Juan Antonio Ponce, vigneron en Villanueva de la Jara

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Como pequeños viticultores que somos, apostamos lo poco que teníamos, que era nuestro viñedo

¿Cómo empieza la historia de Bodegas Ponce?

Mi abuelo tenía 17 hectáreas de viñedo pero esto no daba para comer en Manchuela por lo que también se dedicaba a otros cultivos. La uva se vendía a la cooperativa de Iniesta porque era lo natural, nunca se habían planteado elaborar vino y mi padre tampoco hasta que llegué yo y con 14 años decidí irme a estudiar a la Escuela de Enología de Requena. Yo tenía conocimientos del campo gracias a que trabajaba con mi padre y mis tíos pero quería ir más allá y descubrir qué pasaba con esa uva una vez que entraba en una bodega.

¿Qué supone elaborar vino en una zona como Manchuela?

Elaborar en Manchuela tiene algunos hándicaps, por un lado es una zona dominada por cooperativas, todo mecanizado, con mucho laboreo en el viñedo. Por otro lado siempre se ha tenido miedo de apostar por lo propio, una especie de complejo que venimos arrastrando y que ha hecho que muchos viticultores arrancaran viñas viejas de Bobal para plantar Tempranillo o Garnacha tintorera.

De entre todos los vinos que elaboras ¿Qué lugar ocupa P.F?

Para nosotros P.F es un vino muy importante. Es un vino que añada tras añada muestra claramente el potencial del viñedo del que procede y el que nos hace llegar las señas de identidad de la Bobal en su estado más puro. Al venir de viñedos de pie franco con más de 80 años demuestra en cada añada su gran adaptación al suelo y clima de Manchuela. De hecho, es capaz de resistir tanto a añadas lluviosas como a las extremadamente cálidas sin perder nunca su identidad en el vino final.

Desde que iniciaste este proyecto ¿Qué desafíos habéis superado?

Echando la vista atrás me doy cuenta del riesgo que hemos corrido. Como pequeños viticultores que somos, apostamos lo poco que teníamos, que era nuestro viñedo y lo pusimos en manos del banco para obtener un pequeño crédito y arrancar. En las primeras añadas trabajamos para otra gente, podando, vendimiando a la vez que hacíamos la nuestra para tener otras entradas de dinero. Fue duro pero hoy nos sentimos orgullosos de trabajar en lo que nos gusta durante estos diez años y de poder vivir bien de nuestro trabajo.

¿Recuerdas el momento en el que le dices a tu padre que quieres montar una bodega?

Recuerdo que fue tan sorpresivo para él decirle que quería montar una bodega como para mí que me contestara que si estaba seguro y creía que era capaz de sacar más rendimiento a la uva que teníamos, que entonces adelante. Ver nuestro apellido en un producto tan bonito como es el vino es un orgullo. Es bonito poder constatar que el futuro acaba llegando.

¿Cuáles son vuestros planes de futuro inmediato?

Desde que empezamos a elaborar vino lo hacemos en una nave alquilada en Villanueva de la Jara, era una antigua conservera de champiñón. Le tenemos gran cariño a este pueblo que nos acogió sin conoceros y por ello hemos adquirido un terreno en el que edificaremos la nueva bodega. Este pueblo, que está a 15 km de Iniesta, tiene además unos suelos muy interesantes, con mucho aluvión, que me recuerda al Ródano, por lo que también tenemos pensado incorporar nuevas viñas.