Jorge Ordóñez: «Mi éxito no se debe a mi amistad con Parker»
Hay nombres sin los cuales no podría entenderse la expansión del vino español fuera de nuestras fronteras, y uno de ellos es el Jorge Ordóñez. Este viticultor malagueño, productor y socio fundador de algunas de las bodegas más reconocidas de nuestro país, es uno de los importadores de vino español más influyentes en Estados Unidos. 40 años después de que pusiera en marcha su importadora Fine Estates From Spain (hoy llamada Jorge Ordoñez Selections) y empezara a introducir variedades españolas que hasta entonces eran desconocidas para el público americano, aprovechamos una de sus visitas a España para hablar con él y conocer su opinión sobre ciertos aspectos del sector.
¿Cómo es actualmente la vida de Jorge Ordóñez?
Sigo viviendo en Estados Unidos, aunque vengo mucho a España para controlar personalmente las bodegas del grupo. Yo me fui a Estados Unidos en 1987 con una mano delante y otra detrás, aunque ya estaba dentro del negocio familiar del vino que hoy es propiedad de mi hermano, pero me fui allí a ganarme la vida importando vino. Al principio fue horrible porque el vino español no tenía ningún reconocimiento en Estados Unidos, y después de darnos muchos cabezazos contra la pared, pudimos comenzar a exportar.
Pronto me di cuenta de que si yo no intervenía personalmente en la calidad, la consistencia y el estilo de los vinos que exportaba no iba a conseguir nada, así que puedo decir que por mi paladar han pasado millones y millones de litros de vino español, cuyo coupage he realizado personalmente. A mi no me dieron una marca y me dijeron “usa tu labia y véndela”, sino que cada año he pasado largas temporadas en España haciendo los coupages de los vinos que luego exportaba. Realmente puedo decir que me lo he currado, y mi éxito no se debe a mi amistad con Robert Parker como algunos por ahí quizás puedan imaginar.
Le entrevistamos hace casi 10 años y entonces le preguntamos si creía que los norteamericanos eran más conscientes del valor del vino español que los propios españoles. En este tiempo, ¿cómo cree que ha cambiado la percepción del vino español al otro lado del Atlántico?
La percepción ha mejorado bastante. De hecho, uno de los mejores restaurantes de Nueva York va a poner pronto por copas mi Avancia Godello, que es algo que no ves en muchos restaurantes españoles. En este sentido, una de las críticas que hago es que en los últimos años he notado una revolución negativa, y es que la mayoría de restaurantes del centro de una ciudad como Málaga son capaces de tener una carta de 10 páginas repletas de vinos internacionales pero apenas tienen 3 vinos locales, y eso algo que no ocurriría jamás en Francia o en Italia. Es una pena que en un mercado que se está contrayendo como el nuestro, empecemos a promocionar vinos franceses e italianos que son nuestros competidores directos en perjuicio nuestro. Ahora es el preciso momento en el que la restauración española debería apoyar a los vinos españoles, porque si no se va a acabar arrancando todo, y en este momento en el que todo el mundo apoya la gastronomía de kilómetro cero, ese mensaje debería trasladarse también al vino.
Siempre se ha caracterizado por elaborar vinos en diferentes regiones vinícolas de España. Explíquenos brevemente a qué proyectos vinícolas se encuentra vinculado actualmente y en qué regiones está cada uno de ellos.
Soy socio fundador e ideólogo de Bodegas Numanthia junto a la familia Eguren hasta que lo vendimos a los franceses, y también de Viña Nora, Naia y Mano a Mano. Además, soy socio fundador de Alto Moncayo, de Bodegas El Nido, de Ateca, de Shaya, de Tridente y de Volver. En la actualidad tenemos Bodegas Avancia en Valdeorras, Breca en Calatayud, Jorge Ordónez & Co. en Málaga, La Caña en Rías Baixas y Bodegas Vatán, que reúne todo lo que hacemos en Rueda y Toro.

En aquella entrevista de 2017 que le comentaba antes, usted también decía que el consumidor español era, desde su punto de vista, muy poco exigente con la calidad del vino de su país. ¿Cree que eso ha cambiado?
En las grandes ciudades, la gente que tiene mayor poder adquisitivo sí va aprendiendo y se va preocupando por conocer más cosas, pero no deja de sorprenderme que al final todo el mundo acaba pidiendo los mismos vinos en los restaurantes: uno de Rueda, un par de riberas y tres o cuatro riojas, de marcas además muy concretas. No es como el consumidor americano, que tiene una panoplia de productos a su disposición y va continuamente probando cosas diferentes. En términos de educación no creo que tengamos un consumidor muy sofisticado, la verdad, pese a que seamos uno de los mayores productores de vino del mundo.
Quienes se han afinado mucho son también los elaboradores. Actualmente hay un relevo generacional en muchas bodegas de España que está provocando que al frente de ellas se ponga una nueva generación mucho más instruida. ¿Qué cree que debe mantener esta generación respecto a la anterior y qué debería cambiar?
Deberían mejorar técnicamente lo que hacían sus padres, porque el viñedo ya lo tenemos. Si Francia tuviera los tempranillos que tenemos en Toro, se matarían por ellos. Nosotros tenemos un clima privilegiado para el cultivo de la uva, pero veo poca autocrítica en la gente moderna y observo que hay una tendencia generalizada a hacer vinos de Borgoña en España, cuando Borgoña está donde está. Las nuevas generaciones han aprendido muchas cosas, pero yo personalmente paso de beberme un vino de estilo borgoñón elaborado en Jumilla. Y ojo, que la materia prima también tenemos que cuidarla, porque hoy todo el mundo se está yendo a la espaldera cuando la espaldera vendimiada a máquina jamás podrá entregar lo que entrega un viñedo de secano en vaso. Lo que le toca a esta nueva generación es salvar ese viñedo de secano en vaso, ya que creo que ha sido el fundamento de calidad de los grandes vinos españoles.
Hablando de relevo generacional, ¿a sus cerca de 70 años piensa en la jubilación o cree que este es un sector tan vocacional que no entiende de retiradas?
Mis hijos, Víctor y Mónica, están muy envueltos (cada día más) en el mercado americano porque la situación actual es compleja y es necesario estar en primera línea. Ellos están mucho mejor preparados que yo a nivel de inteligencia artificial y de estadística, habilidades que cada vez son más importantes en el sector. Mi hija viene cada vez con más frecuencia a España para estar más pendiente de las bodegas. Y yo, aunque ya no tenga 20 años, me sigo moviendo continuamente. Hoy estoy aquí contigo en Madrid y mañana estaré en El Bierzo, por ejemplo, y eso que acabamos de venir de Rías Baixas. La idea mía es refinar mucho la producción para hacérselo más llevadero a los que vengan detrás. Ten en cuenta que nosotros analizamos todos los parámetros técnicos de nuestros vinos al máximo detalle. De hecho, incluso enviamos a analizar corchos a laboratorios de Estados Unidos de nuestra máxima confianza, por lo que nos gastamos mucho dinero en ese tipo de detalles que son diferenciales para garantizar la calidad.
Es usted un auténtico defensor de las variedades autóctonas. De hecho, en 2017 nos dijo que fue el único exportador de Albariño en Estados Unidos durante varios años. ¿Qué variedades y regiones son las que actualmente más le interesan?
Es cierto que yo introduje el Albariño y la Godello en Estados Unidos, y durante 7 u 8 años no tenía competidores. También introduje el txakoli (concretamente, el de Txomin Etxaniz) y es cierto que metí el vino de Toro allí, puesto que cuando yo llegué era totalmente testimonial. En cuanto a las regiones, creo que Valdeorras es un sitio increíble para hacer vino blanco, siempre que seas consecuente y no mezcles la Godello con otras variedades para intentar ganar más dinero.
¿Cuál es su opinión sobre la crisis de consumo que atraviesa el sector?
En Estados Unidos tenemos varios problemas. Por un lado, el cambio del dólar actualmente es muy bajo. Además tenemos los aranceles impulsados por el presidente Trump, que hacen que el vino español se haya encarecido un 30% en los últimos 4 años. Y por si esto fuera poco, desde mi punto de vista las empresas españolas son poco adaptativas a situaciones límites, por eso el mercado del vino español está colapsando en Estados Unidos. El consumo de vino también ha bajado allí debido al incremento desproporcionado del consumo de marihuana, cuyo lobby promociona que el alcohol es malo para la salud pero no dice nada de las consecuencias de consumir marihuana desde los 14 años. También el consumo de bebidas alcohólicas disfrazadas, como los cócteles de refrescos mezclados con licores más alcohólicos y el consumo de drogas técnicas, que no son nada saludables, están dejando menos espacio para el consumo de vino.
¿Y en España?
Creo que el elitismo que se da al vino en la prensa es otro factor que juega a la contra. El vino es un producto de consumo alimenticio, y cometemos el error de no transmitirlo como algo normal. Ponemos muchas barreras a la hora de que la gente lo entienda como lo que es: algo sencillo y natural.
¿Está de acuerdo en que cada vez se bebe menos pero se bebe mejor?
Depende del nivel económico de cada uno. Si no tienes dinero al final te comprarás el típico vino de 4 o 5 euros hecho para una cadena de supermercados. No es un consumo de vino que me parezca mal, pero creo que es un tipo de consumo que ha caído por el abandono del productor hacia ese tipo de consumidor. Se pueden hacer buenos vinos por 5€, pero hay que saber trabajarlos muy bien.
Foto de portada: Jorge Ordóñez durante su visita a Bodeboca en septiembre de 2026.
A pesar de ser de Teruel, no me gusta el frío. En 2011 me licencié en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y he trabajado en medios como la Agencia EFE o Unidad Editorial. En 2013 me incorporé al equipo de Contenidos de Bodeboca y desde entonces he aprendido mucho sobre el mundo del vino y los destilados, el cual forma parte de mi día a día. Actualmente soy el Content Lead de Bodeboca y coordino a un apasionado grupo de redactores. Me encantan también el fútbol, el cine, descubrir nuevos restaurantes y viajar.
