Primeurs de Burdeos 2025: las claves de la añada

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Un año más viajamos hasta la semana de primeurs de Burdeos para conocer de primera mano los vinos de la próxima añada 2025 que saldrán a la venta en el futuro. Nuestra compañera Arancha López del equipo de selección y ventas fue la encargada de acudir en esta ocasión, así que aprovechamos para preguntarle por todo lo vivido (y catado) en una de las citas marcadas en rojo por compradores de vino de todo el mundo.

¿Qué expectativa tenías de los primeurs de Burdeos antes de esta visita?
Era la primera vez que vivía la campaña de primeurs in situ, así que iba con una mezcla de emoción y nervios. Tenía muchas ganas de ver de cerca esas grandes bodegas que estudias cuando te formas en vino y también de vivir el ambiente profesional: perfiles muy distintos, agendas apretadas y una intensidad que solo se entiende cuando estás allí. En cuanto a los vinos esperaba muestras más duras, menos accesibles, vinos a los que hubiera que “echar imaginación” para ver su potencial. Y fue justo lo contrario.

¿Las ha superado?
Muchísimo. Han sido días llenos de experiencias: visitamos 26 bodegas además de las catas grupales. Poder escuchar directamente a los enólogos de casas míticas, entender la añada desde dentro y compartirlo con gente tan diversa pero unida por la misma pasión, ha sido increíble.

¿En qué consiste una jornada de catas en estos primeurs?
El primer día arrancamos con la cata de la UGCB (Union des Grands Crus de Bordeaux), donde cientos de vinos están organizados por zonas. Es una forma fantástica de obtener una visión rápida de la añada y de cada apelación. Después empiezan las visitas a bodegas. Ese mismo día fuimos a Carmes Haut‑Brion, una de mis favoritas. Una bodega preciosa, muy distinta al estar dentro de la ciudad.

Los días siguientes empezaban temprano —recogida en el hotel a las 7:50h— y desde ahí recorrimos la orilla izquierda y la derecha. Las comidas eran en las propias bodegas, con mesas de quesos espectaculares y barbacoas increíbles para los amantes de la carne. Y por la noche, cenas con los négociants. Jornadas intensas, pero aprovechadas al máximo.

¿Cuántos vinos has catado en total?
Es complicado llevar la cuenta, sobre todo por las catas grupales… ¡y por las cenas! En una de ellas, por ejemplo, hicimos una cata a ciegas a modo de juego, una forma muy divertida de romper el hielo entre gente que no se conocía y donde probamos auténticas joyas.

Si hablamos solo de las visitas a bodegas, catamos 77 vinos en primeur, a los que se sumaron algunas sorpresas de añadas antiguas en alguna bodega, o vinos ya en el mercado, como los de Château Latour. Digamos que, a la vuelta, una limpieza profunda en el dentista se convirtió en una cita ineludible.

¿Se cata de forma diferente sabiendo que es un vino que no está acabado?
Sí. Vas con la mente más abierta y el paladar más analítico. Buscas estructura, equilibrio, textura, acidez… señales de lo que será, más que lo que es hoy. Pero en esta añada, muchos vinos ya mostraban una armonía sorprendente.

¿Cómo ha sido la añada 2025?
Si tuviera que resumirla: cálida y seca, pero con un resultado excepcional. 2025 se considera una de las mejores añadas recientes en Burdeos. El ciclo vegetativo fue muy estable, sin incidencias, y la vendimia llegó con una maduración perfecta. Los rendimientos fueron bajos, así que habrá menos vino del habitual.

Hubo escasez de agua, pero sin llegar a frenar la planta, y las lluvias justo antes de vendimiar ayudaron a moderar el grado alcohólico. También destaca el mayor protagonismo del Cabernet franc en la orilla derecha e incluso un toque de Malbec en Cheval Blanc, algo que no ocurría desde hace un siglo.

Define el perfil de la añada con pocas palabras.
A pesar de haber sido un año cálido y seco, los vinos sorprenden por su vivacidad, con taninos finos y una fruta fresca, nada pesada. La acidez está muy bien integrada, lo que les aporta tensión y un recorrido magnífico. Es una añada que combina madurez y elegancia, con un estilo más clásico —una vuelta a la filosofía previa a los años 80, antes de la influencia de Parker— y con un uso mucho más moderado de la madera, una tendencia que muchos elaboradores están recuperando.

¿Cuáles han sido las bodegas que más te han impactado?
Diría que Angélus en su conjunto. Ya vas predispuesta porque sabes que visitas una bodega mítica, pero la experiencia fue impresionante. Este año inauguraron la reforma: la parte superior parece una iglesia, elegante y majestuosa, y en la inferior los tanques están suspendidos en el techo. Una auténtica locura.

¿Y los vinos más especiales que has probado?
Pues salen muchos favoritos en la lista. Sin duda destacaría Pontet Canet, fue uno de los vinos más distintos de todo el viaje. Pavillon Blanc de Château Margaux me enamoró: fruta blanca muy expresiva, acidez vibrante, riqueza y suavidad a la vez. Me bebería una botella ahora mismo. Y por supuesto, Cheval Blanc, con ese guiño histórico al incluir un toque de Malbec por primera vez en 100 años, fantástico

¿Hay lugar para la gastronomía en esta semana?
Iba con un poco de miedo porque no como carne —confieso que llevaba barritas de proteína en el bolso—, pero no hicieron falta. Aunque no pude probar las barbacoas de pato o steak, era temporada de espárragos blancos y estaban increíbles. También disfrutamos de ostras, vieiras a la parrilla y la mesa de quesos más espectacular que he visto, en Pontet‑Canet.

¿Con qué apelaciones te quedarías en esta añada 2025?
Me quedo con Saint‑Émilion. Tiene pesos pesados como Cheval Blanc o Angélus y una consistencia impresionante en 2025.

¿Cuál fue tu momento favorito del viaje?
Hubo dos momentos que se me quedaron grabados. El primero fue nuestra parada en Saint‑Émilion. El pueblo es sencillamente impresionante. Calles empedradas, casas de piedra dorada y viñedos envolviéndolo por completo; ese pueblo parece sacado de una postal. El segundo fue entrar en Angélus casi en silencio, solo nosotros y el técnico de la bodega. El espacio es tan singular —con esa arquitectura casi teatral— que impresiona. Fue uno de esos instantes en los que piensas: “vale, esto no se me va a olvidar”.


¿Qué te llevas de esta experiencia?
Además de la gente, los paisajes y la oportunidad de probar vinos míticos que antes solo veía en los libros cuando estudiaba, me llevo una sensación muy clara: cuanto más aprendes, más consciente eres de lo que te queda por aprender. Un viaje así te permite entender cómo las condiciones de un año se traducen en el vino y te da una perspectiva completamente distinta. En mi opinión, la comparación es la mejor herramienta para aprender, y aquí comparas absolutamente todo: zonas, estilos, decisiones de bodega, añadas… incluso filosofías de trabajo que no tienen nada que ver entre si.

También te das cuenta de lo diverso que es este mundo. Piensas que todos los que están allí tienen una tienda o una distribuidora, y de repente te encuentras con perfiles menos frecuentes como los catadores de Suckling; algún coleccionista privado; o la persona que selecciona los vinos para la Casa Blanca. Es un recordatorio de que el vino conecta mundos muy distintos. 

Y por último me llevo algo que no esperaba: la sensación de haber formado parte, aunque sea por unos días, de una tradición que lleva siglos construyéndose. Estar allí, en esas bodegas que tantas veces has visto en fotos, probando vinos que aún no existen “oficialmente”, te hace sentir que estás viendo el futuro antes de que llegue. Y sí, después de esta experiencia, pienso darme un pequeño homenaje y comprar alguna botella de esta añada para recordarlo.

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De Málaga, amante del vino y la comida en general, y de la manzanilla y los torreznos en particular. Publicitario de formación y profesión, dejé el mundo de las agencias de publicidad para entregarme a una pasión: la comunicación del universo vinícola.