El renacer del patrimonio atlántico
La historia de la familia Ramilo con el vino se remonta a principios del siglo XX con Manuel Francisco Ramilo, pero es en 2013 cuando el proyecto vive su verdadera revolución.
Los hermanos Pedro y Nuno Ramilo (la cuarta generación) decidieron abandonar sus carreras profesionales para responder al desafío de su padre: retomar la tradición familiar, pero bajo una visión radicalmente propia. Su misión ha sido rescatar viñedos abandonados y devolver el prestigio a variedades autóctonas casi olvidadas en dos zonas geológicamente opuestas pero unidas por la influencia del océano.
El corazón de la bodega late en dos fincas: una en las laderas rocosas y arcillosas del valle del río Lizandro (en Mafra), y otra en las míticas dunas de Colares. En esta última, Ramilo destaca por ser uno de los pocos productores privados que vinifica de forma independiente (sin pasar por la cooperativa local) sus vinos de Ramisco y Malvasía de Colares.
Estos viñedos, plantados en pie franco en arenas profundas, sobrevivieron a la filoxera y producen vinos de una salinidad y longevidad extremas. Con una intervención mínima en bodega y el uso de lagares de piedra, los Ramilo han logrado que sus vinos sean considerados hoy entre los más puros y vibrantes de la región de Lisboa.
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