Belleza, sensibilidad y pureza sanluqueña
Te recomendamos una bodega que nos ha pellizcado el corazón gracias a unos vinos llenos de emoción que te transportan a una tierra mágica.
Alejandro Muchada y David Léclapart apostaron por este proyecto en 2016 con una visión muy clara: agricultura biodinámica, viñas viejas y viñedo propio. La agricultura y el campo son una base fundamental para estos dos elaboradores que unieron sus caminos de manera fortuita. Alejandro procedía del ámbito de la arquitectura y David era un absoluto vigneron de culto en Champagne.
Pocos podían vislumbrar en aquella época esta historia que desembocó en Sanlúcar de Barrameda para elaborar blancos tranquilos antes de la atención despertada en el Marco de Jerez con el auge de este estilo.
Ambos querían ser parte de la naturaleza del lugar para reflejar su expresión más pura. Alejandro nos ha comentado que “si quieres sentir el terroir, necesitas una variedad humilde”; de ahí la apuesta por la Palomino, una variedad que tiene mucha verdad y mucha honestidad según sus palabras.
La casa ha vivido este año un punto de inflexión tras anunciarse la incorporación de la familia García como nuevo socio de la propiedad. Los creadores de mitos como Mauro, San Román o Garmón comparten con Muchada-Léclapart esa sensibilidad por el viñedo, la biodinámica y los blancos de calidad y capacidad de guarda. Una unión que suma fuerzas y talento para seguir mejorando en cada añada.
Respecto a los vinos del 2024 que estrenamos ahora, hay que destacar que hemos encontrado un perfil de lo más delicado, marcado por una salinidad que da brillo en la boca y vida en la botella. Otra virtud es su versatilidad gastronómica con sabores intensos y llenos de umami. Una apuesta segura para disfrutar con la mirada puesta en el sur.
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