Entrevista a José Moro, Presidente de Bodegas Emilio Moro

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José Moro, (Pesquera del Duero) nos desvela en esta entrevista algunas de las anécdotas personales de esta familia que se ha dedicado en cuerpo y alma al vino. El grupo Emilio Moro, toda una referencia en Ribera del Duero, deslumbra con los impresionantes números de su producción y su regularidad añada tras añada en pos de la calidad. Sin embargo, siguen manteniendo la bonita esencia de bodega familiar. En las siguientes líneas nos lo confirman.

Emilio Moro es un proyecto que lleva ya tres generaciones ¿Qué aportó cada una de ella a la construcción de vuestra marca?

En 1891 nace mi abuelo Emilio Moro, en Pesquera de Duero, y con él se inicia la trayectoria vitivinícola de la familia Moro.

En 1932 nace mi padre, también llamado Emilio Moro, quien hereda de mi abuelo todo lo que éste sabía del mundo del vino y éste, a su vez, nos lo transmite a mis hermanos y a mí. Este año, además, se plantó el histórico viñedo de Finca Resalso.

El primer gran hito de la tercera generación se produjo en 1989 cuando decidimos comercializar el vino, al que mi abuelo y mi padre habían dedicado toda una vida, bajo una etiqueta. Además, hace ya 15 años que la tercera generación empezamos a trabajar otro gran proyecto: Cepa 21.

Como protagonistas de la historia de la denominación ¿Cuál es vuestra visión actual de Ribera de Duero?

España, y por supuesto la Ribera del Duero, tiene el terroir ideal para hacer los mejores vinos calidad-precio. Pero todavía nos hace falta creérnoslo. Tenemos que coger la botella bajo el brazo y abrirla por todo el mundo.

¿Podrías rescatar una anécdota personal con alguno de tus vinos?

En 1989 lanzamos nuestras primeras botellas con etiqueta. En total, 60.000 unidades, bajo la marca de Emilio Moro. Entonces tenía por delante una nueva misión: presentar los vinos de mi familia en una gran feria.

Recuerdo que de camino a Madrid empecé a preguntarme si vendría gente, si habría suficiente vino, si tendríamos tiempo para prepararlo todo… Durante las primeras horas me resultó muy difícil. Me costaba asimilar lo que estábamos viviendo. Cientos de personas mirando nuestras botellas. De repente, el vértigo se apoderó de mí, no podía respirar.

Salí a la calle corriendo, buscando aire y un momento de soledad. Entonces, me vino a la mente cuando tenía 7 u 8 años y ayudaba a mi abuelo y a mi padre a limpiar las cubas de 1.000 litros, metido dentro con un candelabro y un cepillo. Me di cuenta de que todas las personas que habían acudido a la feria merecían conocer un proyecto de verdad, un proyecto construido por personas que aman y saben de vino.

A las pocas horas estaba rodeado de público e invitando a todos a catar, como si lo hubiese hecho toda la vida. Me sentí muy orgulloso.

Uno de los activos más importantes de Bodegas Emilio Moro es contar con un clon puro de la Tinta fina ¿cómo puede explicar a los aficionados no técnicos la importancia de este clon?

Con cinco o seis años mi padre me llevaba a vendimiar y recuerdo probar las uvas, ver esos racimos, crecer con ellos. Después, cuando aparece la Ribera del Duero, había 3.000 hectáreas de ese clon auténtico de tinto fino.

Desde un primer momento observé que esas uvas daban muchísima calidad y me propuse injertar los nuevos viñedos con esos clones, como ya habían hecho mi abuelo y después mi padre. Ofrecían muchísimo más color, más personalidad y matices, gracias, por supuesto, al suelo en el que se encuentran y las condiciones climáticas.

Luego comprobamos que ese clon elegido era de los mejores de Tempranillo en Ribera, como certificó un estudio de la Junta de Castilla y León.

¿Tenéis pensado abrir nuevos territorios fuera de Ribera del Duero?

Acabamos de desembarcar en El Bierzo. Hemos comenzado a trabajar en la elaboración de nuestro primer vino blanco, un monovarietal de Godello con el que buscamos trasladar la calidad y singularidad de nuestros vinos de Ribera del Duero a una D.O. atípica pero con mucho potencial.

Por el momento, hemos elaborado 16.000 kilos de uva procedentes de la añada 2016 con los que el equipo técnico está investigando y testando en pos de conseguir un vino fino, elegante, con grasa, con cuerpo y con capacidad de envejecimiento.

¿En quién recaerá la continuidad de la saga familiar en un futuro?

Creo que es una profesión maravillosa, que exige pasión y conocimiento. Pero hay que estar preparado y tener la suerte de que la naturaleza ayude. Y de nada sirve tener un buen vino si no se cultivan las relaciones sociales para ponerlo en valor. Estoy seguro de que la cuarta generación, que ya está formándose, acabará enganchada a este trabajo.