Fay ce que vouldras

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Por François Monti

Cuando acabo una presentación sobre el vermut, la pregunta que me hacen más frecuentemente va de… adornos: ¿limón o naranja? ¿Y qué me parece echarle una aceituna? ¿Es imprescindible el sifón? Acabo de pasar una hora explicando que el vermut lleva como mínimo 75% de vino, que hay que conservarlo en el frigorífico una vez abierto, que no, que Hipócrates no lo inventó y que su nombre viene de la palabra alemana para ajenjo, pero… ¿naranja o limón?

Podría deprimirme y pensar que a mi público no le interesa el producto — su historia, su elaboración. Pero no es esto. El problema ya lo vimos en la gran época del gin-tonic, con sus insistentes preguntas: ¿limón o pomelo? ¿De verdad las bayas de enebro hacen que el gin-tonic sea más seco? Y la cuchara espiral, ¿sí o no?

Podría contestar —y, en general, lo hago— que la aceituna es mejor mantenerla fuera de la copa, que el sifón es el legado de una época en la que no existía la refrigeración y los cubitos de hielo eran raros y caros y que en realidad sólo sirve para enmascarar los defectos de vermuts demasiado dulces, que me gusta el limón con vermuts dulces y la naranja con vermuts amargos, aunque también podrías probar el pomelo, pero en realidad, la única respuesta realmente relevante es « haz tu voluntad ».

Si la gente lo bastante interesada por el vermut como para asistir a una presentación sobre el tema se obsesiona con el servicio, si la pregunta más formulada sobre el vino es cómo maridarlo, quizá es porque lo único que han conseguido los expertos y las marcas es crear una ansiedad generalizada en la mente del consumidor haciéndole creer que la verdadera clave no radica en la elección del producto sino en cómo beberlo. La pregunta que deberíamos hacernos es ¿qué whisky quiero comprar o beber? La mayoría de las veces, por desgracia, esta cuestión crucial pasa a un segundo plano mientras uno pierde media tarde debatiendo las ventajas de añadir unas gotas de agua o no. ¿Mejor de manantial o de grifo, vale? ¿Hielo?

Miro las botellas de vermut que he recibido recientemente y observo las indicaciones en la etiqueta. Una marca me dice que lo sirva en copa de balón con tónica. Otra me dice que copa de vino con abundante hielo y cáscara de naranja. Una tercera opta en cambio por un servicio a temperatura de nevera, sin hielo por favor. Hay excepciones, pero en general estas sugerencias se deben a estrategias comerciales, a una imagen diseñada por una agencia de marketing. El perfect serve que todas las marcas plantean hoy en día tan solo es perfecto para la foto Instagram, no necesariamente para el producto.

Mientras el consumidor se preocupa por el cómo, las marcas se obsesionan con el quién. Aunque hoy en día casi nadie anuncia su ginebra de chicas o brandy para machotes de verdad, en las oficinas sí que tratan de llegar a « mujeres de 35 años que salen con sus amigas entre semana » o « chicos de 25 años que quieren parecer sofisticados ». (No suele funcionar.)

Así que nos encontramos en una curiosa situación: todo el mundo dice estar fascinado por el producto cuando en realidad pasamos más tiempo pensando en el cómo o en el quién. No quiero sonar a autor de libro de autoayuda, pero para salir del bucle mi única recomendación es: « Free your mind and the rest will follow ». Olvídate de lo que te dice la marca, de lo que venden los influencers, de lo que te dice tu amigo que pretende saber más que tú. Olvídate del cómo para poder centrarte en el qué. Sí, vale, beber un chupito de tequila con sal y una rodaja de lima no mola. Pero que te lo tomes solo, en una margarita con o sin sal, en una paloma, con o sin sangrita…: sinceramente, nada de eso importa. El cómo tomarlo viene de forma natural —sin ansiedad, sin miedo a hacerlo mal— si te centras en la base, que siempre ha sido y será el producto, sus características, su sabor. Al final la única forma de beber lo que nos gusta y no lo que nos dicen que tiene que gustarnos es entendiendo lo que estamos bebiendo. Y eso no va de tamaño del hielo, de copa para Riesling o de pieles de limón. Olvídate de la parafernalia, céntrate en la base y luego… haz tu voluntad.

François Monti es autor de ‘El gran libro del vermut’ y ‘101 Cocktails to Try Before You Die’. Academy Chair World’s 50 Best Bars para España y Portugal.

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