Los tintos de Ribeira Sacra

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Es indiscutiblemente uno de los paisajes más hermosos del viñedo español. La Ribeira Sacra tiene una extensión aproximada de 2.500 hectáreas de viñedo que crece en las empinadas laderas dibujadas por las riberas del Miño y del Sil, en el sur de la provincia de Lugo y norte de Ourense. La viticultura ha estado presente en estas tierras desde la antigüedad, sobre todo ligada a los monasterios y al paso de peregrinos hacia Santiago. “El vino forma parte del Camino”, dicen.

 

Sus tintos fueron servidos en la mesa de los emperadores romanos y han gozado de fama a través de los siglos. El buen aficionado al vino no puede pasarlos por alto, pues es en esta denominación donde conviven todas las castas tintas autóctonas gallegas. La Mencía es la uva protagonista, la más cultivada y conocida, pero el catálogo de uvas de la Ribeira Sacra se completa con sonoros nombres como: Caiño, Sousón, Merenzao, Brancellao, Mouratón o Negreda.

Conscientes del valor del patrimonio vegetal que todas estas castas autóctonas suponen, la Xunta de Galicia y el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) han realizado diferentes estudios en los últimos años para clasificarlas, analizarlas y determinar sus cualidades ( acidez, potencial de envejecimiento o grado alcohólico) de cara a mejorar su manejo y promocionar su utilización.

Los tintos de Ribeira Sacra son una oda a la frescura y suavidad, capaces de desplegar registros aromáticos muy particulares, en parte por la presencia de estas castas gallegas y también por la composición granítica del suelo donde crecen. El paisaje, cuando se tiene en mente al beberlos, hace el resto.