Un balcón sobre el Cantábrico
En las laderas escarpadas de Getaria, Iturregi esculpe su historia en un paisaje de ensueño, donde los viñedos desafían la gravedad y miran directamente al mar Cantábrico.
El proyecto es el resultado de un arraigo familiar inquebrantable, donde las viñas reciben el azote del viento marino y el mimo de unas manos que entienden que el viñedo es el principio y el fin de todo. Hoy, las nuevas generaciones recogen el testigo con orgullo, siendo los guardianes de una tradición que transforma la brisa y el salitre en joyas líquidas.
El secreto de su fuerte identidad se esconde en una viticultura heroica y respetuosa, adaptada a la caprichosa climatología del norte. En estas singulares parcelas sobre suelos arcillosos y de pizarra, la reina indiscutible es la Hondarrabi zuri, acompañada en menor medida por la tinta Hondarrabi beltza. Al mantener una producción limitada y cuidar cada racimo de forma manual, logran capturar la esencia más pura de la fruta, con una acidez vibrante, una elegancia punzante y una mineralidad atlántica que los monocultivos industriales jamás logran alcanzar.
Esa honestidad y frescura se trasladan intactas a la bodega a través de métodos de elaboración minuciosos y artesanales. Se trabaja con prensados suaves y fermentaciones a temperatura controlada, respetando los tiempos de reposo sobre lías finas, el alma que otorga volumen y complejidad a estos blancos texturizados.
La intervención es mínima y precisa, permitiendo que cada botella sea un reflejo transparente del carácter atlántico, la añada y el suelo de Getaria. El resultado es una gama de txakolis serios, gastronómicos y descaradamente frescos, que rompen con los viejos mitos de la región para demostrar el enorme potencial de guarda y la finura de un viñedo que vive abrazado al mar.
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