Viñedos viejos, vinos libres
Hay lugares donde el vino no se hace, sino que se hereda y se defiende. En el corazón de Lanciego, El Mozo Wines late a un ritmo diferente, ajeno a las modas y fiel a la tierra.
El proyecto nació en los años 70 de la mano del abuelo Cesáreo, apodado cariñosamente "El Mozo", para proteger el porvenir de los suyos. Décadas después, tras la repentina pérdida de sus padres en 2010, la familia se enfrentó a una encrucijada vital. Fue entonces cuando se fraguó el gran cambio: regresar a las raíces para transformar la nostalgia en el motor de una revolución verde y honesta.
Para los Compañón, la viticultura es un acto de resistencia y el amor familiar. Velan por el bienestar de pequeñas parcelas de viñedo viejo, algunas plantadas hace más de 70 años en las faldas de la Sierra de Cantabria. Hoy, los hermanos Itxaso y Unai, tercera generación, son los afortunados guardianes de un patrimonio inigualable.
El secreto de su fuerte identidad nace en el propio campo, donde practican una viticultura tradicional, sostenible y de mínima intervención. En estos minifundios conviven armoniosamente variedades tintas como la Tempranillo, la Graciano y la Mazuelo, junto a joyas blancas como la Viura y la Malvasía. Al respetar las mezclas originales de los viñedos antiguos, logran una complejidad y un equilibrio que el monocultivo actual difícilmente puede replicar.
Esa honestidad se traslada intacta a la bodega a través de métodos de elaboración artesanales que huyen de los artificios tecnológicos. Se trabaja con levaduras autóctonas, fermentaciones espontáneas y maceraciones carbónicas tradicionales, el alma histórica de la comarca.
Los niveles de sulfatado se reducen al mínimo, permitiendo que cada botella sea un reflejo transparente de la añada, el clima y el suelo calizo de Lanciego. El resultado es una gama de vinos frescos, vibrantes y descarados, que rompen con los cánones más encorsetados de la región.
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