El arte del buen beber

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Gorak el gorila es aficionado a comer en restaurantes de lujo y a disfrutar de los mejores vinos del panorama mundial. Nadie sabe quién se esconde tras su máscara y es una verdadera estrella en redes sociales. Así que… ¿qué bebe un gorila?

«Estoy muy contento de que una compañía como Bodeboca me pida que escriba cuatro líneas explicando lo que bebe un gorila y lo que se encuentra cuando va a comer por ahí, así que, cuando me lo propusieron, no dudé ni un instante en escribir estas líneas.

¿Qué bebe un gorila? Os diré que en los últimos cuatro años he cambiado, y mucho, mis preferencias en el mundo del vino. Principalmente, he abierto mis fronteras. Ese fue el desencadenante de encontrarme donde me encuentro. Hace unos años, solo tomaba vino nacional, y para ser más preciso, únicamente algunas DO. Cuando me hablaban de zonas fuera de España o DO que no solía consumir, decía que no valía la pena salir de aquí, ya que teníamos de todo y además muy bueno.

Cuando te acostumbras a ciertas cosas, das por hecho que lo demás no puede estar a la altura y te da pereza empezar de nuevo. Pero lo cierto es que si disfrutas con el vino, hay un mundo inmenso en el que descubrir y gozar de cada una de las miles de posibilidades. Mi perdición fue, exactamente, abrirme al mercado francés, y en concreto a la Borgoña y a los Champagnes. Cuando empiezas a probar y a entender lo que hacen y cómo lo hacen, te sorprendes de no haber salido antes de tu zona de confort.

Aunque es cierto que solo tenemos un hígado y no hay que castigarlo con vinos mediocres, hay que probar y probar y cuando te canses de probar, vuelve de nuevo; es la única forma que conozco de aprender y disfrutar. Cuando ves la luz y detectas, después de probar mucho, lo que realmente te gusta, te centras en esa nueva zona de confort de nuevo. Y es justo el momento en el que debes volver a empezar y abrirte a nuevas experiencias sin olvidar lo aprendido.

Honestamente, pienso que es absurdo beber siempre lo mismo, yo jamás abro dos veces la misma botella en un restaurante o en mi casa. Es como si siempre comes la misma comida: no tiene sentido pedir filete de primero, filete de segundo y filete de postre… Hay momentos para olorosos, para champagnes, para vinos nacionales con cortes clásicos, para un buen Pinot noir de la Borgoña, para un rosado de la Provenza o para un Chardonnay muy estructurado. El tema es beber siempre calidad y con calidad no quiero decir caro; quiero decir vinos bien hechos.

En mi caso, os diré que después de mucho probar me he dado cuenta de que me gustan los vinos blancos de hombre y los tintos de mujer. Para los que no lo hayáis entendido, me refiero a los blancos estructurados y los tintos sutiles. Pero para gustos, colores.

Cuando voy por ahí a comer, me encuentro de todo y ya voy a sitios cuya carta de vinos me llama, pero la verdad es que, por lo general, veo más de lo mismo: poca imaginación. Los mismos vinos en todos los sitios, todas las cartas cortadas por un único patrón y siempre aludiendo a lo mismo: “Es que son los vinos que más salen…”. Y pienso que es un pez que se muerde la cola. ¿No vendéis otro tipo de vinos porque no los ofrecéis, o porque el cliente no los pide? Hay que educar a los clientes, tenemos la asignatura pendiente de ofrecerles cosas nuevas basándonos en sus gustos. A todo el mundo le gusta descubrir algo nuevo. Entonces, ¿por qué no vamos en esa dirección? Entiendo que por pereza y falta de tiempo. El cliente piensa “para qué voy a probar algo que no sé si me va a gustar, si sé que esto de siempre ya me gusta”, y entiendo su punto de vista; es el mío en muchos casos. Sin embargo, cuando tengo confianza en el que me lo vende y veo que entiende mis gustos, entonces pienso: “venga, probemos”.

En el caso de los profesionales, tanto en salas como en tiendas, entiendo que sucede lo mismo: pereza y miedo. Pereza de tener que invertir el tiempo en intentar venderle a un cliente algo que no ha pedido y miedo a equivocarse. Y eso es más que comprensible. ¿A quién no le han recomendado un vino que no le ha gustado nada y, por supuesta educación, no lo ha cambiado, fastidiando así la comida? Hay que equivocarse. Y los errores siempre cuestan dinero, pero si los utilizas en tu favor te hacen ser más selectivo y conocer mejor tus preferencias y la de las personas que te acompañan.

En definitiva, os animo a probar e identificar cuáles son vuestros gustos para seguir probando. Eso cuesta tiempo y dinero, pero una vez lo tengáis, amigos míos, seréis libres y disfrutaréis como nunca de esos momentos. Descubrir un gran vino bien de precio es lo más cachondo que hay. Los vinos caros ya sabemos que gustan a todos, pero si llegas al punto de saber lo que te gusta e ir a buscarlo, encontrarás grandes vinos de bodegas pequeñas a precios más que correctos.»