El Londres del vino

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Por Ignacio Peyró*

No es patrioterismo londinense pensar que la capital británica es a su vez capital mundial del vino. A los británicos no pocos les han criticado —a mi entender, injustamente— su cocina, pero nadie podrá reprocharles desatención a la bebida. Y no es solo que en un lugar como Hedonism uno pueda probar por copas un Barolo Monfortino con más de medio siglo o un unicornio español como el Viña Tondonia Blanco Gran Reserva de 1957. Ocurre que los británicos han estado detrás de buena parte del éxito, cuando no de la factura, de vinos como los de Oporto, Madeira y Jerez, por no hablar de su vínculo histórico con Burdeos, justo al otro lado del Canal, o del éxito más reciente de nuestro Rioja. Así, no es de extrañar que, junto a pubs para las mejores ales locales, la atención al vino sea excelsa. En tiendas, en todo lo que va de la histórica Berry Bros. & Rudd, en el cogollo de Saint James’s, a la impactante clandestinidad de One A Wines. Y, en bares, en algunas direcciones que apuntamos aquí.

El peso de los alquileres en Londres conlleva un perjuicio: a falta de capital, la imaginación debe huir a otros lugares más apartados, por lo que, en ocasiones, ir a tomar unos vinos tiene la pega —o el aliciente— de parecerse mucho a ir de excursión. Por supuesto, quien quiera quedarse por los barrios más linajudos también tiene opciones. Hide, por ejemplo, con el más que sustantivo extra de su cocina Michelin, un ejército de sumilleres y las extraordinarias reservas de la ya citada Hedonism, una de las mejores botillerías del mundo, disponibles al instante. Con mayor informalidad y mayor énfasis en vinos naturales, L’antidote en el Soho bien puede ahorrarnos el viaje a Dalston. Y con una cocina efectiva en su sencillez, The 10 cases es un bistró en el que puede espigarse alguna gema, de los Saint-Joseph de Pierre Gonon a los Sagrantinos de Paolo Bea, harto difíciles de ver, o una excepción biodinámica de la orilla derecha de Burdeos: un Saint-Émilion como el Château Meylet.

Hace muy poco se hizo oficial el cierre del primer Terroirs, pionero entre los bares que han buscado centrar su oferta en elaboradores que, naturales o no —sea esto lo que sea—, biodinámicos o no, sí se preocupan por la expresión de su terruño, y ahí hemos podido probar desde los ródanos de Rouchier a maravillas como algún Chinon de Lenoir ya con muchos años.  Aun cuando no dejaremos de llorar por el original, al menos cabe el consuelo de que el espíritu de Terroirs pervive en Soif, Battersea,y en otro lugar del mismo nombre, el Terroirs de East Dulwich: allá van esos entusiastas londinenses que ven adecuado perder la tarde y no pocas libras en descorchar algo de Overnoy y Domaine des Miroirs, por mencionar el Jura, o Bernaudeau por mencionar el Loira. No puedo decir que no les comprenda. Y de un Loira a otro, y del sur de Londres a Marylebone. En The Remedy puede uno en ocasiones avistar algo de Richard Leroy ya maduro o, si buscamos tintos, algo del Barbacarlo de Lino Maga.

Por supuesto, en un artículo sobre bares de vinos en Londres no puede faltar algo que es mucho más que un bar de vinos: Noble Rot, ya convertido en mito planetario. Su nueva apertura en un lugar tan remarcable como el viejo Gay Hussard del Soho ha sido todo un éxito. Y tampoco podemos obviar algunos que, por precio y calidad, luchan por los mayores premios en el escalafón: Sager + Wilde, cuyos dos locales tienen una de esas cartas de vinos por las que querríamos quedarnos a acampar. Aún más a la moda son P Franco y Newcomer Wines: si ir a uno nos da el título de hipster —pero con un buen blanco de Philippe Jambon—, el otro, especializado en vinos de países alpinos, tiene algo de cueva del tesoro, con sus Simon Maye, sus Mythopia o esa barbaridad de la Champaña llamada Timothée Stroebel. Sin necesidad de disfrazarse a la moda, un poco lejos de todo, los muchachos franceses de Authentique han logrado una de las grandes cartas de la ciudad, por la que merece la pena el desvío: para un Pétrus solo se necesita dinero, pero para un Montus con años se necesita algo de sensibilidad…                                                                  

*Periodista y escritor, es autor entre otros libros de Comimos y bebimos. Notas de cocina y vida (2018) o Ya sentarás cabeza. Cuando fuimos periodistas (2020). En julio de 2017 fue nombrado director del Instituto Cervantes de Londres.