Descripción

La del milenio fue una gran añada para Dom Pérignon, gracias a la cual se pudo elaborar su mítico champagne de añada. Ahora, 24 años después este espumoso vive una segunda juventud (o plenitud como lo denomina la bodega), de ahí procede el nombre de P2 (plenitud 2), que ha salido al mercado de nuevo muchos años después al considerar los enólogos de la maison que actualmente se encuentra en un nuevo momento perfecto de consumo

Dom Pérignon solo puede producirse a partir de la cosecha de un único año. Este compromiso con la añada es absoluto. Se necesitan al menos ocho años de elaboración para alcanzar el ideal estético de este vino. En la oscuridad de la bodega, dentro de las botellas, cada añada experimenta una lenta transformación en contacto con las levaduras, obteniendo la armonía que llevará la firma de Dom Pérignon. En cada añada, se reserva un número limitado de botellas destinadas a una maduración más larga. Durante este tiempo adicional, la actividad dentro de la botella sigue creciendo. Así, durante casi quince años, el champagne intensifica su energía hasta alcanzar un paroxismo de vitalidad. Más radiante, se despliega en todas las dimensiones para volverse más completo, largo, profundo e intenso. 

Ficha técnica

La bodega
Tipo
Champagne
Añada
2008
Grado
12.5% vol.
Variedad
55% Pinot noir, 45% Chardonnay
Origen
Champagne

Cata

Vista
Color oro brillante.
Nariz
La acidez se entrelaza con ligeros toques amargos y matices umami, creando una sensación armoniosa y consistente. Se despliegan aromas de limón confitado, bergamota, melocotón blanco, cacao y café tostado.
Boca
Su frescura es vibrante y a la vez sedosa, con un toque ligeramente yodado. Las sensaciones sápidas convergen y persisten, dejando un recuerdo duradero de su estructura equilibrada.
Temperatura de servicio
Entre 6 y 8 ºC.

Viñedo y elaboración

Clima
El 2008 fue un año dominado por cielos grises y cubiertos, una excepción en una década marcada por un sol intenso y generoso. Durante la primavera y el verano, la falta de luz solar y las temperaturas moderadas se hicieron notar, poniendo en duda la calidad de la cosecha. Sin embargo, septiembre llegó como un verdadero salvavidas: justo al inicio de la vendimia, el 15 de septiembre, el clima cambió milagrosamente, con cielos despejados y vientos prolongados del norte-noreste. La recolección se extendió durante varias semanas para aprovechar este inesperado giro del destino. Las uvas alcanzaron un nivel de madurez sorprendente y mostraron un equilibrio excepcional, mientras que las viñas se mantenían en un estado de salud impecable.