Entrevista a Alejandro Vigil, el Messi del vino argentino

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Ingeniero agrónomo, enólogo, consultor y empresario gastronómico. El polifacético Alejandro Vigil es toda una celebridad en Argentina. Dos de sus vinos obtuvieron 100 puntos Parker en 2018 y solo un año más tarde fue nombrado Enólogo del Año por Tim Atkin. Firma autógrafos y asesora a políticos cuando se lo piden. Sin duda, un fenómeno cuya influencia en su país traspasa el mundo del vino.

No procede de una familia vinculada al mundo del vino, así que… ¿cuál es el primer recuerdo que tiene de este sector?

Creo que no existe un primer recuerdo. Desde que tengo uso de razón estuve en esto. Al principio trabajaba en el viñedo y a medida que pasó el tiempo también empecé a elaborar vino. Mi abuelo Tristán vivía en San Juan y tenía allí un viñedo. Para mí no había nada mejor que pasar las vacaciones de verano allí trabajando. Me fascinaba, era un trabajo duro pero me marcó para toda la vida.

Estudió ingeniería agrónoma y posteriormente dio el salto a la enología. ¿Qué le llevó a tomar esa especialización?

Creo que el vino nace y se proyecta en el viñedo, y que la enología se va adaptando al lugar. Lo que siempre pienso es que los grandes vinos nacen en el viñedo, no solamente determinado por lo que llamamos terroir, que es ese vínculo hombre-suelo-clima, sino a la determinación inicial de plantar en ese lugar, y eso está mucho más cercano de la ingeniería agronómica que de la enología.

¿Cómo definiría el concepto de terroir?

El terroir para mí es la experiencia centenaria de cultivar y elaborar vino en un determinado lugar. Para llamarse terroir debe haber habido por lo menos dos generaciones de personas viviendo en un mismo lugar. El esfuerzo del hombre es fundamental.

Alejandro Vigil en uno de sus viñedos de Mendoza (Argentina)

En 2001 comenzó a trabajar con los Catena y hemos leído que su primera impresión de ellos es que eran “unos suicidas”. ¿Por qué?

Más bien pensaba que eran arriesgados e innovadores. La familia Catena había decidido plantar viñas en Gualtallary en el año 1994, cuando no había nada allí. Realmente creí que por la altura y temperatura la uva no iba a madurar, pero el tiempo demostró lo contrario. Varios de los mejores vinos de Argentina provienen de ese viñedo.

Hablando de Catena Zapata, ¿se acostumbra a vivir con la responsabilidad de ser el autor de los vinos de una bodega tan histórica?

No es que me acostumbre, es que es una vivencia general junto al doctor Catena y Laura Catena. Esa convivencia nos lleva a sentirnos familia y a pensar y dirigir los vinos desde una idea común que tiene que ver con la historia de la bodega y los próximos 100 años.

¿Qué sintió la primera vez que uno de sus vinos obtuvo 100 puntos Parker?

En lo personal fue la sensación de haber terminado un trabajo, pero en general lo que sentí es que fue un reconocimiento a una región que se piensa que es Nuevo Mundo pero en realidad viene vinificando desde hace más de 400 años.

En 2008 arrancó, junto con Adrianna Catena, el proyecto de los vinos El Enemigo. ¿Necesitaba independizarse de las directrices de Catena Zapata?

No. Adrianna y yo somos grandes amigos, compartimos la pasión por la literatura, el arte y el vino, y surgió la idea de hacer algo juntos que nos representara, que nos hiciera salir de nuestra zona de confort, de hacer algo diferente, y así nació El Enemigo, un proyecto enfocado en la Cabernet franc, en sus suelos y en la expresión pura de la tierra.

¿Por qué eligieron el nombre de El Enemigo para este proyecto?

Un tiempo después de que comencé a trabajar en Catena Zapata, Nicolás Catena me pidió que hiciera un blend para el Nicolás Catena Zapata 2001, y años después, cuando comenzamos el proyecto de El Enemigo, no sabíamos cómo nombrarlo. En una cena Nicolás me preguntó si recordaba cómo había hecho ese blend, y la respuesta fue “lo hice jugando, como un niño, sin precisiones”, a lo que el Dr. Catena agregó: “sin miedos”, y es que el peor enemigo del hombre es el miedo. Es por eso que decidimos nombrar a nuestros vinos El Enemigo como un recordatorio a no quedarnos en nuestra zona de confort y buscar la manera de cumplir nuestros sueños.

Vigil catando uno de sus vinos

¿Cree que el consumidor europeo valora actualmente el vino argentino como realmente se merece?

Creo que todos los reconocimientos acompañados por el aumento de calidad y, sobre todo, su gran relación calidad-precio, nos ayudan a ser más visibles. Va a depender de nosotros seguir creciendo.

Es usted una persona muy comprometida con su región, y pudiendo ganar más dinero haciendo vino en otras regiones del mundo, ha decidido hacerlo en Mendoza.

Soy un convencido de que se puede cambiar el mundo haciendo vino. En la industria vitivinícola se emplea a muchas personas tanto para las labores culturales como para la elaboración y comercialización, pero eso se proyecta también a otros sectores como el turismo. En Mendoza el turismo creció enormemente en los últimos años debido a la amplia oferta gastronómica que se ofrece, lo que genera más oportunidades para la sociedad. Para todos estos proyectos es fundamental el compromiso de la familia Catena y el mío.

¿Cómo ha sido la cosecha de 2020 en Mendoza dentro de la situación global derivada de la Covid-19?

Fue una gran cosecha a pesar de la situación. Tuvimos una baja producción pero logramos una alta calidad. No se frenó la cosecha debido a la pandemia, pero tuvimos que trabajar con nuevos protocolos.

Para terminar, recomiende a nuestros socios un vino para empezar a descubrir Mendoza y otro vino mendocino para descorchar en una ocasión más especial.

Catena Malbec Clásico para entender cómo se da nuestra bandera y El Enemigo Cabernet Franc para entender lo distinto que podemos ofrecer.