Que no te la den con salchichas: guía para maridar vino y comida alemana

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Seamos sinceros, la cocina alemana no goza de una fama mundial por su carácter tradicional. Parece que no existen recetas suculentas en el país germano más allá del codillo con chucrut (que indudablemente debe su fama al Oktoberfest), o la Currywurst berlinesa que recientemente ha vivido un revival gracias a la cultura hipster. Hoy queremos romper una lanza a favor de la cultura culinaria alemana que os va a sorprender para bien. Y como no, os proponemos los vinos que acompañan cada plato a la perfección.

Suculento suroeste 

Empezando por el Jura de Suabia, una sierra en el suroeste del Land Baden-Württemberg, nos encontramos con Käsespätzle mit Röstzwiebeln, un tradicional plato de fideos cortos y gruesos cocidos elaborados de manera artesanal a partir de una masa de harina, huevo, agua y sal. Nada más sacados del agua, se gratinan con un sabroso queso tipo Emmental, Appenzeller o Bergkäse. El broche final a este suculento y cremoso plato lo otorga un topping de cebollas rehogadas en mantequilla. La combinación de grasa, sal y sabor marida a la perfección con un vino blanco seco, como este Riesling Urziger Wurzgarten Spätlese de Markus Molitor que contiene una acidez alta y crujiente acompañado de chispeantes notas cítricas y florales.

Oeste crujiente

Viajando un poco más hacia la frontera con Francia nos adentramos en el Pfalz, la maravillosa región vinícola que parece haber salido de un cuento de hadas. Pequeños pueblos con casas entramadas y calles de adoquines rodeados por los viñedos forman la Deutsche Weinstrasse, la ruta alemana de los vinos. Esta región ha sido bendecida con un clima excepcional que hace posible el cultivo de frutas mediterráneas como higos, kiwis, almendras, limones y de variedades de uva como la Cabernet sauvignon y la Pinot noir. En septiembre se celebra la vendimia y con ella la Kerwe, una fiesta donde el vino y la comida son los protagonistas. Junto a embutidos y quesos se sirve el Flammkuchen, una especialidad de origen alsaciano. Una masa fina y crujiente, dorada en tradicionales hornos de piedra, es la base para la deliciosa mezcla de cebolla, panceta, crema fresca y pimienta negra. El Flammkuchen se sirve entero, y es perfecto para compartir con la familia y los amigos, o cortado para llevar en la mano y disfrutar dando un paseo por el animado pueblo. Un riesling de la zona, como el Wachenheimer Gerümpel de la bodega Karl Schaefer, es la pareja ideal para un bocado tan crujiente y cremoso.

Norte de contrastes

El norte de Alemania destaca por sus puertos y astilleros, su gente curtida por el mar bravo y el tiempo lluvioso, las dunas peinadas por el viento y los faros rojiblancos. El centro neurálgico es la ciudad de Hamburgo: cuna de la diversión nocturna, del pecado y del mercado de pescado más famoso de Europa. Una ciudad abierta y divertida donde la gastronomía local posee un papel protagonista: arenque ahumado, camarón del mar del norte en salsa de crema agria, manzana ácida y eneldo fresco, y Pannfisch – una sartén de bacalao con patatas y una cremosa salsa de mostaza y limón. Cocina tradicional del norte que pone a Hamburgo en el mapa de las ciudades gastronómicas. Sin embargo, uno de los platos más sorprendentes y sabrosos es el Birnen, Bohnen und Speck, un plato de peras, judías verdes y bacon. El secreto de este plato es el contraste entre el sabor ahumado y salado del bacon, la dulzura y frescura de las peras y la crujiente textura de las judías verdes. Un plato para combinar con un vino blanco seco con ligeros toques de nueces y avellanas como este Karl Schäfer Dürkheimer Weißburgunder.

Este de totum revolutum

Dejamos atrás el norte para viajar hacia el este, a la ciudad de Leipzig, donde un plato tradicional destaca entre todos los demás: El Leipziger Allerlei, similar a la menestra de verduras. Allerlei significa “un poco de todo”, y los ingredientes principales son guisantes, zanahorias, espárragos, coliflor y morchella, una seta típica de la región de Sajonia. El toque sofisticado se lo ponen la mantequilla de cangrejo y las colas cocidas de cangrejo de río. Es una rica combinación de las verduras frescas y crujientes, de mantequilla suave y de carne sabrosa y salada de los crustáceos. Disfrutarlo con un vino blanco con notas florales y hierbas aromáticas como este Schieferkopf Silvaner es todo un acierto.

Delicia divina del sur

Cuando más nos acercamos hacia los Alpes, más grande es la variedad de quesos que nos encontramos por el camino. Los verdes y frondosos pastos de montaña de Baviera son el hábitat ideal para las vacas lecheras. Y de su sabrosa y rica leche se elaboran quesos aún más sabrosos y ricos. Uno de los más populares es el llamado Bavaria Blu, un queso cremoso con moho azul (que curiosamente recuerda por sus colores a la bandera bávara). Esta delicia es capaz de hacer la boca agua solo con verlo, y no puede faltar en cualquier tabla de quesos que se precie. ¿Por qué no acompañarlo con un vino dulce tipo Eiswein como el Günther Steinmetz Wintricher Geierslay? La cantidad considerable de azúcar residual del Eiswein en combinación con la opulenta fruta y una acidez equilibrante hace el perfecto contraste con la sal, la grasa y los deliciosos aromas a leche, nata y moho azul del queso. ¡Una delicia divina!