Bárbara Palacios: «Lo más importante es la viña, no tener mucha producción»

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Hija, nieta y sobrina de bodegueros, Bárbara Palacios lleva un apellido de sobra conocido en el panorama vinícola español. Con el vino en la sangre decide seguir sus pasos y se marcha a estudiar a Burdeos. Durante sus estudios tiene la oportunidad de trabajar en algunas de las regiones más importantes del mundo: Burdeos, Napa Valley, McLaren Valley, Toscana, Malborough y Mendoza. Tras esta experiencia internacional en bodegas de renombre, decide volver a España en 2005 para hacerse cargo de un viñedo plantado por su padre, Antonio Palacios, en Los Riscos de Bilibio. Es entonces cuando decide llevar a cabo su propio proyecto, Barbarot, y mostrar así la otra cara de Rioja.

¿Qué ha supuesto para ti pertenecer a una saga tan importante en el mundo del vino español y qué has aprendido de lo que has visto en casa?

Gracias a mi padre, Antonio, que fue enólogo de Palacios Remondo, he aprendido a llevar un viñedo, trabajar bien un vino y saber apreciar que para elaborar un buen vino hay que tener una buena uva. Lo más importante es la uva, sin buena uva no se puede empezar.

Heredaste un viñedo de Tempranillo y Merlot. ¿Qué dificultades puede tener cultivar la Merlot en Rioja y qué aporta la zona al resultado final?

En general, la Merlot es una variedad difícil de cultivar, tiene un ciclo muy corto y hay que tener mucho cuidado con ella porque tan pronto está verde como sobremadurada. Nuestra parcela se encuentra a 500 metros de altitud, y eso es beneficioso para esta uva, ya que nos da referencia y nos permite saber cuándo cosecharla para tener una uva muy fresca. Además, los suelos son arcillo-calcáreos y le aportan una potencia y una elegancia muy importante a la variedad.

Por otro lado, aunque solo añadimos, como mucho, un 15% de Merlot al vino, ya que es una variedad experimental en Rioja y no podemos irnos más allá, aporta un tanino muy fino, una acidez muy importante al Tempranillo y un equilibrio que permite hacer crianzas largas en barrica y en botella.

¿Qué diferencias encontramos entre tus dos vinos, Barbarot y en Puppi?¿Qué va a apreciar el socio en cada uno de ellos?

Puppi es un vino más desenfadado, perfecto para el copeo, comidas sencillas, un vino para estar con los amigos, abrirlo y compartirlo. Es más “rápido”, más fácil de beber. Aun así, tiene mucha fruta y potencia. Esta añada tiene más elegancia y más seriedad de la que solemos buscar para Puppi, ya que es una semicrianza, porque en 2017 fue el año de la helada y tenemos la mezcla de viñedo más viejo y más nuevo.

Barbarot es diferente, es un vino con el que sentarse a comer. Lo mejor es dejar el vino en la copa y que se exprese. Ha estado 13 meses en barrica y dos años en botella, es un vino mucho más hecho, mucho más redondo, hay que darle tiempo para disfrutarlo en condiciones. Es una expresión de fruta pero tiene mucha complejidad. El viñedo, el suelo arcillo-calcáreo, que le aporta mucha mineralidad, el entorno lleno de bosques… todas esas cosas se notan en el vino, Barbarot necesita más tiempo que Puppi.

¿Te animarías a elaborar algún rosado o algún blanco?

Hemos hecho algunas pruebas de rosado, pero solo lo comercializamos un año, todavía no tengo estructura para elaborarlo. Este año voy a plantar una viñita de Garnacha blanca y en un par de años, espero poder hacer mi primer blanco.

¿Cuántas personas forman tu equipo?

En el viñedo están Miguel Mato y su hijo, que me ayudan, contratamos a más gente cuando hay que hacer trabajos con más urgencia. Siempre intento hacer bastante trabajo de viña, pero no me da tiempo a todo y la poda me gusta hacerla a mi. En bodega, realmente, estoy solo yo. Los días de más trabajo contrato a personas de fuera, pero normalmente con la ayuda de mi padre me encargo yo de todo.

Como mujer, ¿consideras que te ha costado más o has tenido alguna traba para dedicarte al mundo del vino?

Bueno, trabas, ya sabes que siempre las hay, como en demasiados entornos, pero yo creo que cada vez nos vamos haciendo más hueco y es más fácil ver a mujeres en cualquier parte de la bodega. Quizás en el tema de campo sí he tenido alguna dificultad mayor, ya que no están acostumbrados a ver a la mujer trabajar en el viñedo, pero en la bodega, la verdad, es que no.

Formas parte de Rioja ‘n’ Roll, con bodegas como Exopto u Oliviere Riviere. ¿Con qué propósito formas parte de este colectivo?

Rioja ‘n’ Roll nace con la idea de dar a conocer esa imagen de Rioja que no todo el mundo conoce, los pequeños proyectos. Quisimos juntarnos porque nuestro lema es “juntos somos más”. La idea era mostrar esta Rioja donde lo más importante es la viña y no tan importante tener mucha producción. Somos pequeñitos pero creemos en nuestro viñedo y estamos intentando hacer algo en lo que creemos. Ahora, cada uno tiene su proyecto y es difícil juntarse, pero la idea es esa. También creo que a partir de nosotros dimos paso a gente que tenía ganas de hacer nuevos proyectos.

Has estado en algunas de las regiones vinícolas más importantes del mundo. ¿Cuál ha sido tu favorita y cuál ha sido la experiencia que más te ha aportado?

Quizás la que más me ha aportado ha sido Argentina. Fui allí durante tres cosechas diferentes y tuve la oportunidad de formar parte de un equipo. También fue mi último trabajo en el extranjero y a partir de ahí me sentí más capaz y me vi preparada para dar el paso a hacer mi propia bodega, ponerme al frente en la administración y a llevarlo todo yo.

¿Cuándo y porqué decidiste volver a casa?

En realidad desde 2005 ya he vendimiado y elaborado Barbarot, aunque no siempre hemos embotellado, dependía de la calidad de las añadas y eran producciones muy pequeñas, unas mil botellas. Vendimiaba aquí en España y en febrero me iba al hemisferio sur a hacer otra vendimia. En 2008, 2009 y 2010 estuve yendo a Argentina y lo que me hizo volver definitivamente fue querer estudiar la carrera de Enología, ya que en su momento había estudiado el técnico.