pensado en la vida en dedicarme a esto. Tengo úlcera de duodeno, y aunque gracias a ello me libré de la mili, también me ha impedido beber alcohol. Me gusta el vino bueno, pero los alcoholes duros no.

Sorprende que siendo un manchego de pro, su bodega esté en Ourense.

El otro día me llamaron para hacerme un homenaje en Betanzos y me preguntaron cómo quería que me presentaran, y yo les dije: “un cineasta de aquí y de allí, que no es poco”. Esa frase resume mi unión entre La Mancha y Galicia. En Albacete nunca hubiera pensado comprar una bodega, pero allí sí, ya que gente de la que me fío me dijo que era muy buena zona. La finca está en un valle, y cuando la compré en 2002 tuve que plantar todo. Con los años he conseguido reunir 10 hectáreas de viñedo alrededor del caserón, algo muy difícil en la zona, ya que las parcelas allí son normalmente muy pequeñas.

Tengo entendido que cuando compró el caserón cundió la envidia en la zona.

El comentario general era: “claro, viene este del cine que no tiene ni idea y ha pagado 70 millones de pesetas, que eso no lo vale ni de coña”. Decían esa cifra para poder vender sus parcelas, que lindaban con las mías, más caras. Yo sigo creyendo que lo importante es saber dimensionar tu proyecto y tener claro lo que quieres hacer.

¿Es más difícil descubrir un viñedo como el de Sanclodio o descubrir un talento como Amenábar?

Pues las dos cosas son accidentales en el sentido más puro de la palabra. Yo estaba rodando una película y la secretaria de mi oficina me dijo que un chico les había llevado un guión, pero que ellos no lo veían. ¡Era el guión de Tesis! Entonces me lo dieron a mí, lo leí, vi que era estupendo, se lo dejé a mis hijas y a Esperanza, mi mujer, y les pregunté: “¿me animo a producirlo? Me dijeron: “tú verás, pero a nosotras nos haría ilusión”. Así es como descubrí a Amenábar. Recuerdo que en esa época le invité a un rodaje para que viera cómo se hacía una película por dentro, y cuando volví del parón de la comida, ya estaba sentado en la silla del director.

¿Va muy a menudo a Sanclodio?

Últimamente voy menos porque estoy preparando mi próxima película, que empezaremos a rodar en octubre, y eso quita mucho tiempo. Pero tengo mono y de hecho voy a ir en los próximos días. Allí escribo con más facilidad que en Madrid.

¿Participa de alguna forma en la elaboración del vino?

Vendimiar no vendimio porque la salud ya no me acompaña, pero tengo el equipo necesario para hacerlo. Yo lo único que hago es catar con el enólogo. Lo huelo, lo pruebo y analizo los distintos depósitos para decidir el coupage. El enólogo me dice que estoy aprendiendo un montón. ¡Si es que soy una persona muy razonable y con mucha capacidad analítica! (risas).

¿Cómo se defendería de los que crean que es otro famoso más metido a bodeguero?

A mí me hace más gracia cuando llamo a José Antonio, que es la persona que trabaja nuestra finca, le aviso que voy a ir para allá y me dice “¿pero viene vivo o muerto? ¡es que por aquí se han inventado que se ha muerto!”. Es muy gracioso aquello. Se han inventado ya que he vendido la finca, que me he comprado otra e incluso que me he muerto.

Después de ver La lengua de las mariposas, Woody Allen le dijo que hacía tan buenos vinos como películas…

¡Es verdad! Todo comenzó cuando estaba escribiendo una adaptación cinematográfica de El Hereje, de Miguel Delibes. Un día, el propio Delibes me mandó el suplemento dominical del periódico de Valladolid con un post-it que decía: “cabrón, ya me gustaría que Woody Allen dijera de mí lo que dice de ti en la página 32”. En esa página Allen decía que acababa de ver una de esas películas que llegaban entonces de Europa y que él acostumbraba a ver y comentar con sus amigos que se llamaba La lengua de las mariposas, y que le había gustado mucho. Así que como agradecimiento le mandé unas botellas de vino. Luego él me contestó: “hace usted tan buenos vinos como películas”. Y yo le dije: “pues anda que usted…”.

Cuéntenos, ¿qué es el aturuxo?

Es el grito que dan las mujeres en el Ribeiro, es muy agudo y muy prolongado, y sirve para anunciar que se ha terminado de vendimiar una finca. En Sanclodio lo hace Isolina, que es la mujer de José Antonio.

¿Por qué cree que en el cine español el vino no está demasiado incorporado?

Estoy haciendo memoria y yo he rodado muy pocas comidas, entonces no se ha presentado la ocasión. Además, que tampoco voy a hacer product placement de mi vino… En algunos círculos sí que hay mucha cultura de vino en España, y la gente se junta a hablar del vino. Sin embargo, la gente de la calle la pobre de lo único que habla es de que no les llega el sueldo, así que no están para muchas alegrías…

¿Qué cree que se vende peor fuera, el cine o el vino español?

El cine no está tan mal vendido. Yo creo que en España todos los años se hacen un par de películas muy buenas, 5 que están bien y otras 7 u 8 que podían haber estado bien pero no lo han estado. Eso quiere decir que proporcionalmente a su población, en Estados Unidos deberían hacer 150 películas buenas al año. Esas estadísticas nunca se cuentan. Teniendo en cuenta esa proporción, yo soy más listo que un americano tonto.

¿Quién le haría ilusión que probara su vino? 

Lo han probado otros vinateros como Arsenio Paz, que fue el primero que renovó el Ribeiro, volviendo a potenciar las castas que son autóctonas en la zona. El Ribeiro en la época de Felipe II era el vino que se exportaba a Inglaterra, aunque luego ha tenido un par de crisis, principalmente por plantar variedades que no son propias de la zona.

Después de 15 años en el vino, ¿qué es lo que más le gusta de este mundillo?

Pues que es un proceso precioso. Ver cómo crece la viña, cómo se poda… El seguimiento es maravilloso, y me gusta ver cómo evoluciona el viñedo a lo largo del año. Encima tengo la suerte de haber conseguido un vino que en nariz es portentoso. Especialmente la añada 2015, que ha sido buenísima. Estoy encantado. Eso sí, me cabreo mucho cuando la gente lo toma a 5 grados, o cuando veo gente que le echa cubitos de hielo. Creo que es un vino que se debe tomar a 9 u 11 grados.

¿Qué película nos recomendaría para disfrutar de una copa de Sanclodio?

El cine y el vino te compensan por sí solos por separado. No existe maridaje entre ambos, porque para ver cine tienes que poner los cinco sentidos. A mí por pereza no me gusta cocinar, pero tengo buena intuición para los maridajes. El día de la inauguración de la bodega hice un menú maridado y Sanclodio lo aguantó todo, ¡hasta el jamón Ibérico!