Comité de cata: Remelluri

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En el último comité de cata que hemos llevado a cabo en Bodeboca tuvimos la oportunidad de probar gran parte de los vinos que conforman Remelluri, la bodega familiar de Telmo Rodríguez en Rioja alavesa. Esta casa conocida por su buque insignia Remelluri Reserva, un valor seguro reconocido por crítica y público, tiene un proyecto apasionante que en los últimos años ha consolidado su apuesta: Lindes de Remelluri.

Lindes comenzó en 2009, fecha en la que se decidió que Remelluri se elaboraría exclusivamente con uva propia, para poner en valor tanto a los viticultores como a la forma de trabajar la viña —tradicional y respetuosa— de dos pueblos históricos como Labastida y San Vicente de la Sonsierra. No son unos second vin al estilo de Burdeos, son un homenaje y un reconocimiento al trabajo de muchos viticultores que han estado en la sombra durante décadas. Labastida más frutal y fresco; San Vicente más maduro y corpulento.

Ahora se han sumado más pueblos a esta colección, como Briñas, Ábalos, Salinillas de Buradón, Peciña, o Rivas de Tereso; además de una edición limitada llamada Grandes Lindes de Remelluri.

Nacho Civera (Content Lead) destaca tras la cata los municipios de San Vicente de la Sonsierra, Labastida y Rivas del Tereso, que “conforman un triángulo mágico a los pies de la Sierra de Cantabria en el que nacen vinos únicos. Si hay alguien que sepa transmitir perfectamente las singularidades de cada uno de esos tres municipios es Telmo Rodríguez, por eso no es de extrañar que los tres vinos que más me entusiasmaron la última vez que Remelluri pasó por nuestro comité de cata procedieran de estas localidades.

De Lindes de Labastida 2021 me gustó su perfil clásico de tinto riojano de siempre, marcado por sus notas de fruta negra y su fondo balsámico, con un paso por boca preciso y no exento de cierta mineralidad. Un vino serio que disfruté horas más tarde junto a unos muslos de pollo a la riojana que elevaron la experiencia a otro nivel.

De Rivas de Tereso 2021 me cautivó su frescura y su paso delicado por boca, quizás explicado por la altitud a la que se encuentra el municipio, más cerca de la sierra que los otros dos. Fue uno de los últimos vinos de la cata y el cansancio no le penalizó, pues sus agradables notas florales y su textura más mantecosa llamaron mi atención.

Dejo para el final el que seguramente fue mi vino favorito de la cata: Grandes Lindes de Remelluri Jesusa Areta 2020, procedente de San Vicente de la Sonsierra. ¿Que por qué me gustó tanto? Por su sutileza y bebibilidad, y también por su generosidad frutal en nariz. Un vino sumamente elegante, redondo y con una acidez en su punto exacto.” Esta referencia también enamoró a Guadalupe Asensio (Marketing & Brand Manager), que lo describe como “goloso, con un tanino controlado pero presente y un paso por boca fino, afrutado y fresco.”

También fue sorprende poder comparar dos añadas consecutivas de Remelluri Reserva para ver la evolución de su perfil según las condiciones climatológicas de cada año. 2017 presentaba una nariz madura y oscura, con unas notas muy finas de especias dulces mientras que la sensación en boca fue sabrosa, jugosa, profunda y con una acidez bien marcada. La 2018 fue completamente diferente: más fresca, frutal y balsámica. El paso final por boca tenía un ligero punto amargo que me hizo salibar y querer probar un poco más al instante.

En este ejercicio de cata resultó muy interesante comprobar las diferencias de estilo que hay entre municipios separados por pocos kilómetros, algo que siempre ha sido una de las claves de la riqueza de Rioja. Altitud, orientación y suelo han marcado el aroma, el sabor y la textura de cada uno de estos vinos que se han vinificado de la misma forma para respetar su identidad.

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De Málaga, amante del vino y la comida en general, y de la manzanilla y los torreznos en particular. Publicitario de formación y profesión, dejé el mundo de las agencias de publicidad para entregarme a una pasión: la comunicación del universo vinícola.