Hablamos con el enólogo Raül Bobet

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Raül Bobet, ingeniero químico y enólogo, es una de las referencias de la denominación de origen calificada Priorat. Apasionado por la cultura del vino, con su bodega Ferrer Bobet ha logrado que quien pruebe sus vinos experimente la esencia profunda y compleja del Priorat. Pero Raül también dirige un proyecto menos conocido, su aventura pirenaica, con el nombre de Castell d´Encus, en el punto más alto de la denominación Costers del Segre.

¿Es Castell d´Encus tu proyecto más personal?

He trabajado durante muchos años con Cariñenas y Garnachas y conozco muy bien el Priorat pero desde siempre quise hacer algo con variedades blancas. Buscando una zona en la que no se reflejara tan acusado el cambio climático asumí la creación de Castell d´Encus como un reto. Es un proyecto más de reflexión y de descubrimiento.

Se escucha cada vez más que los vinos se hacen únicamente desde la viña. ¿Cuál es tu posición al respecto?

En la naturaleza no existe nada que sea blanco o negro. Creo que en la elaboración de un vino hay distintos factores a tener en cuenta. La uva es un producto de muchos años de trabajo ( a base de selecciones masales y cruzes ) en los que las decisiones humanas han sido determinantes, está claro que la uva es un factor decisivo.
Pero también hay que tener en cuenta que el estilo del vino depende de la elaboración del enólogo, intentar simplificar demasiado hace un flaco favor al mundo del vino. Los vinos son una mezcla de ambos factores, la viña y el trabajo de los elaboradores.

Al parecer somos un país de tintos y tu has apostado por unos blancos que además son muy singulares ¿está cambiando algo?

Yo tenía claro que quería hacer blancos independientemente de los gustos imperantes. Mi visión del mundo del vino es global, es nuestra realidad, intento tener una visión abierta, no quiero cerrarme en una etiqueta. Por otro lado pienso que el consumidor cada vez viaja más, descubre vinos y pide otras cosas..

En Castell d´Encus vinificas en lagares de piedra ¿qué supone en vuestro trabajo del día a día y cómo se refleja en el vino?

Encontré esos lagares y estaban tal cual a pesar del paso del tiempo. Es una piedra de areniscas fuerte, la misma que se utiliza para afilar. Los lagares estaban todos alrededor de una ermita románica del siglo XII. Tienen distintas capacidades, entre las 2 y las 8 toneladas y desde el punto de vista de elaboración el trabajo es tremendamente artesanal, lo más interesante es la levadura autóctona que proporciona, es un sello asegurado porque no hay posibilidades de contaminación.

En cuanto a cómo se refleja en los vinos, en los blancos aporta una oxidación controlada y la absorción de ciertos oligoelementos que los hacen únicos y diferenciales. En cuanto a los tintos, dan un sello muy particular, sobre todo aporta unas notas muy características de sotobosque.

Hay una corriente que apuesta por las uvas autóctonas y sin embargo tus vinos en Castell d´Encus son elaborados con variedades foráneas ¿cuál es tu punto de vista sobre las variedades?

En el Priorato he apostado indudablemente por las Cariñenas y las Garnachas, pero en este proyecto la idea era más bien elaborar un tipo de vinos que desde hace tiempo me han gustado. Soy un gran amante de los Riesling alemanes, de los Sancerre, de los Borgoñas, de los Burdeos finos, y en este sentido intento demostrar que con la climatología adecuada se pueden hacer cosas realmente interesantes en los Pirineos.

La mineralidad en los vinos es algo de lo que cada vez se habla más pero ¿cuál es el concepto de mineralidad de Raúl Bobet?

Aunque yo elabore en lagares de piedra y quizás tenga algo que ver con esto, no atribuyo la mineralidad solo a la piedra, en realidad tienen mucho más que ver con la combinación de suelo y clima. Lo cierto es que nadie ha definido exactamente el significado de mineralidad en un vino, para el consumidor digamos que se hace identificable en la frescura de ciertos vinos.

Para terminar, ¿qué recomendaciones darías a los socios BODEBOCA que quieren aprender más sobre el mundo del vino?

Mi recomendación es que prueben todo lo que puedan, que sean vinos y estilos de todo el mundo. Para tener un buen criterio hay que soltar muchos lastres de cosas aprendidas y ser humilde, no tener prejuicios.

 

Yo haría una llamada a que la gente se atreva a descubrir cosas nuevas. Detrás del vino hay mucho esfuerzo, hay un viaje al paisaje y mucha gente detrás. El vino vale la pena porque es un placer, y no es tan necesario saber sino estar abierto a conocerlo.