Uvas viajeras: variedades foráneas que triunfan en España
En los últimos años son cada vez más los elaboradores españoles que están apostando por un regreso a la tradición, y con ello en volver a dar protagonismo a las variedades locales, aquellas originarias de la región en la que elaboran sus vinos. Este relato, que pone en el centro lo autóctono frente a lo foráneo, forma parte de una corriente que rompe con la mentalidad existente durante las últimas décadas del siglo XX, en las que la introducción de variedades de otros países del Viejo Mundo estaba promovida incluso por la administración. No en vano, a ese tipo de castas se las conocía como “mejorantes”, una declaración de intenciones que avalaba lo de fuera respecto a lo de dentro.
El movimiento actual centrado en el origen ha dado lugar incluso a términos como el de “xenofobia ampelográfica”, apodado por el divulgador Santi Rivas, un concepto que alude a la actitud instalada en buena parte del sector vinícola que consiste en realzar los vinos nacionales elaborados con variedades locales frente a los que solo contienen uvas foráneas. ¿El motivo? Las castas de aquí a menudo representan de forma más auténtica las singularidades de su territorio, que es lo que muchos consumidores buscan.
Y aunque no somos ni mucho menos reacios a esa defensa de lo local, como dice la sumiller y comunicadora Rocío Benito, “la historia de la viticultura europea es una historia de viajes, intercambios y mestizajes”, por eso, retomando el camino que abrieron Carlos Falcó o Miguel A. Torres, queremos poner también en valor a aquellas bodegas que llevan años adoptando variedades nacidas fuera de nuestro país con excelentes resultados. Tanto, que sus vinos se han convertido en paradigma de lo que cualquier gran variedad es capaz de desarrollar lejos de casa si se sabe tratar bien.
A continuación, repasamos una serie de ejemplos que ponen de manifiesto cómo algunas variedades internacionales han conseguido adaptarse perfectamente a regiones vitivinícolas españolas, siendo incluso en algunos casos las responsables de algunos de los vinos más reconocidos de su zona.
Pinot noir en Málaga
Famosa por ser la uva reina de Borgoña y por formar parte del coupage de algunos de los mejores champagnes, la Pinot noir es seguramente la variedad más deseada en todo el mundo. En España, una de las bodegas que más certeramente ha sabido interpretarla es Cortijo Los Aguilares, donde se introdujo en los años noventa de la mano de José A. Itarte, su fundador.
Definida en la película Entre copas (Sideways) como delicada, temperamental y sumamente difícil de cultivar, no parecía el sur de España la zona más proclive para que pudiera entregar su mejor versión. Sin embargo, como nos cuenta Bibi García, directora técnica de Cortijo Los Aguilares, “su éxito ha sido no tratar de imitar un estilo concreto de vino elaborado con Pinot noir, sino intentar dar lo mejor de ella en unas condiciones muy del sur, aunque suavizadas por el clima fresco de la serranía de Ronda”.
Reconoce que su cultivo presenta un desafío en cada añada, pero entrega uno de los vinos más queridos por sus clientes, por lo que el esfuerzo merece la pena. Y defiende la viticultura como un ejercicio de intercambio, ya que “las viñas no entienden de fronteras”.
Petit verdot en el Mediterráneo
La Petit verdot, originaria de Burdeos, es otra de esas variedades que se ha sabido adaptar a regiones de climas más cálidos, como pueden ser zonas del Mediterráneo español como las D.O. Alicante, Yecla o Jumilla, denominación donde se asienta la bodega familiar Dobledeperez, que además de trabajar con castas autóctonas como la Monastrell, incorporó hace 30 años la Petit verdot debido a la demanda existente entonces por las llamadas uvas “mejorantes”.
Desde esta bodega aseguran que, en la zona ubicada más al noroeste de la D.O., con viñedos a 900 metros de altitud, esta variedad francesa se ha adaptado muy bien gracias, además, a unos suelos de grava que ayudan a regular la temperatura del suelo, condición imprescindible al tratarse de una uva muy sensible al calor.
Esta casta aporta, según los responsables de la casa, “delicadeza, intensidad y potencia”, y sabiéndola cultivar como requiere es capaz de dar “vinos redondos, con taninos amables, largos, intensos y gastronómicos”, como su Inaudita. “No tenemos ningún prejuicio respecto a las variedades foráneas, al final lo que importa no es tanto tu origen, sino tu adaptación al medio y dónde resides”, sostiene Jennifer Pérez Pérez, enóloga y directora ejecutiva de Dobledeperez.

Viognier en Castilla
Procedente del valle del Ródano y amenazada de extinción durante el siglo XX, la Viognier es una variedad blanca que hoy se cultiva en todo el mundo. En España no es raro encontrarla en vinos elaborados en el centro peninsular.
El viognier de Pago de Vallegarcía es la gran referencia nacional. Para esta bodega, la acidez de sus suelos, su altitud y una pluviometría relativamente elevada en el corazón de los Montes de Toledo, eran condiciones ideales para una variedad de ciclo largo como esta, por eso decidieron darle una oportunidad “a fin de elaborar vinos blancos gastronómicos, complejos y muy aromáticos”, con un perfil diferente a lo que existía cuando salió por primera vez al mercado.
En Pariente Tradición Familiar, por su parte, explican su relación con la Viognier como “una bonita casualidad”, ya que se la encontraron en un viñedo y descubrieron que, aun siendo foránea, podía expresar una personalidad muy interesante dentro de su zona, en La Seca (Valladolid). “No se trata de competir con las de aquí, sino de entender cómo una variedad concreta, aunque sea foránea, puede dialogar con un territorio y aportar una visión complementaria”, asegura Martina Prieto Pariente.
Chardonnay en Navarra
Si la Pinot noir es la uva tinta estrella de Borgoña, la Chardonnay lo es en versión blanca. No obstante, su nombre procede de un pequeño municipio de la región, por lo que su arraigo es innegable, a pesar de que desde allí ha viajado por todo el globo.
En nuestro país, su cultivo se concentra en Cataluña ligada a su utilización en vinos espumosos, aunque también crece en otras zonas como Navarra, Aragón o Castilla-La Mancha. Precisamente en Navarra, bodegas como Viña Zorzal han sabido interpretarla a la perfección. ¿El secreto del éxito? “La latitud, el clima no extremadamente cálido ni frío y, sobre todo, los suelos calcáreos, que es donde creemos que mejor se expresa”, apunta Xabier Sanz Larrea, cofundador de este proyecto.
“Consideramos la Chardonnay una variedad tradicional más de Navarra. Además, para el viticultor es la mejor pagada en la región, por lo que dignifica su trabajo”, añade. Además, recuerda que la casa de Champaña reinó en Navarra entre 1234 y 1305, por lo que es probable que el rey Teobaldo I la trajera de la actual Francia. “Debemos comunicar mucho más la relación de esta uva con la zona”, insiste.
Gewürztraminer en el Somontano
Si hay una región vitivinícola española que ha sido pionera en la utilización de uvas internacionales, esa es el Somontano, que ha apostado por estas variedades desde los años noventa.
Aunque son muchas las castas perfectamente asentadas en esta región aragonesa, vamos a centrarnos en la Gewürztraminer, cuyo origen se sitúa en la zona de influencia de Los Alpes, siendo en Alsacia donde alcanza actualmente sus mayores cotas de prestigio. “El Somontano es una zona privilegiada para dar cobijo a esta uva por sus suelos frescos, profundos y con textura franco-arenosa junto al clima influenciado por la cercanía del Pirineo y el contraste de las temperaturas entre el día y la noche”, indica Jesús Artajona, director técnico de Enate.
“La Gewürztraminer aporta un perfil muy singular, exuberante y reconocible. Su riqueza en compuestos terpénicos contribuye a realzar su intensidad aromática, convirtiendo a estos vinos en una sinfonía floral y especiada ideal para disfrutar durante el verano”, recalca el enólogo, quien recuerda que en Enate utilizan esta variedad tanto para la elaboración de su monovarietal seco, exportado a países muy familiarizados con ella como Alemania, como del dulce, aunque no cierran la puerta a seguir explorando nuevas elaboraciones.

Syrah en Extremadura
Otra uva tinta con origen en el valle del Ródano es la Syrah, muy extendida por el arco mediterráneo y otras regiones españolas, como es el caso de Extremadura. Allí, una de las bodegas punteras de la zona, Habla, ha sabido trabajarla e incorporarla a varias de las referencias de su catálogo, como ocurre con Habla de la Tierra y Habla del Silencio, así como con su monovarietal Habla Nº36.
“La Syrah se ha vuelto una variedad emblemática, no solo por ser muy reconocible en cata sino también por cómo expresa nuestra finca y sus condiciones. Al proceder de una zona cálida, con su estructura fina y aromática es, enológicamente hablando, muy interesante”, señala su director comercial José Luis Carbajo.
“Nuestra filosofía no es localista. Desde el principio tuvimos los ojos puestos en Francia y la idea es tener un concepto más amplio y visionario, ya que consideramos que hay otras virtudes distintas en las variedades que se han sabido readaptar, y la Syrah es un ejemplo de ello”, afirma Carbajo, quien señala que en el futuro les gustaría elaborar un tinto dulce, y que llegado el caso lo harán utilizando la Syrah.
Cabernet sauvignon en el Penedès
La Cabernet sauvignon es la variedad más representativa e identitaria de Burdeos. Surgió hace cuatro siglos como un cruce natural entre la Cabernet franc y la Sauvignon blanc, y está asociada a los mejores vinos de Médoc y Graves, en la margen izquierda de la Gironda.
En España, Miguel A. Torres, presidente de Familia Torres, influido por su experiencia en California y Francia, fue pionero en apostar por esta uva en el Penedès en la década de los sesenta. Concretamente, en 1964 obtuvo el permiso para iniciar su plantación en la finca Mas la Plana, y en 1970 elaboró la primera añada de Cabernet de la finca embotellada bajo el nombre de Gran Coronas Black Label, un vino que obtuvo el primer premio en las Olimpiadas del Vino de Gault Millau de 1979 en París.
La clave del éxito de la adaptación de esta uva al Penedès es, según la propia bodega, el clima mediterráneo de la zona, la orografía diversa que permite seleccionar las parcelas más adecuadas para controlar su maduración, y un manejo respetuoso, orgánico y regenerativo del viñedo. En cuanto a su aporte, destacan la estructura y la gran capacidad de envejecimiento de sus vinos.
Merlot en Cádiz
Si la Cabernet es la reina de la orilla izquierda en Burdeos, la Merlot lo es de la derecha, brillando en los vinos de apelaciones como Pomerol o Saint-Émilion. En España se ha adaptado muy bien a regiones vinícolas de Cataluña, Navarra, Aragón o Castilla-La Mancha, pero llama la atención verla también en algunos vinos del sur gracias a su enorme capacidad de adaptación a distintos climas y terroirs, lo que la convierte en una todoterreno.
“Desde el origen, nuestra bodega se concibió con la idea de elaborar vinos de coupage en los que la Merlot tuviera un papel protagonista, ya fuese como variedad principal o como elemento de equilibrio y mejora dentro del ensamblaje”, afirman desde la casa gaditana Huerta de Albalá.
“La Merlot nos permite elaborar vinos corpóreos, serios y largos, con buen extracto seco y una gran nobleza en boca”, aseguran. En comparación con otras uvas autóctonas como la Tintilla de Rota, de perfil más frutal, “la Merlot, donde marca la diferencia, es en su capacidad para alcanzar una gran concentración y calidad fenólica”, añaden, destacando que esta casta aporta elegancia en los vinos con crianza y frescura en los más jóvenes, como es el caso de su Barbazul Rosado.

Sauvignon blanc en Rueda
La uva a la que le canta Rosalía tiene su origen en el valle del Loira, donde entrega algunos de los blancos más reconocidos del mundo. Sin embargo, está presente en Rueda desde la década de los setenta, cuando Vinos de los Herederos de Riscal decidió añadir un blanco a su colección. Fue en torno a 1974, un par de años después de elaborar su primer Verdejo, cuando introdujo esta variedad francesa gracias al asesoramiento del enólogo Denis Boubals, quien aportó sarmientos procedentes de Francia.
Desde entonces, han sido muchas las bodegas de la región que han incorporado algún vino elaborado con esta uva a su colección, lo que facilita que, al ser tan reconocida internacionalmente, muchos aficionados se acerquen a los vinos de la zona a través de ella.
Para el equipo de Javier Sanz Viticultor, “los suelos pobres y poco fértiles de Rueda limitan naturalmente la producción y el vigor de la planta, dando blancos con más cuerpo, mayor tensión y un carácter mineral más marcado que en los sauvignons de otras partes del mundo. Los aromas, por tanto, quizá son menos explosivos aquí pero resultan más elegantes y equilibrados”, concluyen.
Foto de portada: Vendimia de Viognier en Pago de Vallegarcía.
A pesar de ser de Teruel, no me gusta el frío. En 2011 me licencié en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y he trabajado en medios como la Agencia EFE o Unidad Editorial. En 2013 me incorporé al equipo de Contenidos de Bodeboca y desde entonces he aprendido mucho sobre el mundo del vino y los destilados, el cual forma parte de mi día a día. Actualmente soy el Content Lead de Bodeboca y coordino a un apasionado grupo de redactores. Me encantan también el fútbol, el cine, descubrir nuevos restaurantes y viajar.
