Marta Iglesias, creando contenido gastro con alma y verdad
Esta joven publicista y creadora de contenido nacida en Aranda de Duero recorre el mundo conociendo bodegas, hoteles y restaurantes, y es uno de los 100 Jóvenes Talentos de 2026 según el Basque Culinary Center.
Eres de Aranda de Duero y cuentas que, cuando naciste, tu padre estaba en la viña. Así que lo de dedicarte de alguna manera al mundo del vino parecía predestinado
Mi padre es la cuarta generación de una familia de agricultores. Tenemos viñedos centenarios cuya producción vendemos a bodegas de la zona. Son parcelas de 120 o 130 años que están en La Aguilera (Burgos). Tanto mi hermana, que es enóloga, como yo, siempre hemos estado muy ligadas al pueblo y hemos tenido esa cercanía con el mundo rural. Recuerdo estar haciendo los deberes en la viña mientras mis padres estaban vendimiando. Siempre nos han inculcado mucho el tema del campo.
¿Y por qué decidiste dedicarte a este sector desde la comunicación?
Siempre me ha gustado la fotografía y los videos. Con 16 años viajé por primera vez al extranjero y a partir de ahí fui recorriendo el mundo para aprender inglés. Ahí ya tenía claro que me quería dedicar a contar historias. Entre tanto viaje, la comida y el vino siempre han ocupado un lugar muy especial, y me empezó a interesar mucho lo que se comía y bebía fuera, ya que siento que este sector es un gran conector. Con 18 años empecé a estudiar Publicidad y compaginé mis estudios con trabajos en el sector de la comunicación. Con 21 años me hice autónoma y me metí en la comunicación gastronómica, y desde ahí empecé a ayudar a restaurantes. Estuve seis años con ello y llegó un punto en el que me di cuenta de que podía hacer ese contenido para mí misma, así que empecé a subir este tipo de videos en el que cuento las historias que me transmiten esos lugares.
Tienes, junto a tu hermana Esther, un proyecto llamado Un Lugar de la Ribera, en el que organizáis encuentros entre jóvenes de la zona. Cuéntanos cómo funcionan
Cuando compartí una serie de videos en mis redes sociales sobre Ribera del Duero me di cuenta de que la gente joven quería conocer más sobre el mundo del vino, aunque no de manera técnica. También me di cuenta de que cada vez que conocía a alguien de mi zona que se dedicaba al mismo sector que yo, lo hacía en Madrid. Así que empecé a organizar comidas en nuestra finca familiar de La Aguilera con esas personas. Hicimos una primera comida con gente de Ambivium, un amigo que estaba en Akelarre y gente de Vega Sicilia, cada uno trajo una cosa y salió genial. Lo compartimos en redes y la gente empezó a preguntarnos dónde estaba el restaurante, pero les decíamos que era nuestra casa. Así que pensé que estaría bien que pudieran vivir esa experiencia y abrimos esos encuentros a gente de fuera. Intentamos hacer un encuentro al mes aprovechando que mi hermana o yo estamos en casa, que no es algo muy habitual. Y todo ha derivado en que muchos amigos cocineros quieran venir a cocinar. Han estado los chicos de Alejandro Serrano, los de Caleña, los de Arrope y los de Sen Omakase. Es una experiencia que se hace con mucho cariño y en la que queremos juntar a gente del sector para establecer conexiones.
En esos encuentros da la sensación que no es tan importante la comida en sí, sino la experiencia que se genera alrededor de la misma
Es algo de lo que también me di cuenta en Argentina cuando compartí el video del restaurante Don Julio. La mayoría de argentinos hacían comentarios negativos porque para ellos el asado forma parte de su tradición y no necesitan un restaurante con estrellas Michelin para disfrutarlo. Yo siempre que he viajado fuera, de lo que más me acuerdo es cuando alguien me lleva a su casa o me cocina un plato típico, porque es cuando me doy cuenta de que he entrado en su cultura.
También es una manera de introducir a la gente joven en el mundo del vino alrededor de un entorno distendido
Siento que la gente de mi zona está muy desconectada del mundo del vino, y eso que es una zona vinícola. Incluso tengo amigos que no han visitado una bodega en su vida. Lo que intentamos hacer en esos encuentros es traer vinos diferentes a los que pueden encontrar en los restaurantes de la zona, y todo en torno a una mesa en la que se pone en valor la gastronomía sólida y líquida que tenemos en la región. Aunque comamos cosas de otros países, siempre hay algo de la zona. El objetivo es que la gente valore la buena gastronomía que tenemos y crear relaciones entre la gente de allí.

Al margen de estos encuentros, cuéntanos en qué consiste tu trabajo actualmente
Yo hago comunicación gastronómica tanto para mis propias redes sociales como para restaurantes y bodegas que me contratan, a las que les diseño toda su estrategia de comunicación.
Divides tu contenido entre bodegas, restaurantes, hoteles y viajes. ¿Cómo eliges qué historias o proyectos contar y cuáles no?
Intento elegir sitios que a primera vista me transmitan algo. El año pasado, por ejemplo, estaba de vacaciones en Mallorca y me escribió un chico de mi edad muy ilusionado para que fuera a conocer su bodega. Si hubiera sido una bodega grande o industrial no hubiera ido, pero era una bodega pequeña que estaba en casa de su abuela, así que fui y me encantó, y este año he vuelto a verle y ponemos sus vinos en los encuentros que organizamos. Lo que intento es que no sean contenidos vacíos y que me transmitan algo que quiera poder comunicar después. Puede ser desde un establecimiento de lujo que actúe de dinamizador en su región a una pequeña casa de una emprendedora local, pero tiene que tener alma y verdad detrás.
¿Cómo es el método de trabajo con las marcas con las que colaboras?
Normalmente son las marcas las que me contactan, pero si a mí se me ocurre hacer una campaña y creo que puede ser interesante para una marca, soy yo la que se pone en contacto con ella, aunque no es fácil porque suelen tener un presupuesto y una estrategia muy cerrada. En cuanto a mis cuentas personales, cada vez procuro subir menos contenido pero de más calidad, aunque vaya en contra del algoritmo (ríe).
Tienes videos con más de medio millón de visualizaciones y tu audiencia es muy global
Yo al final estoy casi todo el año fuera de España y hago mucho contenido internacional, especialmente de Latinoamérica, donde la gente es muy amable y agradecida. Además, como en España estamos recibiendo mucho público latinoamericano, les ayudo también a planificar viajes por bodegas de España.
¿Cuál crees que fue el punto de inflexión en el que te diste cuenta de que podías vivir de esto?
No recuerdo que hubiera un punto de inflexión como tal, porque siempre he estado trabajando. Por ejemplo, con 17 años entré a trabajar en EF (Education First) y con 19 desarrollé la expansión internacional de Bumble en España. Nunca he tenido un plan para vivir de las redes, y como siempre he seguido haciendo mis trabajos de consultoría para marcas, no me veo obligada a tener que vivir de ellas, ya que cuando es así tienes que aceptar cosas que no quieres solo por un tema económico. Cuando puedo hacer alguna colaboración con marcas en redes es perfecto, pero no necesito hacer ciertas colaboraciones como los influencers que solo viven de ellas y acaban convirtiendo su feed en una teletienda.
¿Qué opinas de los prescriptores de vino que hay en España?
Honestamente no sigo mucho a los prescriptores de vino en España. Me gusta sobre todo la gente que hace reportes desde el campo. Me siento mucho más identificada con ello que con un cierto tipo de comunicación más snob. Luego hay personas que me encanta cómo comunican, como Alberto Ruffoni, pero que no entran en esa imagen de “prescriptor profesional de redes sociales”. Intento seguir sobre todo cuentas internacionales como las de Cotevil, Charles Pirou, Rafa Tonón, Alexander the Guest o Jacks Dinning Room, una mezcla entre influencers y divulgadores de distintos países como Chile, Estados Unidos o Brasil.

¿Qué crees que le falta al mundo del vino para conectar mejor con tu generación?
Creo que le falta humanizarse y no dar tanto la chapa. Hay que centrarse en las historias humanas que hay detrás de cada vino y si alguien se lo quiere beber en calimocho, que se lo beba. No se pueden poner pegas a la hora de consumir vino y hace falta ser menos técnico. Siento también que todas las bodegas se quieren parecer a las que lo hacen muy bien, y ahí falta personalidad. Cada una debe encontrar lo que la hace especial, y a partir de ahí comunicar y convertirse en una marca de deseo. Las bodegas no entienden que a la gente le da igual su marca, la gente compra transformaciones de sí mismos, y les van a comprar para que les vaya bien a ellos mismos, no a las bodegas. Por eso tienen que pensar si con lo que están comunicando están aportando algo al consumidor o no.
¿Qué consejo le darías a alguien con tus mismas inquietudes que quiera ganarse la vida creando contenido en torno al mundo del vino y la gastronomía?
Le diría que es muy complicado hacerlo bien, y que hay que tener mucha personalidad y estilo propio. Siento que como la comida está en nuestro día a día y es muy visual, cuando alguien no sabe muy bien qué hacer hace comunicación gastronómica, pero cuando a alguien no le gusta se le nota mucho. Hay que tener mucho conocimiento del sector, por eso yo nunca me meto a valorar la comida, porque me parecería muy atrevido hacerlo sin ser cocinera.
Recientemente has formado parte del listado de 100 Jóvenes Talentos de la Gastronomía promovido por el Basque Culinary Center y has alcanzado los 100.000 seguidores en Instagram. ¿Cómo vives estos hitos?
El tema del Basque Culinary Center me hace especial ilusión porque es una institución que tiene un rigor detrás y que además sirve para conectar a los jóvenes que estamos en el mismo sector. Aunque ojo, se está poniendo mucho el foco en la gente joven y creo que este talento debe ir acompañado siempre del talento adulto.
¿Tienes algún proyecto interesante actualmente en marcha?
Ahora tengo muchos viajes programados, sobre todo a Latinoamérica y a China, ya que voy a empezar a trabajar con un restaurante espectacular de Pekín y eso me va a permitir conocer mejor la cultura de allí. También estoy inmersa en algún proyecto editorial. Este año, en cualquier caso, me lo he tomado de forma más tranquila, pero estoy construyendo una especie de consultoría para actuar de conector entre cocineros que quieran trabajar fuera, hoteles que quieran introducir conceptos gastronómicos, clientes que vengan a España y quieran vivir experiencias privadas y marcas que quieran trabajar con cocineros. En definitiva, hacer un poco bandera de la cocina española fuera de nuestras fronteras y ayudar a que los que vengan a nuestro país de turismo puedan vivir sus propias experiencias gastronómicas.
Para terminar, recomiéndanos un restaurante, un hotel y una bodega que hayas descubierto en estos años y te hayan cautivado especialmente.
El restaurante voy a decir Gesto, en Medellín, porque volvería allí todos los días de mi vida. El hotel sería Casa María Luigia, de Massimo Bottura, en Módena. Y de bodega me voy a quedar con Ximénez-Spínola, en Jerez, que me encantó.
A pesar de ser de Teruel, no me gusta el frío. En 2011 me licencié en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y he trabajado en medios como la Agencia EFE o Unidad Editorial. En 2013 me incorporé al equipo de Contenidos de Bodeboca y desde entonces he aprendido mucho sobre el mundo del vino y los destilados, el cual forma parte de mi día a día. Actualmente soy el Content Lead de Bodeboca y coordino a un apasionado grupo de redactores. Me encantan también el fútbol, el cine, descubrir nuevos restaurantes y viajar.
