El Celler del Roure, la pureza de la Toscana valenciana

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¿Estás pensando en una breve escapada vinícola?

Hace unos días tuve la suerte de poder escaparme y visitar esta casa mediterránea donde entendí por qué llaman a esta enigmática zona levantina la Toscana valenciana.

Al salir de la autovía, en el corazón de Moixent, se desciende por un sinuoso camino de viñedos y cipreses. Este recorrido se va estrechando y sientes la emoción de acercarte a un tesoro como el submarinista que se adentra en el mar. 

Cuando por fin llegas a la bodega, te invade una gran sensación de paz. Te reciben unos simpáticos burros disfrutando del sol y el cacareo de las felices gallinas en un paisaje de tonos terrosos y de zonas cubiertas del blanco que aportan los suelos calcáreos de la zona. Se percibe la armonía que solo la naturaleza puede ofrecer. 

Este es el paraíso terrenal en la superficie, pero la joya de la corona de El Celler del Roure se encuentra escondida a varios metros de profundidad. Se trata de su emocionante bodega subterránea de más de 300 años. Descendiendo a ella volverá la sensación que se siente en el coche cuando recorremos el camino que dirige hasta la bodega. Definitivamente, estábamos descendiendo a un nuevo mundo, acercándonos cada vez más a un tesoro secreto.

En esta galería de curiosa forma circular se encuentran casi cien tinajas en las que antiguamente se elaboraban y se conservaban los vinos. Y hoy, tres siglos después, se lleva a cabo la crianza de algunas de las referencias más aclamadas y puras del Levante.

Bodega subterránea en El Celler del Roure

Poder disfrutar de este lugar tan mágico y auténtico se lo debemos a Paco Calatayud y a su hijo Pablo, los artífices de este fascinante proyecto. Como nos contaron en la bodega, Paco le dijo a su hijo hace muchos años que de esas tierras tendría que nacer “el mejor vino del mundo”. Y es que, en una época donde se anteponía la calidad a la cantidad, este gran emprendedor sabía que contaba con la altitud, el terruño y el clima ideal para dar vida a vinos inolvidables.

Pablo, con la misma fe que su padre, inició su aventura vinícola en los años noventa apostando por la filosofía que define a Celler del Roure: la recuperación de las uvas autóctonas y de un terruño único. La Mandó brilla en vinos frescos, afrutados, fluidos y muy expresivos. A esta tinta se une la Arcos, la Garnacha tintorera y las blancas Verdil y Merseguera: la expresión de un Mediterráneo encantador y desconocido para muchos.

A pesar de poner el foco en estas uvas tradicionales, Pablo también ha sabido sacar lo mejor en precisos ensamblajes de variedades más conocidas como la Monastrell, la Cariñena y la Syrah, demostrando su potencial en estas soleadas fincas.

Siguiendo la filosofía que persigue mostrar al mundo el carácter de las uvas y del terruño de este rinconcito mediterráneo, la mayoría de los vinos del Celler del Roure se crían en las tinajas subterráneas que evitan enmascarar su pureza aromática y varietal. Las barricas se utilizan para vinos más potentes elaborados con variedades internacionales.

Al final de la visita disfrutamos de una maravillosa cata, una auténtica experiencia sensorial donde gozamos con el paladar, con la nariz e incluso con la vista, ya que las etiquetas de estas referencias las realiza Dani Nebot, uno de los diseñadores valencianos más reconocidos. 

La próxima vez que viajes hacia el este, sigue mi consejo y busca este templo del vino, no te arrepentirás.