Ilusión+ la historia de unos vinos que sacuden el corazón

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Pau Torres y Gina Córdova son pareja y son los fundadores de Ilusión+ un proyecto de venta de vinos que surge tras una adversidad: Pau es diagnosticado con ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) y partir de ese momento su vida y la de Gina da un gran vuelco.

Cuando los conoces personalmente, no puedes evitar pensar que son unos valientes. Te cuentan su historia sin dramatizar, con la sonrisa a flor de piel. Te dan una lección de vida, aún sin pretenderlo, gracias a una actitud extraordinariamente positiva. Decidieron plantar cara a una enfermedad que les cambió la vida emprendiendo y ejerciendo el acto más generoso que puede llevar a cabo un ser humano: dedicar un tiempo que ya saben que será limitado a ayudar a los demás.

Se merecen que compremos sus vinos que además, están muy buenos. Por ellos y por todos.

¿Qué tipo de ayudas necesita alguien con ELA?

La ELA es una enfermedad progresiva, se empezará necesitando pequeñas ayudas para andar o mover los brazos hasta terminar en la silla de ruedas sin ningún tipo de movilidad, necesitando una grúa para hacer las transferencias, ayuda para el baño, aseo, así como para comer.  A nivel respiratorio, necesitará máquinas para poder respirar, equipos de comunicación cuando el afectado ya no pueda hablar; todo esto tendría que ir acompañado de un buen soporte psicológico tanto para el paciente como para familiares, incluso cuidadores y una unidad multidisciplinar en el hospital de referencia de su provincia.

Del Gobierno también se necesitan más ayudas tanto a nivel de investigación como a nivel de procurar la calidad de vida de los pacientes y sus familiares, ya que en los estados avanzados de la enfermedad, uno ni se puede mover ni se puede comunicar y necesita atención especializada las 24 horas del día.

Se necesita todo tipo de ayuda, en estos momentos soy casi totalmente dependiente, Gina me tiene que levantar de la cama, empujar con la silla y a veces incluso darme de comer directamente. No solo eso, también ayuda a domicilio para bañarme, fisioterapia, psicólogos, o por ejemplo mis padres, que hacen guardias cuando Gina tiene que ausentarse para ir a buscar a los niños o hacer otras cosas…

¿Cómo es vuestro día a día?

Es una lucha constante contra la enfermedad, es esforzarse para hacer cosas y ver que poco a poco se puede hacer menos, pero también es intentar disfrutar al máximo cada momento. Es un cambio de rutina y adaptación constante a los nuevos retos que se nos van presentando, situaciones que antes teníamos controladas hoy, pueden no estarlo mañana. Son nuestras ganas de poner nuestro grano de arena a esta lucha y enfrentarla con una sonrisa lo que nos hace sacar lo mejor de nosotros.

 ¿Qué relación teníais con el vino antes de iniciar este proyecto?

En China no hay mucho vino, nosotros siempre íbamos buscando en los diferentes supermercados una buena relación calidad precio con los vinos.  Fue en el 2012 cuando, contactados por la DO Montsant, empezamos un proyecto de exportación de vinos a China, proyecto que tuvimos que parar al año siguiente puesto que nos regresamos a Tarragona por la enfermedad.

¿Cómo alguien se puede encontrar en  China?

Es muy sencillo. Pau trabajaba en una empresa suiza con un compañero austriaco casado con una mexicana que le presentó a Gina, también de México y que había ganado una beca del gobierno chino para estudiar el idioma. Ocurrió en un restaurante español, con un cocinero cubano, en el corazón de Shanghai…  es parte de la globalización.

Eliges el vino como un medio para luchar contra las enfermedades degenerativas ¿cuál es la razón?

El vino por sí solo ya cuenta una pequeña historia, una pequeña anécdota… nosotros quisimos que además contara nuestra historia y nuestra lucha,  que ofreciera una experiencia y una reacción única en cada consumidor.

¿Qué vinos os gustan como aficionados?

(Pau) Me gusta todo tipo de vino, pero tengo una especial debilidad por los vinos frescos. Sobre todo me gusta disfrutarlos con una comida que los maride y una buena compañía.

(Gina) Me encantan los vinos de Garnacha y el Xarel·lo me fascina. Me gustan los vinos untuosos, golosos, que te dejen la boca con una sensación de frescor pero a la vez con mucha amplitud. Un buen Riesling siempre me dejará con una sonrisa en la boca. Disfruto descubriendo vinos de diferentes países con Pau y amigos, sobre todo verles su expresión tal y como son y así conocer más de este fascinante mundo del vino.

¿Cuál ha sido el criterio para elegir las bodegas que elaboran los vinos del proyecto?

Es una combinación de factores: calidad de la bodega, que el vino nos transmita y que el bodeguero quiera sumarse a nuestro proyecto.

¿Qué ha sido lo más fácil de conseguir y lo más difícil en este proyecto?

Lo que siempre es más difícil en todo proyecto son las ventas y lo más fácil ha sido la ayuda que nos han prestado fundaciones y entidades afines a la discapacidad como la Fundación Prevent, ONCE, Konecta, ESADE….

¿Qué significa hoy día el vino para vosotros?

Poder transmitir nuestra pasión y lucha.  Momento de relax y momento de compartir, momentos de descubrir, ayudar y trabajo.

¿Participáis en la elaboración de los vinos de alguna forma?

No participamos directamente en la elaboración del vino pero sí que participamos en su elección a través de catas.

Los vinos están muy buenos ¿qué es lo mejor que os han dicho de ellos?

La gran mayoría de las personas nos ha dicho que la relación calidad precio de nuestros vinos está muy bien. Rescatamos lo que dijo Ferran Centelles sobre ellos en la presentación de nuestro proyecto. Los alabó diciendo que quizás nosotros no teníamos bodegas pero teníamos un gran paladar por la buena selección de vinos que traíamos.

¿Cómo ha sido la acogida hasta ahora de Ilusion+?

La acogida ha sido muy buena, no hemos tenido problema alguno para que la gente nos reciba y nos de la oportunidad de explicar nuestro proyecto y nuestras ambiciones.

¿Nos puedes dar un ejemplo de uso de lo que se recauda con la venta de tus vinos?

Con las aportaciones de 2016, hemos financiado 19,5 días del proyecto de atención domiciliaria de la Fundación Miquel Valls.

¿Creéis que en España la gente es consciente sobre lo que significa tener ELA?

Aún no, este camino es muy largo pero está en proceso. Se desconoce la enfermedad en sí porque aún no se sabe qué la origina, no hay una prueba para hacer el diagnóstico, de ahí a que la detección temprana de los primeros síntomas sea fundamental y también está claro que pocos conocen lo que realmente es vivir esta enfermedad. Creemos que hay mucho camino hecho pero falta terminar de convencer a la clase política para que se transforme en verdaderas políticas sociales que mejoren la calidad de vida del afectado.

¿Podéis rescatar alguna anécdota que os haya pasado en el proyecto?

El octubre pasado fuimos a Roma a ver al Papa Francisco con un grupo de afectados de ELA, pero al ser un grupo grande unos llegaron más tarde que otros, por lo que al entrar tarde al recinto nos colocaron sobre un lateral que quedaba algo aislado. El caso es que Gina no se conformó con eso y con su carisma y su “italiano” pudimos entrar en el centro principal, donde tuvimos la oportunidad de saludar al Papa en primera persona y entregarle dos botellas de Ilusión+.