Entrevista a Valeria Casal, ‘brand ambassador’ de House of Suntory

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Nunca antes habíamos tenido en estas páginas la experiencia de una embajadora de marca, en este caso de una de las grandes empresas internacionales de destilados junto con Diageo y Pernod Ricard. Queremos saberlo todo al respecto, en qué consiste su trabajo, qué pasos hay que seguir para conseguirlo y cuál es su visión del universo whisky. Y claro está, no podían faltar algunas recomendaciones para que te adentres aún más en este destilado. 

Antes de nada, y para que el lector sepa de lo que estamos hablando, ¿qué es ser una brand ambassador?

Soy embajadora de marca y lo que hago es representarla en el país en el que está, en mi caso España con sus whiskies y con Roku. Soy la cara de la marca, hago formaciones a los equipos comerciales y a otros de la casa, así como a clientes. También organizo eventos. Debo conocer a fondo la marca y todos los productos del porfolio, la historia de la casa, los perfiles, las notas de cata, básicamente es estudiar a fondo la marca. Además debo hacer míos los conceptos que representan a House of Suntory, sus conceptos y sus valores. Constantemente estoy estudiando para comunicarlo bien a la gente. Quiero transmitir mi pasión por el whisky y todo el proceso de elaboración. 

Esa pasión ya la transmites. 

Mi sueño siempre fue trabajar en esto. Para mi hablar de whisky es mi pasión, es lo que me gusta. Me interesa mucho conocer todas las novedades. Me encanta transmitir a la gente qué producto está tomando y que conozca la marca. Estoy muy contenta de trabajar con una marca que siempre he admirado. 

¿Cómo se te presentó la oportunidad de trabajar para Beam Suntory?

Fue por una búsqueda en una página de empleo. Desde que llegué a España me puse a buscar trabajo en este sector. Un año antes me postulé para otra empresa y llegué hasta el final pero seleccionaron de manera interna a alguien que ya estaba en la empresa. Quedó mi contacto y un tiempo después me llamó la persona que me hizo la entrevista para ofrecerme un puesto en Beam Suntory y tras pasar algunas entrevistas lo conseguí. 

Valeria Casal posando con una botella de Hibiki Harmony

¿Dónde naciste y cómo acabaste en España? 

Soy del norte de la ciudad de Buenos Aires y estoy en Madrid desde octubre de 2020, acabo de cumplir tres años acá. Me vine durante la pandemia. Fue muy raro y especial y no pude conocer la ciudad hasta dos años después cuando se abrió todo tras el estado de alarma. Todo era un caos para salir de Argentina en esos tiempos pero cuando uno tiene claro que quiere tener la experiencia de vivir aquí, pues va hasta el final. Los argentinos estamos acostumbrados a comenzar de cero por la situación económica del país. 

Cómo te picó el gusanillo del whisky?

Pues empezó en la Patagonia, en un pueblo en el que un amigo de mi padre fundó la primera destilería de whisky de malta de Argentina. Yo empecé a veranear mucho en el sur de Argentina y me enamoré. La Patagonia argentina es mi lugar en el mundo. Una sobremesa estábamos con este amigo y nos dijo que iban a hacer la primera destilación, una prueba piloto, y lo presencié. Ese fue un momento único y me picó el bichito. Oír cómo hablaban del whisky y de todo su proceso de elaboración hasta poder llenar una botella, y me pareció tan apasionante todo el trabajo que había detrás, el amor y la dedicación desde que la cebada está en el campo hasta el final del proceso que me pareció muy interesante. Y eso que yo en el colegio nunca fui una apasionada de la química por cómo la explicaban. Pero soy curiosa y me pareció fascinante tanto detalle y tanto trabajo para crear un producto. El lado químico me pareció increíble; que de una reacción se obtuvieran tantos y tan diferentes sabores. Así empecé a preguntar y a estudiar y a meterme en este mundo. Cuando lanzaron la primera partida de whiskies me llamaron para que participara en un evento que hicieron. Estaba aún en el último año del colegio, tenía 18 años recién cumplidos, y cada vez que podía iba a la Patagonia para seguir aprendiendo en la destilería. Cuando acabé el instituto empecé a trabajar como embajadora de la marca en Buenos Aires. Hacía ventas y catas. En verano atendía a los visitantes y en invierno, si podía, participaba del proceso. Dónde mejor para aprender que en una destilería. 

¿Y ahora dime encima que el whisky estaba bueno? 

Increíble, estaba increíble (Risas). No se encuentra en España pero tengo en mi casa unas botellas reservadas. Un día, si acaso, te invito (Risas)

¿Cuál es tu formación, qué estudios has realizado para llegar hasta aquí?

Estudié Periodismo en Buenos Aires y me encargaba de conseguir notas de prensa y llevar las redes sociales de la destilería de la Patagonia. Era algo tan pequeño al principio que hacía de todo allí y lo compaginaba con otros trabajos. Eso duró unos años. Después tuve la oportunidad de viajar hasta Islay y trabajé una semana en la destilería Bruichladdich, e hice cursos un tiempo por Escocia y después estudié Marketing Digital en Buenos Aires. Dejé la destilería por un tiempo y me pasé a la industria de la música en una empresa estadounidense. Cuando llegué a Madrid, mientras se formalizaban mis papeles hice un curso de destilación y cerveza en el IBD de Londres. 

La entrevistada preparando una cata de Hakushu

Llama la atención tu juventud y que ya estés bien posicionada en este negocio. ¿Qué esperas del futuro?

Siempre fui muy inquieta y eso es bastante común en Argentina, donde hay que buscarse la vida. A mi lo que más me gusta es el universo del whisky, pero cuando entras en él empiezan a interesarte otros destilados y bebidas, cada una es un mundo. Mi proyección es seguir avanzando en esta industria y haciendo contactos para saber cómo funciona en España y Europa. Quiero seguir creciendo con House of Suntory. En esta industria no hay límites. Tengo un par de proyectos para más adelante pero quiero disfrutar de lo que tengo ahora. 

Ya vimos que te formaste un tiempo en Islay, en la destilería Bruichladdich. ¿Una de las preguntas de la formación era saber pronunciar bien su nombre?

(Valeria se ríe y pronuncia correctamente el nombre gaélico).  

Ahora en serio, ¿cómo fue, que aprendiste de la mano del gran Jim McEwan, antiguo maestro destilador de la casa que ha regresado de la jubilación para producir los whiskies de la pequeña Ardnahoe.

Cuando fui a la destilería ya no trabajaba Jim porque estaba en el proyecto de Ardnahoe, su proyecto personal. Lo conocí porque vive al lado de la destilería y estaba empezando la construcción de la nueva. No mantengo contacto con él pero nada más llegar a Islay estaba tan ansiosa por el viaje que me duché y salí a dar una vuelta para ver el comienzo del turno de mañana. Me alojaba en una casa al lado de la destilería y de la casa de MacEwan y al salir me lo encontré saliendo a tirar la basura vestido con ropa de casa. Me saludó y yo a él, pero me quedé petrificada porque Jim era mi referente, me encantaba cómo hacía las catas, su innovación en la creación de whiskies. Fue como ver a un rock star. Me di media vuelta y conversé con él una hora. Es un tipo muy simpático. Un tiempo antes la destilería le había mandado una botella del malta argentino del que te hablé y me dijo que le había encantado y que se la había bebido una noche con unos amigos durante una partida de cartas. Le dije que durante mi aprendizaje en Escocia iba a asistir a dos catas suyas y al ser la única argentina, mujer y joven, me reconoció y al verme en la cata dijo uy mi amiga, y me dio un abrazo ante la mirada extrañada del resto de asistentes. Nos enseñó donde iba a levantar la nueva destilería y cómo iba a ser el proyecto de Ardnahoe. Es una persona muy especial en la industria y aún guardo con cariño una nota que me dedicó. 

Le digo que tengo muy buenas referencias de él y que estaría genial de actor en Snatch, Cerdos y Diamantes por ese rostro tan actoral que tiene. Nos reímos un rato. 

Valeria apunta que McEwan es de esas personas que enamora con las historias que cuenta. Le digo que tengo muchas ganas de probar el nuevo whisky de Jim y me pide que si consigo una botella quiere probarla y que le apunte en mi lista porque le encanta descubrir cosas nuevas. Me recuerda con emoción cómo fue su llegada a Islay e ir en coche y ver por la carretera las míticas destilerías que le hicieron llorar de emoción. Me comenta que hablando de esto se le vuelve a poner la piel de gallina. Cuenta que cuando está un poco estresada se pone a mirar un álbum de fotos de ese viaje para no olvidar por qué le gusta tanto el entorno del whisky. “Vivir eso fue mágico”. 

Casal sirviendo The Yamazaki

Vamos a conocer un poco tus gustos sobre whisky. ¿Qué tipo es el que te emociona?

No puedo elegir uno solamente porque para cada momento hay uno. Para cada día y para cada humor hay un whisky. Es lo mismo que con la música, no siempre apetece lo mismo. Me gusta con la comida porque es un gran acompañante de una buena comida o postre. Cuando empecé me gustaban mucho los añejados en barricas de jerez, me siguen encantando, pero hoy me gustan mucho los ahumados con gran equilibrio, frescura y apuntes cítricos. La compañía también cuenta mucho a la hora de elegir. En este momento me gusta experimentar y probar cosas nuevas como los japoneses con añejamiento en barrica Mizunara. Me apasiona Suntory. La primera vez que probé Hakushu fue una explosión mental (como la entiendo, empezamos a ser almas gemelas). Tiene un ahumado único. Me encantan los whiskies con gran complejidad, de vez en cuando me tomo un Lagavullin 16, y luego busco uno muy delicado como Hibiki, o los de Bruichladdich, uno que me encanta es Port Charlotte y también The Classic Laddie

¿Con comida es una experiencia maravillosa? Hace un tiempo publiqué un post sobre maridaje de destilados con comida y se veía raro. Ahora la gente lo prueba y se da cuenta de que es una experiencia maravillosa. 

Hay destilados y bebidas que hacen que la comida gane sabores y sea otra experiencia. Hay que tener esa apertura para probar cosas distintas con cada maridaje que uno haga. 

¿Catas cada día? 

Ahora estamos teniendo muchas formaciones y las jornadas son intensivas, con muchas catas. Yo me entreno para conocer bien mis productos pero equilibro porque si no tengo formaciones no tomo alcohol. No tomo todos los días pero como lo que bebo tiene una calidad increíble, no es lo mismo. Y cuando te acostumbras a esa calidad ya no bajas, no hay vuelta atrás. En casa me gusta cocinar y con mis invitados hago catas con los whiskies que no conocen, y al día siguiente me escriben para decirme que están genial, que no tienen nada de resaca y les respondo “bienvenidos al mundo de los buenos destilados” Risas. 

¿Cuándo es el mejor momento para beberlo?

Siempre es un buen momento para tomarse un buen whisky. Pero si tengo que elegir uno, por la tarde con un buen libro, o acompañando una buena comida.

Dime los whiskies que nadie debe perderse cuando comienza su andadura.

No quiero que parezca que sólo hablo de mi marca pero es imposible no nombrar primero a Hibiki por su gran complejidad, versatilidad y porque es perfecto para iniciarse por su sutileza. Lo mismo les pasa a los The Glenlivet por su relación calidad-precio y su facilidad de trago; son muy frutales y agradables. Una buena forma de entrar es a través de Toki y tomarlo en highball. Suntory fue un gran impulsor de esta costumbre japonesa. No hay cosa que me guste más que tomarme un Toki Highball con soda y una rodaja de pomelo. 

¿Y los que te asientan el gusto para seguir descubriendo este destilado? 

Para el que ya es tomador, el Bruichladdich Octomore es bastante especial. Se dijo en su momento que era el whisky más ahumado del mundo. Y añadiría Glenfarclas 105 y Lagavulin 16. 

¿Cuáles salvarías de tu mueble bar, en plan La decisión de Sophie?

¿Puedo elegir tres? jaja. Uno sería una miniatura de The Macallan Estate que me regalaron en un evento de un coleccionista en Valencia. Otro sería una botella de la destilería argentina que antes comenté, que es ahumado y añejado en barrica de bourbon y finalizado en barrica de chardonnay, algo único. Y el tercero, otra miniatura de Bruichladdich que tengo desde que estuve en la destilería. Siempre abro todos mis whiskies pero este es el único que está cerrado porque lo guardo para un momento muy especial. Fue de las primeras cosas que me traje a Madrid. Ah, me olvidaba, y un Hakushu 12 que me llevaría a todos lados. 

Valeria Casal sirviendo una copa de cata de Hakushu

Aparte del whisky, ¿hay otros destilados que te gusten? 

Pues la ginebra y el sake, de los que estoy probando muchas cosas, y el brandy y el coñac que son muy especiales. Y no es un destilado, pero me encanta el vino para acompañar las comidas, quiero aprender más de él. Relaciono una botella de tinto con una amiga para tener una linda charla. Una buena cerveza de tapeo con mis amigos me gusta también. Asocio las bebidas, sus aromas y sabores con gratas experiencias pasadas. 

Le digo que me parece una romántica y una infiel; romántica porque el juego sensorial de las bebidas le conducen a momentos felices del pasado, e infiel porque no se ciñe a una bebida o marca, sino que siempre intenta descubrir cosas nuevas. 

Quiero llevar a la gente a probar cosas nuevas y a que se introduzca en esta aventura de las bebidas que es muy rica e interesante. Hay momentos para todo. 

¿Qué tal la experiencia de brand ambassador de Chandon Garden Spritz?

Fue corta, sólo duró tres meses porque me llamaron de Suntory y lo dejé. El producto era muy bueno para ofrecerlo pero era difícil por la competencia que ofrecía Aperol. 

Este año estás siendo embajadora de la edición especial The House of Suntory que conmemora el primer siglo de la casa. Cuéntanos qué nos perdemos si no probamos estos whiskies que han obtenido gran éxito en Bodeboca

Los que se han lanzado para este especial aniversario son whiskies de los que estamos especialmente orgullosos en la casa y hacen únicos a Suntory y a cada destilería. Hemos cumplido cien años siendo pioneros del whisky japonés sin dejar de ser una empresa familiar. Se mantiene la idea del fundador de unir tradición e innovación y salvaguardar la calidad. Yamazaki 18 Mizunara es un homenaje al descubrimiento de este roble japonés y solo se añejó en estas barricas; Hakushu 18 celebra el ahumado único de la marca y ha sido envejecido en roble americano; e Hibiki 21 en esta ocasión busca destacar el mizunara. En el caso de Yamazaki 12, Hibiki Harmony y Hakushu 12 no cambia el líquido, sólo lo hace la etiqueta, que es original para esta edición. 

¿Cómo está siendo tu experiencia de dar a conocer por España las marcas de Suntory?

Estoy teniendo muy buen feedback con la gente porque cuando prueban nuestros whiskies quedan muy sorprendidos. Mi desafío es formarlos para que conozcan bien el producto y su historia. Los no tomadores de whiskies también los acogen muy bien. 

Nos conocimos en persona en el evento que organizamos en Bodeboca con motivo de los dos millones de socios, ¿qué te pareció el acto?  

El lugar elegido era increíble, la distribución de las mesas de vinos era muy dinámica para hacer el recorrido, pero es difícil ver en un mismo evento dos marcas de Beam Suntory expuestas a la vez para evitar que la gente las compare. Nos pisamos con The Macallan y a eso no estoy acostumbrada. Además, los visitantes pasaban por vinos y cuando acababan lo hacían por los whiskies y pocos estaban realmente interesados, o no querían beber más. Pero con los que lo estaban pude hacer catas más privadas y darles a conocer la marca que muchos no conocían. La idea del QR fue genial porque la gente a la que le gustaba le decía que a través del mismo podían comprar en Bodeboca. Hubiera sido bueno tener horarios para cada zona y así dar visibilidad a todas las marcas porque hubo mucho tiempo sin visitantes en la zona de Suntory. Los invitados y clientes se fueron felices, eso sí. 

Ya hemos terminado, Valeria. Es la hora perfecta para un buen cóctel. ¿Qué nos tomamos?

Ja, ja, ahora me tomaría un Roku fizz como el que servimos en el evento de los dos millones de socios de Bodeboca.

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Licenciado en Ciencias de la Información en su rama de Periodismo por la Universidad Complutense, de Madrid y formando parte del equipazo de Bodeboca desde la primavera de 2018. Aparte de encantarme los vinos y los destilados, soy un viajero apasionado al que le gustan mucho el humor, la radio, el fútbol, la historia, el arte, la buena música, la criminología y la literatura. En los últimos tiempos he descubierto la paz en las plantas y la generosidad en los perros: se rumorea que estoy madurando. Ah, y como solamente se vive una vez, mi filosofía vital se encuentra a medio camino entre el hedonismo y el epicureísmo.