Entrevista a los creadores de Tr3smano

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Fernando Remirez de Ganuza y Pedro Aibar, dos personalidades del vino español, suman 70 vendimias a sus espaldas y han elaborado millones de botellas. Incansables, han unido fuerzas en un proyecto más bien pequeño y muy cualitativo que está deslumbrando a la crítica. Conversamos con ellos sobre la aventura ribereña que iniciaron únicamente «para pasárselo bien» pero avisan: «Tr3smano no es nuestro juguete, es nuestro proyecto de máxima calidad».

¿Cómo surge este proyecto? 

Fernando Remírez de Ganuza: La historia empezó en una gasolinera de Laguardia. Estaba tomando un café y escucho que unos mexicanos habían comprado una bodega que se llamaba Lagar de Proventus en Ribera del Duero. Esta conversación fue justo al día siguiente de esa compra y decido llamar a mis amigos mexicanos de La Europea. La sorpresa vino cuando me dicen que justo pensaban llamarme para que los asesorara ya que eran ellos los compradores. Yo les propuse algo mejor: comprarles un porcentaje. Así empezó Tr3smano

Pedro Aibar: El origen es básicamente tres aventureros que compartimos un sueño después de dar muchas vueltas por el mundo. Yo estaba haciendo vino para los principales grupos en España (Viñas del Vero, González Byass, Coto de Rioja, Barón de Ley…) pero siempre había tenido la inquietud de hacer algo personal. Fernando buscaba buenos compañeros de viaje y yo quería meterme en esta aventura. Nuestro socio en México articuló la unión entre Fernando y yo. 

¿Qué vinculación teníais con Ribera del Duero? 

Pedro: Yo nunca había tenido la oportunidad de trabajar en un proyecto ilusionante en Ribera del Duero. Me interesaba sobre todo trabajar con viñedos de calidad. Centrarme en un proyecto pequeño, con foco cualitativo, con un vino de alto nivel y encima unido a la amistad. Dejé el trabajo que tenía en Rioja y me metí de lleno en este proyecto. 

Fernando: Yo había comprado unas fincas hace unos 25 años en la Ribera del Duero. En ese momento la zona era pujante pero yo los veía flojos. Me refiero a que veía poco preparado al conjunto de gentes de la Ribera. Ese viñedo estaba en Olmedillo de Roa, era un poco alto, pero con el cambio climático esa circunstancia nos ha beneficiado. Las uvas las vendía, siempre me las compraban porque era perfecta. 

¿Cómo funcionan Fernando Remírez de Ganuza y Pedro Aibar juntos? 

Fernando: Pronto me di cuenta de que no me podía dividir en dos, estando en Ribera y en Rioja a la vez porque tenía trabajo de sobra. Había que buscar un hombre que fuese un comodín y creo que encontramos al hombre perfecto. Lleva entre viñas 30 años de su vida, ha pasado de 0 a 6 millones de botellas elaboradas, ha tenido a su cargo a 150 personas durante mucho tiempo. Pedro entiende y sabe de vino. Yo soy un poco el ingenioso, pero el que de verdad hace el vino es él. Ni él ni yo tenemos soberbia en ese sentido, el 98% del valor de ese vino es él. 

Pedro: Todo proyecto bodeguero se basa en poder contar con unas buenas viñas y, sobre todo por la aportación de Fernando, la bodega está muy bien equipada. Pero lo cierto es que entre Fernando y yo sumamos 70 vendimias a nuestras espaldas. Son muchos años haciendo vino. 

¿Qué supone a Fernando Remírez de Ganuza, todo un referente en Rioja, elaborar en Ribera del Duero? 

Fernando: Mi filosofía es parecida a la de Pedro, hacer el mejor vino posible procurando tener solo uva buena. Ahora disponemos de unas 30 hectáreas propias, entre lo mío y lo de la bodega, hay una parte de la viña que está alrededor de la bodega y otro viñedo de 6 hectáreas que está en un pueblo cerca de Peñafiel. Con los viñedos el problema es que para cumplir años, tienen que pasar años. Suena a obviedad pero lo cierto es que los años no se pueden comprar, ni en este mundo del vino ni en ningún otro. 

A la hora de abordar el proyecto ¿qué es lo que teníais muy claro? 

Pedro: Hemos tenido claro que queríamos hacer un buen Ribera del Duero. El que nos gusta bebernos a nosotros, no queríamos hacer un Ribera del Duero más. No teníamos una experiencia previa y de hecho hicimos muchas microvinificaciones y mucha selección de parcelas, con distintos suelos, con climas distintos, para ver qué tipo de vino teníamos en cada una de las zonas. 

En Ribera hay una fruta muy madura y te da la oportunidad de hacer un vino muy redondo sin recurrir a grandes extracciones. Usamos maderas muy poco tostadas y el producto final transmite esa búsqueda. Después de manejar bodegas grandes yo no quería buscar conceptos tipo roble, crianza, destinados a los grandes canales de consumo. Queríamos más bien enriquecernos en el plano personal, pasárnoslo bien y gracias a nuestro socio José Ramón Ruiz de La Europea tenemos una aproximación muy cercana a los gustos del mercado. 

Fernando: Estar entre los mejores es nuestro objetivo, no entre los históricos, porque la historia les avala y nosotros hemos llegado mucho después, Pero nosotros sí queremos estar dentro de los últimos 30 años de historia, queremos una gama de vinos más corta, solo dos vinos. Y uno de ellos si acaso solo en las añadas que en las que verdaderamente merezca la pena sacarlo. Entre un vino bueno y uno muy bueno hay muy poca diferencia. 

¿Cuáles son los planes de futuro para Tr3smano? 

Fernando: Queremos hacer el mejor vino posible de las mejores uvas que tenemos y eso es un trabajo bastante personal, todos los que lo tocan tienen que ser al menos como tú o mejores, todos tienen que tener ese pensamiento. Presumo de tener una de las bodegas más limpias en el mundo. Estas cosas antes no las había y ahora sí y aplicar una serie de ingenios como las cámaras frigoríficas que nos dan mejores resultados, y seguir aprendiendo, porque el día que no aprendamos iremos para atrás

El equipo se compone de tres personajes que tienen mucha ilusión en hacer lo mejor y esto es lo más importante. Tr3smano no es nuestro juguete, es nuestro proyecto de máxima calidad. Tenemos las ganas de hacerlo y los medios y de hecho ya estamos haciendo buenos vinos.