Garnachas históricas de Campo de Borja, un tesoro que cuidar

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En el mundo del vino existen datos alarmantes que llaman a la acción inmediata. Pero hoy vamos a centrarnos en una región que, no por formar parte de lo que se conoce como España Vaciada, requiere menos atención. Estamos hablando de Campo de Borja, cuna de una de las variedades más en boga durante los últimos tiempos: la Garnacha.

Se estima que entre 2010 y 2025 la superficie de viñedo adscrita a esta denominación de origen, que cuenta con más de 6.000 hectáreas en total, se ha reducido en más de un 20%. Pero los datos todavía resultan más llamativos si ponemos la lupa en su uva más emblemática, que representa más de la mitad de la superficie plantada, y que ha sufrido un retroceso del 30% en términos generales, llegando al 60% cuando se trata de Garnacha procedente de viña vieja (más de 35 años), pasando de las 1.000 hectáreas cultivadas hace poco más de 15 años a solo 425 en la actualidad. 

La causa de este retroceso es principalmente la falta de relevo generacional en el campo, motivada por el abandono del mundo rural por parte de muchos jóvenes. Pero tampoco hay que obviar la singular estructura productiva de la comarca, basada en un modelo cooperativista que no siempre ha garantizado unos precios de compra de uva que hicieran atractivo para el viticultor preservar este patrimonio natural.

Para intentar paliar esta situación, la Denominación de Origen Campo de Borja ha impulsado desde 2022 el proyecto Garnachas Históricas, un plan de acción con vocación científica desarrollado en colaboración con la Universidad Pública de Navarra y la Universidad de Zaragoza, financiado con fondos europeos y con el apoyo también del Gobierno de Aragón. 

Este proyecto, cuyo fin es el de proteger y poner en valor los viñedos viejos de Garnacha de la zona, ha tenido dos grandes dimensiones: por un lado, establecer un método científico para la medición de la edad de las cepas más antiguas de la región; y por otro, la posibilidad de establecer (también mediante un método empírico) una relación de causalidad entre estas viñas y el sabor de los vinos obtenidos con ellas, así como su capacidad de envejecimiento.

El equipo de Bodeboca, representado por quien escribe estas líneas, tuvo ocasión de ser testigo directo de los resultados de este estudio que finalizó en 2025 durante un viaje de prensa. Allí, los responsables de la D.O., con su director técnico José Ignacio Gracia a la cabeza, compartieron los datos más reveladores, que ya se habían hecho públicos en el encuentro que la organización sin ánimo de lucro The Old Vine Conference, defensora del viñedo viejo a nivel mundial, realizó en California unos meses atrás.

Estudios científicos y resultados 

La primera parte del estudio, destinada a implementar una metodología específica para comprobar la edad de los viñedos viejos de Garnacha de esta D.O, corrió a cargo de la Universidad Pública de Navarra, con el Dr. Gonzaga Santesteban al frente. Este equipo de trabajo desarrolló una técnica mediante distintas ópticas. Por un lado, mediante el análisis de imágenes tomadas por vuelos históricos desde los años 50 hasta la actualidad, que incluyeron fotos del “vuelo americano” de 1956 o del “interministerial” de 1977 para verificar visualmente la existencia de viña en la denominación.

Además, teniendo en cuenta el crecimiento morfológico de las viñas más antiguas y comprobando la edad de las mismas, se llegó a una de las conclusiones más interesantes del estudio: la constatación de que el crecimiento de estas cepas es de alrededor de 1,55 centímetros de media al año; una estimación a la que se llegó analizando el tronco y las secciones de poda de cada planta durante los últimos años, de forma que multiplicando esa cifra por su altura total, se obtuvo una edad muy precisa de cada planta que coincide con las fotos tomadas desde el aire. 

La segunda vertiente del proyecto, que estuvo bajo la dirección del Dr. Vicente Ferreira, del Laboratorio de Aromas del Vino y Enología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza, analizó a través de un proceso químico si la edad de estas viñas afecta de alguna forma a las características organolépticas de sus vinos. En este sentido, el estudio reveló aspectos sorprendentes, y es que tras analizar microvinificaciones de tres añadas diferentes (2022, 2023 y 2024) las conclusiones fueron claras: las viñas históricas ofrecen una complejidad aromática superior y más intensa que las jóvenes.

Esta parte del proyecto evidenció también que en función de las subregiones de la D.O. en las que se encontraban las cepas, los perfiles de los vinos variaban significativamente, confirmando la influencia real del terruño. Así, en las zonas situadas a menor altitud se apreciaban vinos con más cuerpo y volumen, con notas afrutadas, de vainilla y frutas negras derivadas de compuestos como el guayacol y el eugenol. Por el contrario, en las partes medias y altas los vinos presentaban mayor expresividad aromática, frescura y acidez, ofreciendo notas más florales debido a una mayor concentración de terpenos y Beta-ionona.

Esta mayor diversidad e intensidad aromática apreciada en los vinos procedentes de viñas viejas permite que el vino evolucione con mayor riqueza de matices a lo largo del tiempo y, por tanto, tenga mayor capacidad de envejecimiento. Además, el metabolismo de las cepas más antiguas, al ser más equilibrado que el de las jóvenes, se traduce en una uva que soporta mejor las variaciones climáticas de cada añada, produciendo un vino con parámetros más aptos para una crianza prolongada.

Cepas en vaso cultivadas por Javier Gil Pejenaute.
Cepas en vaso cultivadas por Javier Gil Pejenaute

Las pruebas de ADN realizadas a las cepas más antiguas que se tomaron como muestra para este estudio confirmaron también una “uniformidad casi absoluta” de la variedad Garnacha en estas parcelas, a diferencia de otras regiones donde las viñas viejas suelen tener mezcla de distintas variedades. 

En cuanto al vínculo de la Garnacha con el Campo de Borja, se identificó la presencia unánime del portainjerto Rupertris du Lot, creado en 1879, uno de los primeros usados tras la crisis de la filoxera. Este hecho refuerza la relación de esta variedad con la zona, cuyos lazos históricos ya están documentados gracias al cultivo de la Garnacha por parte de los monjes cistercienses que habitaron el monasterio de Veruela desde el siglo XII. 

No hay que olvidar que el título de “cuna de la Garnacha” promovido por esta D.O. está avalado en el descubrimiento de semillas con más de 4.000 años de antigüedad en el yacimiento arqueológico de La Muela de Borja, lo que implicaría que esta variedad de uva tuvo su nacimiento aquí, pues hasta la fecha no se han documentado hallazgos anteriores en ninguna otra región vitivinícola del mundo.

Con todos estos datos en la mano, el objetivo final es poner en valor el inmenso patrimonio cultural de las Garnachas viejas de Campo de Borja con la idea de crear una figura comercial bajo el título de “viñedo histórico”, con la que el consumidor final sea consciente de que lo que tiene en la copa es, literalmente, historia líquida.

Cinco garnachas de Borja que merece la pena probar

Desde Bodeboca queremos acercarte este tesoro de incalculable valor a partir de una serie de vinos elaborados con estas viñas. A modo de muestra, te sugerimos un quinteto de lujo compuesto por algunas de las etiquetas más reseñables de la denominación. Cinco monovarietales en distintos rangos de precio que cuentan tanto con el aval de los críticos como de los aficionados, y que han posicionado al Campo de Borja como una D.O. referente a la hora de disfrutar de las siempre apetecibles garnachas de nuestro país. 

Botella de Coto de Hayas Garnacha Centenaria

Coto de Hayas Garnacha Centenaria

Bodegas Aragonesas es la casa más grande de Campo de Borja en cuanto a cifras de producción. Nacida a mediados de los ochenta a partir de la unión de dos cooperativas (Magallón y Fuendejalón), se ha consolidado como uno de los motores de la D.O., con una gama de lo más diversa. Empezamos con una de sus etiquetas más populares, que procede de viñas con más de cien años. Estas parcelas, ubicadas a los pies del Moncayo, son una de las mejores muestras de la herencia vinícola de Campo de Borja, capaz de entregar frutos únicos y convertirlos en vinos con una ecuación placer-precio excepcional.

Botella de Borsao Tres Picos

Borsao Tres Picos

Otra de las bodegas más reconocidas de la comarca es Borsao, cuyo nombre procede del antiguo nombre con el que se conocía al municipio de Borja, cuna de la casa española que dio al mundo los dos únicos papas españoles de la historia (Calixto III y Alejandro VI). Estamos ante un vino icónico, ya que en 2015 el mismísimo Robert Parker Jr., fundador de The Wine Advocate, dijo que era el vino con la mejor relación calidad-precio del mundo. Hoy en día sigue siendo un auténtico blockbuster de esta casa que ofrece una de las mejores experiencias enoturísticas de la zona.

Botella de Fagus

Fagus

De Bodegas Aragonesas es originaria una de las referencias que más disfruté durante mi visita a la región. Procedente de cepas de entre 40 y 50 años (y que por tanto, ya podrían acogerse a la figura de “Garnachas Históricas”), Fagus se obtiene mediante la selección de uvas procedentes de distintas parcelas, a las que se añade un pequeño porcentaje de vino procedente de otras dos añadas. Una original elaboración que se traduce en un vino goloso, concentrado y con un paso por boca equilibrado y sedoso.

Botella de Alto Moncayo

Alto Moncayo

Aunque Campo de Borja cuente con un ramillete de bodegas y la mayor parte de la producción esté en manos de unas pocas, también existen proyectos boutique con una producción más controlada que ambicionan la elaboración de vinos de alta gama. Ese es el caso de Alto Moncayo, una bodega ubicada en el municipio de Tabuenca y con parcelas de entre 70 y 90 años que se encuentran entre los 700 y 800 metros de altitud, por encima de la media de la D.O. Este vino, junto con Aquilón, representa la excelencia de la Garnacha vieja de Aragón. 

Botella de Las Paradas

Las Paradas

Finalizo con un pequeño proyecto familiar alejado de las grandes producciones, capaz de dar lustre a toda una región gracias a sus joyas líquidas. Hablo de Gil Pejenaute, el proyecto de Javier Gil y su esposa Cristina asentado en el municipio de Tabuenca que intenta rescatar los viñedos olvidados de la zona y crear con ellos vinos de alta gama. Las Paradas fue el primer “bebé” de la familia, al que luego se sumó Tabuca. Dos referentes de la D.O. que nos hacen creer que todavía hay mucho futuro para la Garnacha vieja de Campo de Borja.

Fuentes:

Foto de portada: Garnacha vieja de Bodegas Borsao.

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A pesar de ser de Teruel, no me gusta el frío. En 2011 me licencié en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y he trabajado en medios como la Agencia EFE o Unidad Editorial. En 2013 me incorporé al equipo de Contenidos de Bodeboca y desde entonces he aprendido mucho sobre el mundo del vino y los destilados, el cual forma parte de mi día a día. Actualmente soy el Content Lead de Bodeboca y coordino a un apasionado grupo de redactores. Me encantan también el fútbol, el cine, descubrir nuevos restaurantes y viajar.